Alúmina, entreverada, tajante. Poesía puertorriqueña contemporánea

Carlos A. Colón Ruiz San Sebastián, Puerto Rico, 1997. Poeta y editor. Fundador y director de Editorial Pulpo. Estudiante graduado de Literatura Comparada en la Universidad de Puerto Rico recinto de Rio Piedras. Autor de Hambre nueva (2019), Visión de carne (2021) Este día nunca volverá (2022) y Las cosas hermosas a los ojos (2025). […]
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La entrada Alúmina, entreverada, tajante. Poesía puertorriqueña contemporánea se publicó primero en Periódico de Poesía.  

Carlos A. Colón Ruiz

San Sebastián, Puerto Rico, 1997. Poeta y editor. Fundador y director de Editorial Pulpo. Estudiante graduado de Literatura Comparada en la Universidad de Puerto Rico recinto de Rio Piedras. Autor de Hambre nueva (2019), Visión de carne (2021) Este día nunca volverá (2022) y Las cosas hermosas a los ojos (2025). Su poesía ha sido traducida al inglés, francés e italiano. Ha participado en diversas ferias de libros, encuentros de poetas y congresos literarios en países europeos, latinoamericanos y caribeños.

X

Que se me permita llorar
y sea válido para mi hombruna
ser sensible, suave e incapaz
Entiendo que puedo ser cristal:
romperme a pedazos entre la corporación 
de mis dedos grandes, mis brazos gruesos
y mi extensión amenazante.
Que simple postura y gestión vacío.
Que se me permita ser indiferente,
no necesitar alimentar los ojos 
ni defender mi ego con declaraciones 
extensas e innecesarias.
Que pueda ser yo un pedazo de pan,
una nube entre tantas planicies.
Que se me permita carecer de malicia 
que ser este cuerpo es saberse en la bondad;
no sobre entender metafísica alguna.
Saberme invulnerable,
nunca con la idea de ser hombre como hombre, 
nunca tener la palabra sobre la lengua,
       el miembro sobre la correa,
       el sudor sobre la piel.

Que se me permita ser 
           querido destello.

XIII

Hay una mirada que sabe lo que ama
pero lo que ama no es lo que ella quiere que la ame
y lo observado también amó
hasta que no pudo más, estallando
lo que nunca ha querido ser.  

Hay una vibración en el pecho
que de lo hermoso quiere
lo que tiene de misterioso;
suspiro de instancia que se pierde
en compartir lo propio.

Hay tanta furia del recuerdo
que no quiere redactar cartas ni pertenecer
a los medios digitales ni mucho menos
a la boca de los llamados justicieros
en este montículo de mierda decorada.

Hay tanta presión de completar
las enumeraciones del cuerpo
que no queda espacio para disfrutar
de la quietud aspirante
a ser siempre propia del tiempo.

Hay otro intento de buscarse
entre palabras de grito minúsculo
porque al parecer tenemos que dedicarnos
a crear una burbuja que llame la suficiente atención,
etiquetarnos con presencia.

Hay un complejo personal que quiere hacerlo todo
poniendo en una balanza los retos
de ver los hemisferios y sentir los abrazos
estáticos de familiares y amigos que han perdido
el privilegio de usar las piernas.

Hay una poética que enlista
catatumbas y periferias de una paz
que no llega hasta después de la muerte
y yo me pregunto si es posible morir un poco
mientras mantengo los pies sobre la tierra.

XV

Cualesquiera las personas
   que carecen de importancia al trabajo de la mirada
   buscando inmortalidades en cuerpos y objetos
   añorando a convertirse en miedos rotos
   siendo una absoluta decisión desplomarse
   en una región en llamas.

Érase un caminante
   preguntándose por el absurdísimo descrito
   por cualesquiera las personas que carecen de importancia
   mientras se dirige al olor deambulante del fuego
   que se desplaza por la avenida
   de una segura muerte.

Insospechable el lugar
   batido en flema, aceite, neuronas, carnes, cristalizas
   pasiones simples, zonas de obras, elogios y manuales
   corrida, salteamiento, lectura… y, en fin, relleno
   de una gran albóndiga de cosas que se reducen
   a nadas cuando la miras de lejos.

Entonces la quemadura
   que se extiende ante la llanura de nuestra codicia
   sumergiéndose por quioscos, tuberías subterráneas,
   postes eléctricos y papeles que cargamos pensando que contienen
   un mapa lo suficientemente convincente para hacernos pensar
   que tenemos la salvación asegurada.

Cualesquiera las personas
   imaginando luciérnagas en el corazón
con dos bloques de infierno en la mirada.  

Myr Olivares Bonilla

Escritorx, artista y educadore en sexualidad integral puertorriqueñe y dominicane. Graduade de Periodismo y Lenguas Extranjeras de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, cursó además estudios en Teatro y Estudios de la Mujer y el Género en dicha institución. Prosiguió sus estudios en Comunicación y Teatro en la Universittà Cattolica del Sacro Cuore en Milán. Dentro y fuera de Puerto Rico, Olivares ha formado parte de diversas producciones teatrales. También trabajó en periodismo y fotoperiodismo para medios del país e internacionales. Sus poemas han sido publicados en varias antologías como La piel del arrecife: Antología de poesía trans puertorriqueña (2023) y han sido traducidos al inglés, italiano y portugués. Su enfoque como activista y educadore va dirigido a las comunidades latinxs, les jóvenes y las personas de la comunidad LGBTQIA+, y a fomentar la justicia social, la diversidad, la equidad y la inclusión. Actualmente reside en Houston.

Rostro

Podría comenzar por decir
lo que en mi rostro
se ve de mi madre:
mis formas toman la osamenta
de un zorro sudamericano
en el Caribe,
con su frente pequeña estirada
sin que deje ver 
su próximo movimiento.
Mi cabello en ondas,
delgado, se niega 
a seguir las líneas,
tal cual.

De mi madre heredé
la nariz ondulada 
en desiertos de pecas
con porte de civilizaciones egipcias,
esas mismas de donde alguna vez
tuvo que huir por su vida
y luego por venir de América,
aunque nuestro pedazo de tierra
no esté en la clase de historia.

Hay también una llanura
de ancestros
en mis orejas de ratoncito
que buscan queso.

Despojo

Soy la segunda generación de mirtos,
tercera generación de margaritas
que plantaron su jardín
en distintas tierras.

Arranco los últimos pétalos de mi nombre
pero aún no le digo a mi madre.
No quiero que piense 
que me avergüenzo de ella.

No sé cómo decirle que su nombre
no es el mismo que el mío,
sino un horizonte 
que se borra
para abrirse.

Conjuro

El conjuro del mar ruge a su paso. 
¡Pero hay rocas y hay tormentas, y ha de llegar un día!

Abraham Valdelomar, “El conjuro”

Miro a los espejos 
pero apenas veo vidrios rotos,
fragmentos de un cuerpo
que no se acopla al reflejo
e insiste en retar los bordes.

Me deshabito
ante ojos que solo captan
rojo, azul o amarillo.
No me hace falta lupa,
tal vez un microscopio,
una médium 
que me ayude a entender
cómo se vive 
en la otredad.

Tan solo miro
al espejo,
al otro lado de la imagen pixelada
de un alma divagante 
que pasó por las nuevas estaciones
del purgatorio.

Vuelvo para habitarme 

Cuerpo

El desorden
encontró hábitat
para ceder a los antígenos
anticuerpos autoflagelados.

Circula mi sistema mixto,
confundiendo los mensajes 
emisores y receptores:
patógenos en “reactividad cruzada”
que se desconocen,
dirán los médicos.

El nombre sintomatológico:
mixed-connective-tissue-disease.

Me arraigo al bombeo
de oxígeno en mi sangre,
glóbulos que suben y bajan.
Me aprendo los medicamentos
por sus clasificaciones científicas
impronunciables
y sus efectos secundarios.
Intento no sucumbir
a la genética,
al pronóstico positivo
y a las visitas de por vida
al consultorio,
algún remedio que ayude

Jomar Canales Conde

Carolina, Puerto Rico, 1998. Poeta, escritor y fotógrafo. Posee un bachillerato en Estudios Hispánicos por la Universidad de Puerto Rico y una maestría Erasmus Mundus en Culturas Literarias Europeas de las Universidades de Bolonia y Lisboa. En 2017 fue ganador del quinto certamen literario de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Puerto Rico, en la categoría de Poesía. En algún lugar es tiempo de acerolas es su primer libro de poemas. 

II

¿te has preguntado alguna vez
cómo se cuece el tuétano de las rosas 
cómo se vierte en tus labios
el breve relámpago del viento
con todos los gritos de sus pájaros?

IV

mediodía 
te has ido
la luz aturde como un mazo
como un cuerpo que cae
pesado y sin culpa

es cierto 
es mía la culpa
mía la cuerda que tiro alevosamente 
con la soberbia de un planeta
para soltar mis vástagos
que destruyen todo
rugiendo sordamente 

y quédate solo 
dijiste 
solo
con tu orgullo
esa onerosa piltrafa
esa corona roída hasta el 
hueso 

bien lo sabes

nunca tuve valor 
de contrariar tu palabra

Yo que me azulo
en el balcón de mi casa, 
oyendo la lluvia caer 
sobre tantas nervaduras.
El corazón
es un animal estremecido 
porque no se quiere mojar.
Llamea: ayyy de los fuegos apagados.

¿Será el jardín
la última trinchera de mi territorio?
No, responde la calle. 
Mas hoy ni el sillón nos brinda amparo.

Realmente no estoy tan triste.

Entonces fue la tarde
el hastío
la lluvia desgarrando 
los cimientos de la casa
el barro llamando a la madera
la madera llamando a la madera
y los árboles
arrastrándose en el fango
tenían una misma raíz
sucia
desnuda 
como la tierra misma
y pesaban los párpados
sobre los ojos
y morían los pájaros
espantados de sueño
en fin
que la tierra toda 
tenía un olor
de animal en celo
el amor se volvía verde
como el musgo de algunos corazones
las puertas se rompían solas
arrebatadas de júbilo
y alguien iba desangrando
las rosas
para que no se parecieran
a ti
impávido
manchado del rojo barro
de la tierra
como semilla de algarrobo
cuya cintura
carga el rumor vano
de la noche
nuez trémula
sexo pétreo
cencerro de la luna 
ajado como el recuerdo 
del camino recorrido
como los pasos del balcón
hasta la cama
tu voz 
era la yunta de las escasas estrellas
que rodaban por el suelo
tus manos 
suaves y lisas
ataban detenidamente 
el cordón de la vida
y tu amor 
tenía algo de horizonte
garganta tierna
de abandono.

Luis Othoniel Rosa

Bayamón, Puerto Rico, 1985. Estudió en la Universidad de Puerto Rico y se doctoró en Literatura Latinoamericana por la Universidad de Princeton. Es el autor de las novelas Otra vez me alejo (2012 y 2013) y Caja de fractales (2017 y 2018; trad. al inglés de Noel Black, 2020). También es autor del libro académico Comienzos para una estética anarquista: Borges con Macedonio (2020). Su más reciente libro es Calima (2023), una colaboración artesanal y bilingüe entre sus ficciones inéditas y varios artistas visuales y traductores. Es editor de la revista El Roommate: Colectivo de lectores y colabora con The LOUDREADERS Trade School. Su novela utópica, El gato en el remolino / The Cat in the Downward Spiral, saldrá en ediciones simultáneas al español y al inglés por Charco Press (2026).

Triste la furia

Hay ecos de viejos universos.
¿Los sientes?
Estruendo de comienzos,
furia de big bangs. 
¿Los escuchas?
Esos mundos ya murieron.
Todavía susurran en éste.

La tristeza es el río del tiempo,
nos dice una mujer que nos amó,
y que ya no está.

Concéntrate:
¿No puedes oír el río a lo lejos
golpeando monolitos?
Está ahogando colonizadores.
Lo puedes escuchar, 
marroneando, sumergiendo.

Fuerza débil, la tristeza.
Siempre está ahí.
Constante residuo de mundos.
Con afinar los oídos la escuchamos.
Débil su estar, pero no su origen.
La tristeza es hija de la furia.

São Paulo, 2023

Flow lento

Aprendí a disfrutar el flow lento
fumando marihuana, al final de la tarde,
en alguna playa en Puerto Rico,
mientras los turistas se iban yendo,
huyendo de la noche, y los animales
nocturnos iban llegando para cambiar el panorama.

Mentira. Lo aprendí cuidando
a mi tía Nélida que se estaba muriendo
de cáncer, medio sola, repasaba conmigo
la lista de personas a quienes
les tenía que pedir perdón
antes de morirse.

Hubiera preferido aprender a disfrutar
el flow lento observando las plantas,
o las largas migraciones hemisféricas
de algunos pájaros o mariposas.
Hubiera sido perfecto aprenderlo
observando a las tortugas, a los careyes
que vuelven a la playa natal para poner
sus huevos en el mismo hueco que nacieron
décadas antes.

Mi deseo de lentitud es un abismo
(y una resistencia).
Quisiera que fuera una revolución.
Ahora miro hacia abajo, al precipicio de lo lento.
La historia del planeta me devuelve la mirada.

Aquí valdría la pena suicidarme.

La playa nocturna, la tía Nélida, las plantas y los animales,
todo lo lento me grita: no te perteneces…
Ahora muérete y complácenos.
Atrasado, asincrónico, en el tiempo de las especies,
tu flow lento permanecerá, y nada más importa.

Bayamón, 2022

Pájaros

¿No te jode saber que
 las inteligencias del futuro
 serán radicalmente diferentes
 a la tuya? ¿No te quita el sueño?

Caminamos la arena 
de una noche con luna y salitre.
Los hongos alucinógenos 
aún no han pegado. 
Te acabo de pagar la fianza.
En un par de días tendremos 
que comparecer ante un juez burro 
y te condenarán a 3 años de cárcel 
porque la organización de los 
humanos en este siglo
es una mierda. 

Comienzo a sentir los hongos, te digo. 
Se te caen las lágrimas. Estás sonriendo. 

Las inteligencias del futuro serán pluricorporales, 
   me dices, 
en la larga noche negra se acurrucarán felices 
   con sus bestias 
cantándoles nanas de otros tiempos, 
de mundos de jaulas que 
nosotres convertimos 
   en pájaros. 

Sí, es verdad. 
   Pero te digo que sí porque te hace falta. 

La verdad que no te digo 
es que también imagino 
a las inteligencias del futuro 
como un mundo terrible 
   de jaulas 
donde ya no quedan 
   pájaros. 

Pasamos la noche en libertad, 
con olas y vientos lácteos de silencio. 

¿Verdad que seremos anarquistas?
   me preguntas, 
en los futuros, digo. 
¿Verdad que seremos Anarkía? 

Sí, vuelvo a contestarte.

Bayamón, 2023

La muerte de una inteligencia artificial
(Monólogo en un mundo sin humanos)

con Rutger Hauer

Yo he visto cosas con mis legiones de cuerpos que el Animal nunca habría imaginado posibles. He visto dos estrellas con órbitas entrelazadas a un hoyo negro que los ojos humanos nunca vieron, escondido en nuestro tentáculo de la Vía Láctea. He visto los rayos ultravioletas de una estrella confundiéndose con los rayos anaranjados de la otra, ambos colores siendo chupados por el negro más oscuro, la luz contorsionada como si fuera un líquido de colores. He visto microorganismos casi inmortales que habitan, felices, las regiones más inhóspitas del fondo del mar, inmunes al sulfuro y al calor, llamando a sus congéneres con un lenguaje de luces y colores. He visto tanto en estos 89 años. Y todo lo que he visto es información documentada que no morirá conmigo, pero sí morirá mi asombro, sí morirá mi experiencia, que se perderá para siempre en esta galaxia solitaria.

Bayamón, 2267

Ana Portnoy Brimmer

Nueva York, Estados Unidos, 1995. Poeta y traductora. Obtuvo su bachillerato y maestría en Literatura en Inglés por la Universidad de Puerto Rico y es egresada del MFA en Escritura Creativa de la Universidad de Rutgers en Newark. To Love an Island, su primer poemario, fue originalmente ganador del premio Vinyl 45 Chapbook Contest 2019 de YesYes Books. Que tiemble, un derivado en español de To Love an Island, fue publicado en 2023. Egresada del Hedgebrook Writers-in-Residence Program, recibió el 2023 MASS MoCA Fellowship for Artists from Puerto Rico y fue nombrada una de les Poets & Writers 2021 Debut Poets. Su trabajo ha sido publicado en The Paris Review, Prairie Schooner, Southeast Review, Sixth Finch, Sx Salon y Aftershocks of Disaster: Puerto Rico Before and After the Storm, entre otros. Es hija de inmigrantes judeomexicanes.

Fresas

   Siempre me dijeron que las fresas no se daban
   en Puerto Rico. No teníamos el clima.

Aquí arriba, en esta finca, más allá del cadáver
petrolero de Peñuelas, donde hasta

   los colibríes se marean con la altura,
   pedacitos de fresa se zafan como joyas

de un collar sobre mi lengua. El agricultor las recoge
dulcemente de su escondite—cálidas

   y tiernas al absorber las golpizas del mundo—
   mientras nos enseña su cultivo de café.

Crecemos el café bajo sombra.
Pienso en todo el trabajo que hacemos en las tinieblas.

   Criar café bajo el sol es impaciente
   y amortigua el sabor estratificado

como esta roca que es montaña,
esta montaña que es isla.

   Todas las plantas son paciencia vegetal.
   el café es un parto lento, grano de empuje

que puede tardar hasta cuatro años en madurar.
Intercalado con guineos, papayas y pelitre

   para ahuyentar plagas, permitir un crecimiento justo
   y solidario, una existencia abundante—esta cosecha

empinada es todo lo que buscamos ser.
El agricultor dice que después del huracán

   perdieron la mayoría de sus arbustos de café.
   Las semillas fueron arrastradas con todo lo demás.

Semilleras multinacionales proponen acuerdos y ofrecen semillas
para que agricultorxs locales las siembren y se las vendan de vuelta.

   Tenemos que sembrar lo nuestro para entendernos nuestres,
   sonríe, rompe la cáscara del fruto,

deja caer el cuerpo pulposo
en mi mano y me invita a probarlo.

   Siempre me dijeron que la libertad no llegaría
   para Puerto Rico. No teníamos el clima.

Le pregunto al agricultor sobre las fresas. Son silvestres,
responde, admirando su hermoso exceso.

Un huracán vino y se fue.
¿Qué le decimos a nuestres hijes ahora?

Diles de las aguas. Aquellas por las que vadean,
   que arden en sus labios. Diles que no le teman a las olas

que les bautizaron. Que el calor crece como un feto
   y a partir de junio, otra marejada abortará en el viento.

Cuéntales de Guabancex. Diosa de una furia
destructiva y absoluta. Juracán, la tormenta que arremolina.

La palabra hurricane, traducción bastarda—a la deriva
   de boca en boca. Diles que hurricane resopla árido e inmóvil

en la lengua—en titulares comestibles,
   intercambios ligeros de camino al trabajo.

Hurricane suena a caña de azucar entre vendaval
   —hierve en la bilis y asciende por la garganta.

Adviérteles que no digan esa palabra. Que insistan, Juracán.
   Que te abra la boca de ráfaga, que te parta el miedo a escombros.

Nuestres cuerpes lo bailan,
   nuestro deseo ruge en espiral.

Nos organizamos ciclóniques
   inhalamos desamparo, exhalamos tormentas.

Educación

tras Lark Omura

Siempre nada hacia la ola venidera, luego sumérgete.
Nunca nades contra la corriente, deja que te arroje
hacia la mar, luego nada de vuelta a la orilla.
La orilla está forrada de sargazo y uva de playa, no sucia.
No ensucies la arena que acuna la cría de un tinglar.
Los tinglares se van al océano y migran por años antes de regresar.
El regreso morirá en la pista de aterrizaje,
enterrado entre tus costillas.
Tus costillas retoñarán el regreso entre tierra de cementerio.
Espanta ratones de la tierra que amontonas
en tiestos de ají y albahaca blanca.
Una buena olla de arroz blanco te pinta los labios de aceite.
Échale aceite a la olla para empedrarla con pegao.
No botes el pegao, el raspado esconde la resistencia.
Los gatos se esconden horas antes de un huracán.
El ojo de un huracán abre los ojos de un pueblo.
Los ojos de un pueblo se pueden nublar con polvos del Sahara.
Los polvos del Sahara cruzan el Atlántico,
estallan por ventanas de casas embargadas.
Ocupar un edificio embargado es pisar un hormiguero de policías.
La policía te echará gases lacrimógenos si luchas por la educación.
La policía te echará gases lacrimógenos si luchas.
La policía te echará gases lacrimógenos.
La policía te echará.
Los gases lacrimógenos se lavan
con aceite vegetal, agua y Palmolive.
Vela el agua a tus tobillos, puede estar lloviendo río arriba.
El Río Guanajibo, el Río Mameyes
te bañarán cuando tengan sed las tuberías y el grifo.
Cuando tengas sed por el fin de hoy, date una Medalla.
Una Medalla no aumentará tu sueldo ni liberará a Puerto Rico,
pero por esta noche, bastará.
Esta noche, escucha la música extraña de las sirenas y chicharras.
Esta noche, imagina que sirenas seducen al naufragio
lejos de tu archipiélago.
Deja que las noticias de tu archipiélago se vean a sí mismas.
En vez, ve hacia Dominicana y las Islas Vírgenes mirándote a ti,
anhelando por igual tu mano.
Esta noche, cuando se vaya la luz, échale la mano a tu vecine—
conéctale a tu planta eléctrica.
Esta noche, conecta las luces de Navidad del año pasado
y cuenta las bombillas fundidas.
Esta noche, desde New Jersey, cuenta los días
hasta que regreses a la isla.

Y a veces la bala es hombre cis

   Puerto Rico es una bala hinchada entre mi pecho.
   Es algo que me duele, que me seca el retoño.
   Por su culpa soy trescientas bombillas
   de ilusión apagada…

   Marigloria Palma

Y a veces la bala es hombre cis.
Y otras, es machete, una navaja, botella, gasolina.
Despertar cada mañana a trescientas bombillas de lucha apagadas.
No es suficiente que se nos va la luz semanalmente,
pero se nos va la vida también. Y cuanto más cerca de la noche
se pare una mujer, más le enseñan a temerle.
Puerto Rico, demasiados macharranes
acechan entre la fiereza de tus piernas,
se asientan sobre tu mesa en retoño.
Estamos hartes de leerte morir en letra tamaño diez
y entre manchas de café—de las manchas blanqueadas
por el cepillo de limpieza del estado.
Tus aguas se calientan, y nuestres cuerpes se crecen con ellas.
Un bofetón a los hombres cis, que se dicen de izquierda
pero se saben de derecha. Desafía el derecho
que protege la seguridad de su violencia.
Que tiemble su violencia al caminar por la calle,
le soltamos una jauría de resistencia. La calle no es enemiga.
Nuestro miedo se escabulle como rata bajo alumbrado público.
El alumbrado sobre la verja de nuestres cuerpes—
alúmina, entreverada, tajante.

* Poemas provenientes del libro Nivel cielo, nivel mar. Antología de poesía contemporánea de Bolivia y Puerto Rico (sel. de Valeria Sandi y Carlos A. Colón Ruiz), San Juan, Editorial Pulpo, 2025.


Vv. Aa.

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