Afuera, las ramas de la noche incierta/ arrullan sus frutos en brutal mansedumbre./ Son mis pasos los que se agolpan/ en la frialdad del solado,/ industria de mis ojos/ que atisban la luz del resquicio.
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Nocturnal
Afuera, las ramas de la noche incierta
arrullan sus frutos en brutal mansedumbre.
Son mis pasos los que se agolpan
en la frialdad del solado,
industria de mis ojos
que atisban la luz del resquicio.
¿Abro la puerta?
¿Termino de cerrarla?
Es incierta la noche de la estrella
pero aguarda vibrante la garganta del pájaro
que anuncia el mañana, que duerme.
Y aunque la historia reclame,
los amonites vegetarán en paz bajo la arena.
Es incierta, pero vendrá,
en la encrucijada de los árboles
crecerán indómitos los lirios.
Plegaria
En 1989, en Bahía, Brasil,
la escoba de bruja1 devastó
miles de cultivos de cacao.
Cientos de familias en la calle
murieron de hambre;
cientos de niños obreros
sin acceso a educación,
de padres agricultores
que se quitaron la vida.
Así yo, empecinadamente,
busco un árbol para mi horca,
sin rumbo, trastabillando
en el camino escabroso.
Un árbol fornido para mi horca
y obtuve en cambio infinitos yermos.
Una espina que clavarme
como ciertas aves
empalando a sus presas
y blandas púas me fueron dadas.
Una fosa, un río sagrado
para sumergirme
y no hallé más que someras aguas.
Morir de sed,
pero las frías madrugadas
llenaron mi boca de rocío.
Ser un péndulo en el árbol,
un badajo en la torre
y no la fronda ni el yugo.
O podría adoptar
conductas autodestructivas
como esos ratoncillos australianos
que mueren de tanta cópula,
o como las arañas de terciopelo
que se dejan comer por sus crías.
Una mirada perdida, un recuerdo,
en medio del dolor el último goce.
La voz de mi madre
desde el pretil de la casa, exclamando:
¡Mira!, justo allí, en el promontorio,
un auténtico ejemplar
de ganado cebú.
“Un auténtico ejemplar
de ganado cebú”
⸺me repetí a mí mismo⸺,
pastando alhelíes en el prado.
El sol radiante y el viento frío
acariciando mi rostro
aquella tarde de verano.
Fulgor
Estoy en paz.
Tras la bruma,
los lirios del arroyo
siguen siendo púrpuras.
Es lozana la hierba
a pesar de la noche.
Cadencia
Ni la más férrea espada
podría penetrar el dorso de los olivos.
Ninguna fuerza sobrehumana.
Sólo el cadente pico del chupasavias
lograría tal consigna en su próspera labor.
* Poemas pertenecientes a Concordia, XIX Premio Mesoamericano de Poesía Luis Cardoza y Aragón.

1Moniliophthora perniciosa.
Jesús Hernández J.
Tabasco, 1994. Agricultor y poeta. Su libro Cartas al jardín (2024) recibió el Premio Universitario de Poesía Teresa Vera. Por su obra Concordia, recibió el XIX Premio Mesoamericano de Poesía Luis Cardoza y Aragón en 2025. Se formó principalmente en talleres de creación literaria impartidos en la ciudad de Villahermosa, Tabasco. Sus textos han sido publicados en suplementos culturales y medios digitales como la revista Ceniza, Irradiación, La Gualdra y Carruaje de Pájaros.
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