Han pasado más de 40 años desde que mi tío Sergio Larrain (Queco para la familia) me entregó esta carta después de que le comentara que estaba comenzando a tomar fotografías. Yo era entonces un estudiante de Publicidad con poca motivación por aquella carrera y la fotografía en blanco y negro me producía una profunda emoción. Conocía bien el trabajo de Queco por un álbum con fotos del matrimonio de mis padres y por unos libritos con ampliaciones que regalaba cada Navidad a mis abuelos.
Han pasado más de 40 años desde que mi tío Sergio Larrain (Queco para la familia) me entregó esta carta después de que le comentara que estaba comenzando a tomar fotografías. Yo era entonces un estudiante de Publicidad con poca motivación por aquella carrera y la fotografía en blanco y negro me producía una profunda emoción. Conocía bien el trabajo de Queco por un álbum con fotos del matrimonio de mis padres y por unos libritos con ampliaciones que regalaba cada Navidad a mis abuelos. Seguir leyendo
Una exposición le rinde homenaje en Barcelona. Y su sobrino recupera para ‘El País Semanal’ una carta que le escribió el fotógrafo y que es un manifiesto de su visión artística

Sebastián Donoso Larrain
Han pasado más de 40 años desde que mi tío Sergio Larrain (Queco para la familia) me entregó esta carta después de que le comentara que estaba comenzando a tomar fotografías. Yo era entonces un estudiante de Publicidad con poca motivación por aquella carrera y la fotografía en blanco y negro me producía una profunda emoción. Conocía bien el trabajo de Queco por un álbum con fotos del matrimonio de mis padres y por unos libritos con ampliaciones que regalaba cada Navidad a mis abuelos.
Esta es la primera de varias cartas que me envió en el transcurso de dos o tres años, pero sin duda la más importante para mí. Junto con la introducción de su primer libro, El rectángulo en la mano, conforma un manifiesto de su visión de la fotografía. Habla de esa forma íntima con la que trabajaba cuando solo lo hacía por placer, buscando momentos de comunión, su particular satori.

Menciona lugares como Valparaíso, Chiloé o el río Baker, que había recorrido creando imágenes maravillosas y únicas. No habla mucho de técnica, solo dice que hay que tener un buen equipo, que se transforme en una extensión de uno mismo y que no distraiga del objetivo final: la creación. Recibir esta carta fue una gran inspiración para mí y, después, para muchas otras personas.
















Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Añadir usuarioContinuar leyendo aquí
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
Flecha
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.
Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos
Más información
Archivado En
EL PAÍS

















