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Ago
Septiembre, un mes fantástico
A mí, una vez, me echaron de yoga. Bueno, en realidad fue un poco como en el colegio; que no te echaban, pero te invitaban a irte. Me había apuntado en una etapa en la que cada día, al levantarme, la ansiedad se me agarraba al pecho y no se soltaba hasta la hora de dormir. Convencido por varias amistades que lo habían probado —que si el control de la respiración, que si el ejercicio físico, que si la meditación— decidí probar. Me acerqué desde esa extraña condescendencia que aplicamos los que hemos hecho ejercicio desde pequeños a todos los…











