Tras el rastro de un colérico melancólico

Releyendo estas deliciosas confesiones vitales del gran Gregor von Rezzori (1914-1998) —que De Conatus publica ahora en la ya habitual estupenda traducción de José Aníbal Campos— uno se atreve a afirmar desde el futuro, aunque su autor no fuera consciente de ello, que 1961 resultó a la postre un año crucial en su vida. Mientras se mataba escribiendo banalidades para las revistas Quick y Stern, publicaba libros de entretenimiento como Manual para caballeros (con sus propias ilustraciones) y seguía colaborando con la Norddeutsche Rundfunk con el fin de poder mantener a sus tres hijos —llama la atención su mala conciencia por ser un padre ausente, “yo era un padre de familia en abstracto”—, ese mismo año rodó, a las órdenes de Louis Malle, Vie privée con Brigitte Bardot y Marcello Mastroianni. La misma película nos da en cierta manera una primera pista sobre la encrucijada en la que se encontraba: hacia el final de la misma, Grischa/Rezzori habla con Fabio/Mastroianni sobre Heinrich von Kleist, concretamente sobre su drama Catalina de Heilbronn, obra que se va a representar en Spoleto. La sentencia de Grischa es demoledora, pues imperturbable confiesa que no le gusta esa obra de Kleist, ya que la encuentra “demasiado alemana”.

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 Releyendo estas deliciosas confesiones vitales del gran Gregor von Rezzori (1914-1998) —que De Conatus publica ahora en la ya habitual estupenda traducción de José Aníbal Campos— uno se atreve a afirmar desde el futuro, aunque su autor no fuera consciente de ello, que 1961 resultó a la postre un año crucial en su vida. Mientras se mataba escribiendo banalidades para las revistas Quick y Stern, publicaba libros de entretenimiento como Manual para caballeros (con sus propias ilustraciones) y seguía colaborando con la Norddeutsche Rundfunk con el fin de poder mantener a sus tres hijos —llama la atención su mala conciencia por ser un padre ausente, “yo era un padre de familia en abstracto”—, ese mismo año rodó, a las órdenes de Louis Malle, Vie privée con Brigitte Bardot y Marcello Mastroianni. La misma película nos da en cierta manera una primera pista sobre la encrucijada en la que se encontraba: hacia el final de la misma, Grischa/Rezzori habla con Fabio/Mastroianni sobre Heinrich von Kleist, concretamente sobre su drama Catalina de Heilbronn, obra que se va a representar en Spoleto. La sentencia de Grischa es demoledora, pues imperturbable confiesa que no le gusta esa obra de Kleist, ya que la encuentra “demasiado alemana”. Seguir leyendo  

Releyendo estas deliciosas confesiones vitales del gran Gregor von Rezzori (1914-1998) —que De Conatus publica ahora en la ya habitual estupenda traducción de José Aníbal Campos— uno se atreve a afirmar desde el futuro, aunque su autor no fuera consciente de ello, que 1961 resultó a la postre un año crucial en su vida. Mientras se mataba escribiendo banalidades para las revistas Quick y Stern, publicaba libros de entretenimiento como Manual para caballeros (con sus propias ilustraciones) y seguía colaborando con la Norddeutsche Rundfunk con el fin de poder mantener a sus tres hijos —llama la atención su mala conciencia por ser un padre ausente, “yo era un padre de familia en abstracto”—, ese mismo año rodó, a las órdenes de Louis Malle, Vie privée con Brigitte Bardot y Marcello Mastroianni. La misma película nos da en cierta manera una primera pista sobre la encrucijada en la que se encontraba: hacia el final de la misma, Grischa/Rezzori habla con Fabio/Mastroianni sobre Heinrich von Kleist, concretamente sobre su drama Catalina de Heilbronn, obra que se va a representar en Spoleto. La sentencia de Grischa es demoledora, pues imperturbable confiesa que no le gusta esa obra de Kleist, ya que la encuentra “demasiado alemana”.

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