Con el ardor de los que regurgitan el paraíso

Sepan que los niños afuera me llaman “Agua mala”. Yo he visto el futuro de su descendencia fluir en su hueso más largo hasta alcançarme. Sepan que en el ombligo del reino ella es agua mala.
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Carta de Pedro de Quintero al alcalde del Socorro, Don Francisco Rodas, donde informa la erupción de lepra que vive dentro del hospital (1794)1

En el nombre de Diosnuestro Señor y de la Virgen santísima señora nuestra consebida sin mancha ni deuda de pecado original en el primer ynstante de su ser = Sepan quantos esta carta vieren como yo Pedro de Quintero vecino de la villa del Socorro que me descrivo con toda la monstruosidad de la que estoy hecho.

Sépalos y manchas drásticas me separan de mi especie, pititas violetas se alçan, se entroniçan, transforman la materia que yo era, en un bulto perlado en la mejilla, donde nada es más devoçional que mi sangre extendiéndose como el mapa de un ymperio. Mi rostro es un volcán que se desbarata. El hospital es un volcán que se desbarata. La fe es un volcán que se desbarata: arrastrándonos bocabajo.

¿Qué será de Pedro sin Pedro? Sepan que el diablo me escupió el mal de San Láçaro y que aquí hasta diosnuestro señor se muere. Sepan que los artesanos se fijan en la costa sur de mi rostro y quieren extraer de mis pústulas un color sagrado. Sepan que no sé nada de Miguel de Roa. Hace veinte noches a dicho hombre le aplicaron aceites y grasas de animales fantásticos para sobarle las heridas. Señor alcalde, me dirijo a usted ¿Piensa que los forasteros son “Pura gente mal gobernada”, como dijo Miguel, mientras se chupaba un dedo creyendo que era la santa espina dorsal de Juan el Bautista. Sepa que otro enfermo tiene a la pança arrugada y la toca como si fuera un acordeón fecho con cuero de cabro. Y esa musiquita vestida de grasa, esa musiquita, no para de sonarme en la cabeça, Señor alcalde. Si quiere la toco para que se la aprenda, para que sepa: somos una manada de desterrados ennoviados con las alondras que cantan al otro lado del muro.

Sepan que los frayles no intervienen mi cuerpo, solo buscan salvarme el alma, que es menos costosa. Los zirujanos me quieren amputar la cabeça, y ponerme la del rey francés en su lugar. Sepan que quieren pelarme como una manzana y descamar las partes podridas. Desbroçar el cuerpo para matar la plaga. Fumigar, sepan a cuchillo los vichos que se alimentan de mí. Sepan que dicho Miguel Roa una vez le despegó la cabeça a un ratón de un mordisco, dijo que sabía a oro dulce, oro recién bateado, y tenía ya venteadas todas las tripas.

Sepan que los niños afuera me llaman “Agua mala”. Yo he visto el futuro de su descendencia fluir en su hueso más largo hasta alcançarme. Sepan que en el ombligo del reino ella es agua mala. Me refiero a la lepra, que es una flama tremenda. La lepra arrojada cómo agua bendita a mis rodiyas manchadas de pecado. Sepan que el vocabulario rojo de mi cara quiere despertarme y el hospital se disuelve como si estuviera hecho de arroz blanco, blanquísimo. Porque lo hermoso fluye sin espacio. Sepan que me beso las llagas como si estuviesen vordadas en oro. Ya no sé si la lepra es una nebulosa enamorada de la grasa humana, o si emite vulbos en mí porque quiere contarme su nacimiento en el hocico de un dios ladino. ¿Y si la lepra entierra mi calle?, ¿Y si los bubos fueran las almendras más dulces de la monarquía? ¿Llegaría alguien a provarme?

Sepan, señores del cabildo, que antes de morir, endulçaría mis caderas en troços de manzana. Cuéntenme entre los leprosos que irradian pobreça, porque si lo que construimos tiende a encerrarnos, declárenme preso a este infame material granítico en mi pecho que llora y se raja, lamiéndome la vida justo detrás de mi suavidad, sepan, que defiendo todo lo susodicho so pena dexcomunión con el ardor de los que regurgitan el paraíso, sépanlo, antes de bañarse en él.

Extracto de la causa seguida a Pedro de Quintero y Juana de Herrera por derramar fuego sobre el hospital de la villa del socorro sin previa autorización de diosnuestroseñor

En la villa del Socorro, a los 26 dyas del marzo de mil setesientos y noventa y cuatro yo Don Francisco Rodas, Alcalde mayor por Su Magestad de esta jurisdiccion en la que actuo como juez receptor digo, que por cuanto que ahora comparecio Juana de Herrera, avecindada aquí y de oficio lavandera diciendo que ayer a eso de las 9 se le arrojaron al hospital de esta dicha villa baldados de candela
dixo que como es notorio y su merced está informado por diferentes bías y personas en que ha sido Pedro de Quintero leproso de la casa piadosa que ahora es una bola de fuego
dixo que esa bola imitaba a la zarza que leyó en las sagradas escrituras porque
dixo que no se consumía que radiaba tanto que hería la oscuridad
dixo que sentía que había un ángel metido ahí que la miraba
dixo porque esa casa no se quema
dixo esa casa no se quema y que en medio de la bola de fuego oyó su nombre ¡Juana. Juana! y
dixo que ella respondía Heme aquí y que la obligo a quitarse su calzado porque la tierra santa debía arderle en los pies
dixo sus manos pesadas no eran dignas de reino alguno
dixo también hablando a las velas “En tantos & yo Juana, la gansa” porque así le decía Pedro de Quintero y Miguel de Roa que le salió una cornamenta bestial de la oreja diestra hasta el día de su muerte
dixo que sus manos sobaron la ropa de Pedro de Quintero en la mejor lejía para que así soltara la grasa infecta
dixo que era pecado mezclar las sábanas de los enfermos y no ventilar las flamas el cuarto brilloso
dixo que a veces el dicho Pedro de Quintero alimentaba con su lepra a los ratones y llamaba a cada uno con el nombre de un apóstol
dixo que el más blanco de todos le comió la oreja
dixo concédeme una piel que pueda reproducir en mis hijos
dixo que su oficio era pelar barrer incinerar las escamas que botaba dicho Pedro de Quintero por el agujero de su mejilla
dixo que el agujero grande quele atrauiesaba la cara al susodicho parezia que cabría por el un hombre de mediana edad
dixo que cuando a Miguel de Roa le salieron frutos rojos en los brazos vio a los pobres enfermos queriendo probar el jugo reluciente
dixo que se preguntó si la santidad era contagiosa y hasta ella quiso probar
dixo que la devoción es más fuerte que el hambre
dixo que la enfermedad creó un alfabeto de bulbos en la cara de esos hombres
dixo que las babosas engendraron una descendencia sobre la abertura que era Miguel de Roa
dixo no se escribir la palabra lepra pero se reconocer a un adorador del fuego
dixo que a Pedro de Quintero se le disparó la mecha y sus llagas titilaron
dixo que era una hermosa bestia con el cielo estrellado como armadura
dixo la pureza reside en la ausencia de forma
dixo las enfermedades de ambos hombres dormían en el mismo lecho
dixo ese fue el primer incendio
dixo qué calamidad
dixo Pedro de Quintero andaba en cuatro patas
dixo se pensaba cangrejo
dixo son esas alimañas que llaman escorpiones de mar y que a veces traen de Cartagena
dixo verán esa lepra pica igual dentro de una
dixo hace de la cabeza un volcán
dixo hace una semana lo mandaron a pedir limosna a Girón
dixo Pedro de Quintero dijo No, y le mordió la pierna a un enfermero
dixo si la realeza saliera de esa pierna como magma todo se arreglaría
dixo Miguel de Roa destrenzaría sus piernas del infierno por una gota de amor
dixo nadie experimentó el poder limpiador del fuego como Pedro de Quintero
dixo rompido hasta allarse muerto
dixo eternidades bárbaras le esperan y ya debe tener la cola pelada de tanto ardor mal pronunciado
dixo ardor más nefando no vi en este reyno
dixo el fuego me habla pero soy analfabeta
dixo y ahora qué haré con este desastre y no
dixo más y esa es mi declaración por respecto del incidente de la quema de la casa hospital del Socorro y en lo que lleva dicho Juana de Herrera que las generales de la ley la embistan y su boca a manera especial de sumisión a este juzgado y lo firmo &

Silencio que el alcalde va a hablar

Alcalde dice ante el escribano de cámara:

4000 mil leprosos cabrán en las zanjas de un volcán. 4000 derramados por todo el Reyno. Con la piel rugosa y sin vello, con sudoración extrema y con tubérculos en el rostro que algunos venden en la plaza de mercado, con la hondura acalorada, gelatinosa, azulada de tanto movimiento. Señordios los cerdos deshojan su piel, su mentón inacabable, y no sabes la manera en que pego con baba mis rodillas a la altura de los dedos soberanos de tu pie. Mira a este pueblo que se despluma que balbucea la tonada de los arrepentidos por ti, si no vienes querido Señor, estos desperdicios que hablan se reproducirán como langostas y propagarán su mal venéreo por todo el Reyno si no se corta de raíz y en orden alfabético:

Ardila; Archila; Aparicio; Bravo; Beltrán; Bayona; Carreño; Carranza; Castillo; Cortés; Crespo; Delgadillo; Díaz; Díaz; Dulcey; García; Landínez; León; León; León; León; León; Martínez; Moreño; Murillo; Ortiz; Olarte; Patiño; Pereira; ¿Pereira?; Pérez; Peña; Pico; Pico; Pico; Pinzón; Porras; Poveda; Quintero; Rodríguez; Rosas; Santos; Santos; Santos; Santos [tú y los que se quedan]; Sierra; Tapia; Toledo; Torres; Valderrama; Vargas; Vargas; Vásquez y Vieira

A falta de médico, Yo, alcalde de esta jurisdicción, suministré sangre de niños pequeños, A falta de río Jordan, los mandé a despegarse las ronchas en los bebederos de los caballos a ver si conforme a la palabra del varón de Dios, su carne se volvía limpia [texto quemado] igual que la mutua penetración entre un caballo y un asno produce la raza de las mulas, se ha afirmado que esta enfermedad altamente contagiosa es el resultado del beso entre dos hombres cuyas emanaciones transgreden el aire que respiramos. Yo digo que ese beso emplumado se reprodujo en el interior de Juana de Herrera. Yo dio que son los putos los que ardieron los que les embiste el pecado nefando los que se desovan por atrás y coavitan con animales. Son los putos los que aderezan las bestias con sus manos terminales: y diré nombres: Miguel de Roa y Pedro de Quintero y [ilegible] se sabía, que tenía quitados los calzones y se le registró el miembro que hallósele mojado, y a la bestia la parte del acto hallósele mojada, y en fin todo lo que se vio entre el quejido de las flamas que se vestían y digerían sus pieles socavadas teñidas gemelas entre tanta rama enamorada tanto tronco caldeado allí en la estrecha salida de la hembra la promiscuidad les hizo enjambre

Yo alcalde mayor en poder de su Blanca Magestad, digo que los maestros de cirugía de los cuales reciví juramento que hicieron por Dios nuestro Señor y la señal de la Santa Cruz, so cuio cargo ofrecieron decir verdad y dixeron, que ha sido inspeccionado y reconocido el cuerpo del difunto Pedro de Quintero, al que hallaron tener tantas abejas metidas en las heridas que engordaron tragándose la crema leprosa recuperada de su aguijón, abejas situadas en tales partes penetrantes las que rompieron cuero, gordura 0 membranas carnosas que son las continentes, hasta llegar a hacer solución en tal parte las cuales fueron dadas con tal instrumento que no abrió el mar dentro de él, y fueron capaces de quitarle la vida por haver sido naturalmente mortales. Que éste es su sentir a todo su leal saver y entender, y la ver por su juramento en que se afirmaron y ratificaron, y lo firmaron en tal parte en donde doy la presente en los 20 días de marzo de mil y setescientos y noventa y cuatro y conmigo y los de mi asistencia &.

[Nota al margen] Yo Alejandro Gastelbondo con el oficio de médico ante el santo tribunal del protomedicato digo tener la lepra escribiendo a toda velocidad dentro mío. En el costado de mi brazo marcas de fuego se extienden. Mañana alcanzarán mi boca. Me la afeitarán muellemente con un cortaplumas, y seré la rebanada de fruto dulce que los querubines morderán en el paraíso, y de la leche de mi ombligo nacerá la cura para aplanar los bultos de mis hermanos y sobre los renglones de este llamado verteré las secreciones ardientes las hilachas de mar envalentonado y el demonio en persona tendrá que venir a abrir mi rostro como una almeja y me amarán las gargantas de los puercos cuando la masa de la boca ya esté descontrolada y me leerán con devoción me leerán los finitos reyes sucesivos.

[anexo]

el documento habla: genera sentido: ocupa algo maleable: un borde celular: refrigerado: ahora encendido por un nombre: Pedro de Quintero: la caligrafía no regenera la piel desprendida: no vincula las fibras perdidas del rostro: en la negrura de las márgenes el documento se dice: por mi panza las agujas más refinadas han pasado: en mí: el lenguaje actúa como sanguijuela: en mí la carne se transforma en miel: dos siglos: la enfermedad demorada: no se pronuncia en la boca: sino en el fondo bibliográfico: que es una colmena: se descascara: como la lepra: en pétalos rojos: su dirección: embalsamada en aceite de bacalao: luego de cruzar el Atlántico: no se lee: el género no se lee: la edad permanece ilegible: la cara hierve: pero no se ve en la signatura: las habilidades de lectura de Colón: bajo el cielo oxidado de Sevilla: se discuten: humo rosa: los reyes analfabetas que nunca supieron: del olor a leña podrida: que eyaculaban los vasallos: así debe entrar el idioma: acabándose en las roturas nasales: toda esa negrura no la sabemos: detergentes abrasivos: me rompen las fibras: me empuercan: manchas rojizas de lepra anidan en mí: irreversibles: agrupaciones de micelios transportan mi embarazo de información: me he lavado el filamento del vientre: el espacio de las costillas: pura cavidad gelatinosa moviéndose: por nada: la Corona Española no podía localizar la villa del Socorro en un atlas: la razón: no habían minas de oro que dejarán verla: alguien revisa el índice de mortuorias: el documento se encoge: búsqueda de personas con lepra: Pedro de Quintero: el sello real en llamas: hoja de plátano: célula viva: yo

Antes de la lepra colorada, que avispa, que vence, que permuta al mamífero, estaba la lepra de hace 4000 años; la muestra ósea, no profética, no irradiada: la lepra del Levítico. Antes del desfile de leprosos vestidos con hilachas de piel, fue la lepra eclesiástica almibarada sobre el derecho romano, que embiste proclamando: soy el que soy. Antes de la lepra bruta, que remacha y muele, que chisporrotea un verano en la mejilla, estaba, según dicen, la lepra medieval: no oscurantista, no bidimensional del tiempo del milagro. Antes de la lepra del desplume, de la ninfa acalorada, de la virilidad blanda que nos acontece aquí, estaba la lepra de los vástagos, bastardos, amanerados doblegados por la lepra de los múltiples señoríos. Antes de la lepra encarnada en esa cremosa porción de rostro tuya, pedro de quintero, estaba, quizá, la lepra cardenal, lepra de los sodomitas cocidos a altas temperaturas. Y antes de la lepra que afecta a los cerdos, que imprime un cielo estrellado en su lomo rosa, había la lepra de la limpieza de sangre, la lepra entronada por el Papa, la lepra del pacto matrimonial: que es la lepra del incesto, de la penetración real entre hermanxs, que mezclan el tobillo de una yegua y el tobillo de una mujer para afirmar la lepra de los derechos sucesorios. Tan atrás de la lepra de pelos arrancados encima del dorso, lepra de los granitos pequeños, estaba la lepra que vino con Colón, la lepra arrastrando sus tentáculos desde la cabeza de Núñez de Balboa, que descendió de las flotas navales pintadas con lepra abrasadora, no muy lejos de la lepra de la infraestructura portuaria, de la sustancia animal para levantar muros. Mucho antes de la lepra que impurifica los metales, estaba la lepra del Perú, de catorce mil seiscientos dieciocho kilos de oro para alimentar el bricolaje del reino. Y dejando atrás de la lepra que abigarra el cutis, estaba la lepra de la ropa, la lepra de los higos, la lepra de los cucharones, la lepra de las patas de cordero. Antes de la lepra color aplomado oscuro, de piernas y pies muy hinchados y cubiertos por costras parecidas a la corteza del sauce, estaba la lepra de los aperreamientos, la lepra del mestizaje, la lepra de la mentalidad de la época, que hizo queso azul a 12 millones de indios. La Corona fue una epidemia de ruido y tengo medio oído embutido para decir que la peor enfermedad es la lepra de no saber escribir lepra, antes del traslado de la persona [blanca-ojiazul-hispánica] al otro lado de lo vivo.

* Poemas pertenecientes a un libro que saldrá después de que me realicen la autopsia en 2030 y que por ahora se llama
QWERTYUIOP
                                ASDFGHJKLÑ
                                  ZXCVBNM


1 Este poema fue ensamblado e imaginado a partir de un trabajo de investigación histórica que hice en la Universidad Nacional de Colombia (sede Medellín) y que llamé: “Gastos y cuentas en las moradas de la muerte. Salubridad y funcionamiento operativo del hospital de la villa del Socorro entre finales del siglo XVIII y principios del XIX”. En él, el estudio de las cuentas de ingresos del hospital de la villa del Socorro presentadas por el mayordomo Cristóbal Niño y Rosas durante catorce años de regencia, actas de cabildo y relaciones de visita, se pretendió revisar y cuestionar el posible impacto en los gastos operativos y la salubridad de los hospitales a finales del siglo XVIII y principios del XIX» en el Nuevo Reino de Granada. Archivo General de la Nación (AGN) Bogotá, Colombia. Sección Colonia, Fondo: Hospitales y Cementerios, t. 2, folios 865r–929v.


Alejo Morales

Bogotá, Colombia, 1993.​​ Poeta y traductor. Autor de​ ​​Abandonados en la puerta de la historia (Concurso Universitario Nacional de Poesía de la Universidad Externado de Colombia, 2020)​​, Labios que están por abrirse (2021), y Voces del Bajo Cauca (Premio Distrital de Poesía Ciudad de Bogotá, 2022). En 2025 recibió el Premio Nacional Casa de Poesía Silva. Temporada de moluscos (2025, en coautoría con Sara Fernández) es su último libro. Además, es traductor de poetas estadounidenses en @lengua_dos y miembro de @amorffada. Actualmente es codirector del Festival de Poesía Las Cosas son Iguales a las Cosas (Bogotá).

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