El fuerte de Nossa Senhora da Conceição, en la isla de Ormuz, está acostumbrado a los bloqueos. Sus cañones, ahora oxidados y esparcidos por la playa, ya estaban anticuados apenas 100 años después de la construcción de la fortaleza. Durante poco más de un siglo habían servido para cobrar derechos aduaneros a los comerciantes y llenar los cofres de los reyezuelos locales y de la Corona portuguesa. Hacia 1600, el sah Abás I había tenido bastante. El fuerte impedía a los persas safávidas comerciar libremente con el resto del mundo. Apoyadas por la flota de la Compañía Británica de las Indias Orientales, las tropas de Abás lo tomaron en 1622. Así terminó el control portugués del golfo Pérsico. Hoy, los cañones del Nossa Senhora da Conceição observan otra lucha por el control del estrecho, donde la cantidad de petroleros que circulan cada día se ha convertido en un termómetro de la tensión entre potencias mundiales.
El fuerte de Nossa Senhora da Conceição, en la isla de Ormuz, está acostumbrado a los bloqueos. Sus cañones, ahora oxidados y esparcidos por la playa, ya estaban anticuados apenas 100 años después de la construcción de la fortaleza. Durante poco más de un siglo habían servido para cobrar derechos aduaneros a los comerciantes y llenar los cofres de los reyezuelos locales y de la Corona portuguesa. Hacia 1600, el sah Abás I había tenido bastante. El fuerte impedía a los persas safávidas comerciar libremente con el resto del mundo. Apoyadas por la flota de la Compañía Británica de las Indias Orientales, las tropas de Abás lo tomaron en 1622. Así terminó el control portugués del golfo Pérsico. Hoy, los cañones del Nossa Senhora da Conceição observan otra lucha por el control del estrecho, donde la cantidad de petroleros que circulan cada día se ha convertido en un termómetro de la tensión entre potencias mundiales. Seguir leyendo
El fuerte de Nossa Senhora da Conceição, en la isla de Ormuz, está acostumbrado a los bloqueos. Sus cañones, ahora oxidados y esparcidos por la playa, ya estaban anticuados apenas 100 años después de la construcción de la fortaleza. Durante poco más de un siglo habían servido para cobrar derechos aduaneros a los comerciantes y llenar los cofres de los reyezuelos locales y de la Corona portuguesa. Hacia 1600, el sah Abás I había tenido bastante. El fuerte impedía a los persas safávidas comerciar libremente con el resto del mundo. Apoyadas por la flota de la Compañía Británica de las Indias Orientales, las tropas de Abás lo tomaron en 1622. Así terminó el control portugués del golfo Pérsico. Hoy, los cañones del Nossa Senhora da Conceição observan otra lucha por el control del estrecho, donde la cantidad de petroleros que circulan cada día se ha convertido en un termómetro de la tensión entre potencias mundiales.
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