La cantaora presenta por primera vez a su prole, también artistas, para celebrar los 30 años del fundamental disco ‘Antología. La mujer en el cante’
Carmen Linares llega a la cita con una ronquera importante. Se disculpa. Le decimos que por menos de eso Morrissey suspendería la entrevista y media gira. Se ríe. “No, yo esto no me lo podía perder”, dice con una voz áspera que en unos días, ya recuperada, brillará con hondura. La ocasión merece el esfuerzo de la cantaora: por primera vez, la andaluza posa y concede una entrevista con toda su artística familia. La propuesta vino de este periódico y ellos aceptaron sin pensarlo mucho. Este 2026 se celebran 30 años de un disco proverbial en la historia del flamenco, Antología. La mujer en el cante, donde la cantaora pone luz donde solo había tinieblas: recrea los cantes protagonizados por mujeres corajudas situadas en un segundo plano en un contexto patriarcal. La cantaora inicia una gira para conmemorar las tres décadas del álbum: el sábado 21 de marzo actúa en el circo Price de Madrid.
Y ahora llega el momento de las presentaciones. Miguel Espín (Ávila, 79 años), marido de Carmen, periodista y profundo conocedor del flamenco, autor de varias series sobre el género en RTVE y documentalista de la Antología. Y los tres hijos de la pareja, nacidos en Madrid: Miguel (47 años), manager de su madre; Edu (41), guitarrista flamenco que ha tocado con Los Planetas, Lagartija Nick o Elbicho; y Lucía (38), actriz y cantante, con su primer disco reciente, Un motivo para volver. Fluyen los vasos comunicantes entre la familia: Edu toca la guitarra en los conciertos de su madre; Carmen canta en el disco de su hija (una sensacional Los tiempos); Miguel padre asesora sobre palos y cantes, y Miguel hijo organiza giras y recitales de la familia.

Ninguno ha heredado los imponentes ojos claros de la matriarca, que se sienta presidiendo una mesa del tablao madrileño Corral de la Morería, donde transcurre el encuentro. “Mi abuela, la madre de mi padre, tenía unos ojos verdes centelleantes. Los heredé de ella”, explica la cantaora, que durante la charla se emocionará al escuchar a su marido y a sus hijos desplegar piropos sobre lo que representa como madre y como artista. Se los merece. Carmen Linares (Linares, Jaén, 75 años), cantaora de fuste, formada en los tablaos a la vera de Paco de Lucía, Fosforito, Paco Cepero, La Perla de Cádiz o Camarón. Premio Princesa de Asturias, Grammy Latino a la Excelencia Musical, Doctora Honoris Causa por la Universidad de Sevilla. “Pero, ante todo, una cantaora con unas grandes cualidades y una gran aficionada y estudiosa del flamenco. Ha dignificado el género”, rubrica Fermín Lobatón, crítico flamenco de El PAÍS.
La semilla de la familia Espín Pacheco (apellido real de la cantaora) se sembró en Ávila. “Mi padre era ferroviario y le destinaron allí. Llegamos cuando yo tenía 13 años”, explica Linares. La conexión se produjo entre su padre, gran aficionado y guitarrista, y Miguel Espín, otro loco del flamenco. “Yo soy de Ávila. Allí todos los aficionados nos conocíamos. Nos enteramos de que había llegado una familia de Linares con una niña [Carmen] que cantaba y que el padre tocaba la guitarra. Un día me presenté en su casa con mis vinilos, para intercambiarlos con Antonio, el padre de Carmen. Ahí empezó todo”, cuenta Espín.

Cuando Carmen cumplió 17 años trasladaron a su padre a Madrid y a la capital se mudó la familia, donde ha vivido desde entonces (Edu, el hijo mediano, reside ahora en Granada). Miguel perdió el contacto con Carmen hasta que él, ya periodista, comenzó a trabajar en la sede madrileña de RTVE en 1971. Se reencontraron, y hasta ahora. Carmen habla de la dificultad de criar a tres niños y a la vez atender a la agitada agenda del artista, con giras internacionales y los fines de semana de actuaciones: “Me acuerdo de que un día me dijo Lucía: ‘Mamá, por qué no eres peluquera y montamos una peluquería en casa’. Yo cogía los rulos a mi madre y ella lo veía y pensó: ‘Mejor peluquera en casa que cantaora fuera”, se ríe. Lucía toma la palabra: “Yo me daba cuenta de que mi madre no estaba en la normalidad de las madres de mis amigas. Siempre hemos estado muy unidos, pero sí que es verdad que algunas veces he sentido que mamá tardaba mucho en venir. Pero más mayor lo he pensado y decía: ‘Guau, mi madre ha sido una heroína. Una mujer que ha sacado a su familia adelante, se ha entregado en su trabajo y ha destacado en la música en una época donde era muy complicado para las mujeres cantaoras”.
Miguel, el mayor de los hermanos, ejerció de gurú musical para los dos pequeños. “En casa siempre existió mucha libertad. Mi padre ponía sus discos de flamenco, pero yo también escuchaba otras cosas: Queen, Michael Jackson, Guns N’ Roses, Nirvana, Pearl Jam, Radio Futura, Antonio Vega, Otis Redding…”, cuenta. Muy popular era la sopa en blanco de Carmen, mano de santo para las resacas de sus hijos cuando empezaron a salir. La cantaora se lanza a revelar la receta: “Pescado, arroz, cebolla… Todo bien cocido. Te pone el estómago nuevo”.

En 1996, cuando Carmen contaba 45 años, los chicos solo oían una palabra en la casa. “Antología por aquí, antología por allá”, cuenta Edu. Y añade: “Tenía 13 años e ignoraba qué era eso de la Antología. Entonces escuché Yo nacía en Argel, la última canción del disco, con Tomatito acompañando a mi madre. La ponía en bucle. Esa bulería me enganchó al flamenco y desde ahí empecé a tirar del hilo”.
Antología. La mujer en el cante estuvo en un cajón de una compañía de discos ocho años. El valiente y ambicioso proyecto asustó a los ejecutivos discográficos. Hasta que alguien le dio luz verde. La fundamental labor de investigación la realizó Miguel padre, que rescató hasta 27 cantes de mujeres: Tía Marina Habichuela, Niña de los Peines, La Repompa, La Trini, La Perla de Cádiz… Temas reinterpretados por la voz joven de Carmen Linares con un acompañamiento de guitarristas que quita el hipo: Tomatito, Vicente Amigo, Juan y Pepe Habichuela, Paco Cepero, Enrique de Melchor… Se grabó durante un año. “Los guitarristas llegaban con mucha ilusión, porque sabían que se estaba cociendo algo gordo. ‘Enséñame lo que ha grabado fulano’, me decían. Y yo: ‘Que no puedo hasta que se publique, que es secreto”, cuenta la cantaora.
Recuerdan un viaje a París, toda la familia, para presentar el disco en 1997 en el Teatro del Châtelet: “Diez días actuando ante unos 2.000 espectadores. Con las entradas agotados. En la primera parte actuaban al baile El Güito y Sara Baras, en la segunda mi madre con Moraíto. No nos perdimos ni una actuación. Y eso que éramos muy pequeños. Ahí nos dimos cuenta de que ese disco era un acontecimiento”, cuentan los hijos.
Antología vendió 70.000 unidades, una cantidad elevada teniendo en cuenta que se trata de un álbum doble. Entre sus muchos logros, funcionó como una escuela para los jóvenes, trazó el camino para que las siguientes generaciones de cantaoras no se sintieran a tientas. Había una luz a la que seguir. Rocío Márquez, Ángeles Toledano, María Terremoto e incluso Rosalía pueden hablar de ello. Cuando se le cuestiona a Edu lo que representa su madre, cuenta: “Un día le preguntaron a Enrique Morente sobre qué le parecía que el flamenco fuese Patrimonio de la Humanidad, y él dijo que mejor al revés, que la humanidad debería ser patrimonio del flamenco. Mi madre va por ahí: el flamenco siempre tiene que estar por encima de los artistas. Nunca un artista se debe considerar por encima del flamenco”. Miguel padre añade: “Carmen es muy valiente, muy artista y muy bella”. A la aludida se le escapa del alma un “olé”.
Feed MRSS-S Noticias

Carmen Linares llega a la cita con una ronquera importante. Se disculpa. Le decimos que por menos de eso Morrissey suspendería la entrevista y media gira. Se ríe. “No, yo esto no me lo podía perder”, dice con una voz áspera que en unos días, ya recuperada, brillará con hondura. La ocasión merece el esfuerzo de la cantaora: por primera vez, la andaluza posa y concede una entrevista con toda su artística familia. La propuesta vino de este periódico y ellos aceptaron sin pensarlo mucho. Este 2026 se celebran 30 años de un disco proverbial en la historia del flamenco, Antología. La mujer en el cante, donde la cantaora pone luz donde solo había tinieblas: recrea los cantes protagonizados por mujeres corajudas situadas en un segundo plano en un contexto patriarcal. La cantaora inicia una gira para conmemorar las tres décadas del álbum: el sábado 21 de marzo actúa en el circo Price de Madrid.














