Manual de buenas costumbres

Contaba Soledad Gallego-Díaz que cuando llegó a Buenos Aires como corresponsal de este periódico se dispuso a conocer la ciudad. Así que procuró hacerse una idea de los distintos barrios y elaboró una serie de itinerarios para sumergirse en sus rincones. Y empezó a pasear por ellos. Cada mañana se subía a un autobús, por ejemplo, y tiraba millas, se bajaba donde tocaba, comenzaba a caminar. No tenía un plan cerrado, frecuentemente se distraía. Conviene imaginarla como una exploradora; pongamos que llevaba unos catalejos imaginarios para observar lo que le quedaba más lejos y que, para lo más cercano, se dejaba llevar por las circunstancias. Hacía algunas preguntas, se entretenía con nimiedades. No es que no tuviera que salir corriendo cuando la reclamara alguna noticia para acudir al lugar de los hechos con la libreta y el bolígrafo. Es que también valoraba los ratos muertos. La lentitud. La actualidad no es eso que salta en las televisiones y las radios y los móviles con la urgencia de lo inmediato. Es algo que irrumpe en una trama de rutinas y que afecta a su manera y según a quién, y para entender eso hace falta conocer el territorio. Y a sus gentes.

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 Un paseo, un libro y una conversación eran algunas de las herramientas con la que trabajaba Sol Gallego Díaz para contar el mundo como periodista  

Contaba Soledad Gallego-Díaz que cuando llegó a Buenos Aires como corresponsal de este periódico se dispuso a conocer la ciudad. Así que procuró hacerse una idea de los distintos barrios y elaboró una serie de itinerarios para sumergirse en sus rincones. Y empezó a pasear por ellos. Cada mañana se subía a un autobús, por ejemplo, y tiraba millas, se bajaba donde tocaba, comenzaba a caminar. No tenía un plan cerrado, frecuentemente se distraía. Conviene imaginarla como una exploradora; pongamos que llevaba unos catalejos imaginarios para observar lo que le quedaba más lejos y que, para lo más cercano, se dejaba llevar por las circunstancias. Hacía algunas preguntas, se entretenía con nimiedades. No es que no tuviera que salir corriendo cuando la reclamara alguna noticia para acudir al lugar de los hechos con la libreta y el bolígrafo. Es que también valoraba los ratos muertos. La lentitud. La actualidad no es eso que salta en las televisiones y las radios y los móviles con la urgencia de lo inmediato. Es algo que irrumpe en una trama de rutinas y que afecta a su manera y según a quién, y para entender eso hace falta conocer el territorio. Y a sus gentes.

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