Seguir vendiendo entradas o “el suicidio”: el dilema de los museos españoles ante los récords de visitantes

Los centros culturales recuperan las cifras anteriores de la pandemia y apuestan por mejorar la calidad de las visitas antes que abarrotar sus salas  

“Visitar el museo no puede ser como ir en el metro en hora punta”. El director del Prado, Miguel Falomir, recurrió a este símil para tratar de explicar cuál puede llegar a ser la situación del museo si sigue batiendo récords de visitantes como el de 2025, cuando llegó a los 3,5 millones. Evelio Acevedo, gerente del Museo Thyssen, incide en la idea y señala el camino de estas instituciones culturales: “La calidad de la visita tiene que marcar la pauta, cualquier otra cosa es un suicidio”. Ambos coinciden en que no les cabe “un visitante más”.

Esa otra cosa a la que se refiere Acevedo es seguir vendiendo entradas sin parar. Aunque los dos gestores sortean analizar la situación por la que pasa el Louvre en este momento, miran directamente a su colega francés como si se tratara de una bola de cristal que les ofreciera su futuro inmediato.

La conclusión es que no quieren llegar al estado vital de colapso de la pinacoteca parisina. Quieren evitar a toda costa que lo mejor que pueda ver una persona en sus salas sea, con suerte, el reflejo de una obra de arte en la pantalla del móvil del visitante que tiene delante.

Acevedo lo ha vivido en museos de otros países que, cuenta, para él son enormes referencias. “Es una decepción entrar y no enterarte de nada por toda la gente que hay. En las salas de las exposiciones temporales es particularmente inabordable, no se disfruta”. Por eso, considera “absurdo” que en estos tiempos el objetivo de estos centros sea crecer numéricamente. El Thyssen ha superado el millón de visitantes, el segundo dato más alto de su historia, por detrás de 2023. Fue precisamente ese año cuando se dieron cuenta de que su negocio no podía sustentarse solo en la venta de entradas.

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¿Qué pasó en 2023? Las cifras de visitantes tras el confinamiento y la vuelta a lo que se llamó la nueva normalidad comenzaron a recuperarse en la mayoría de los museos españoles. Fue entonces cuando en el Thyssen aprobaron un plan de cinco años, en vigor, para mejorar la calidad de las visitas con iniciativas como fijar una hora de entrada o procurar que los fines de semana o en determinadas horas de mayor volumen no haya grupos.

En el Prado se prepara un plan para este año en el que se estudian, según avanzó Falomir, variables como la optimización del espacio expositivo que a partir de 2028 se ampliará con la inauguración del Salón de Reinos, aun en obras, con el que se ganarán 2.500 metros cuadrados más. “También habrá que redimensionar el tamaño de los grupos de visitas, replantear los accesos para que en algunos no se acumule tanta gente…”, enumeró, sin concretar, el director del Prado.

El Museo Reina Sofía ejemplifica una situación intermedia entre la urgencia de implementar un plan de contención y la de aquellos museos locales que, por el momento, gestionan con desahogo los incrementos anuales de visitantes. En 2025, este centro de arte contemporáneo recibió 1.601.732 visitantes en su sede principal, casi 65.000 más que el año anterior, lo que supone un incremento del 4,2% respecto a 2024, aunque queda por debajo de sus marcas más elevadas, superiores a los 1,7 millones.

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“Con la nueva apertura de la planta cuarta, se prevé incorporar una zona específica de recepción de públicos que permitirá una mejor organización de los flujos y de la atención a los visitantes”, explican desde el Reina Sofía. “Este año se reabrirá el jardín y el Palacio de Velázquez, lo que contribuirá a diversificar los espacios de visita y a distribuir mejor la afluencia”. Y, probablemente, a aumentar las visitas. Además, realizan informes internos con datos sobre cómo se comporta la gente una vez entra al museo, así, han implementado franjas horarias durante los días de acceso gratuito en 2025 y que, desde enero se aplican a todos los días de visita, para reducir la espera en los accesos.

Cada vez más turistas extranjeros

El aumento del turismo, que entre enero y noviembre de 2025 sumó 91,48 millones de viajeros extranjeros en España, repercute directamente en el balance anual de quienes entran, especialmente, en los grandes museos españoles. En el caso del Reina Sofía, sigue en aumento hasta el 61,1% del total de visitantes, según su último estudio de 2024; en el Prado, el 75,85%, con datos recientes; en el Thyssen, algo más del 50%, apunta Acevedo.

“No es un problema ahora mismo, el día que nos enfrentemos realmente a un turismo masivo y extremo tendremos que estudiarlo”, aseguró Segade en una entrevista en EL PAÍS.

La mayor parte de los extranjeros circula por las salas de las colecciones permanentes. Se arremolinan en la del Guernica (entre quienes visitan el museo por primera vez, el 97,9% recala allí, según datos del Reina Sofía), en la de Las Meninas y el Bosco. Esto, en palabras de Falomir, les quita presión en cuanto a la programación temporal. Es decir, no están en la pelea por programar blockbusters, esas exposiciones que te compensan la taquilla y los balances anuales. “Otro absurdo”, reitera Acevedo, “hay que tener otra visión de los museos, uno como el Thyssen, con la colección tan diversa y rica que tenemos no puede apostar solo por grandes y conocidos nombres, nuestra misión está en divulgar y dar a conocer la colección y transmitir conocimiento”.

La programación temporal y la ubicación geográfica es la baza que otros museos han encontrado para convertirse en una suerte de laboratorios en los que experimentar con la calidad de la visita. En la red de centros de CaixaForum han creado un nuevo mapa de públicos que les permite analizar a quiénes llegan con el objetivo de fijarse como un complemento cultural. “El objetivo es ser un espacio que forma parte de la vida de las personas de la ciudad”, dice Marta Vallejo, directora del área de Territorio y centros de la Fundación la Caixa apuntando hacia un público nacional y local. “Estamos en un 13% de público extranjero”, añade. Para conseguirlo, hacen una gran apuesta por el servicio de mediación como herramienta que garantice el acceso a la cultura a cualquier persona.

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“En 2025 hemos superado los 1.300.000 como en los dos años anteriores, cifras similares a 2017 y 2018, incluso al año de la inauguración del Guggenheim”, recuerda Begoña Martínez Goyenaga, subdirectora de Comunicación y Marketing del museo de Bilbao. “No nos preocupa un aumento tremendo, ni tampoco cerrar el año con una pequeña disminución”. Gracias a la promoción de la venta de entradas online y un análisis de las temporadas en las que más visitantes acuden a este centro que suele coincidir con periodos vacacionales, han conseguido controlar el flujo de visitantes para evitar la saturación de un público que se compone de un 69% de asistentes extranjeros.

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Hasta el MUSAC en León llegan los mismos visitantes que eligen esta ciudad para hacer turismo: un 10 % de extranjeros. En 2025 recibieron a 116.217 personas, un incremento del 33,8% respecto a 2024, muchas de ellas atraídas por nombres tan relevantes como el artista asiático Ai Weiwei y Yoko Ono. “Ahora mismo estamos embarcados en un proyecto de investigación con las universidades de León, Las Palmas de Gran Canaria y Córdoba para analizar el impacto cultural en nuestro público. Esto debe servir de punto de partida para una reflexión más amplia, en la que no debemos olvidar que facilitamos el acceso a un derecho fundamental, como es el acceso a la cultura”, plantea Álvaro Rodríguez Fominaya, el director del museo.

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Ninguno de los gestores consultados se plantea, por ahora, la limitación muy restrictiva de los aforos, el aumento del precio de las entradas por nacionalidad, ni el cierre de determinadas salas según se acumulan personas en las mismas. Los museos españoles, por el momento, siguen en una fase de análisis previa a la construcción de muros de contención culturales.

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“Visitar el museo no puede ser como ir en el metro en hora punta”. El director del Prado, Miguel Falomir, recurrió a este símil para tratar de explicar cuál puede llegar a ser la situación del museo si sigue batiendo récords de visitantes como el de 2025, cuando llegó a los 3,5 millones. Evelio Acevedo, gerente del Museo Thyssen, incide en la idea y señala el camino de estas instituciones culturales: “La calidad de la visita tiene que marcar la pauta, cualquier otra cosa es un suicidio”. Ambos coinciden en que no les cabe “un visitante más”.

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