Spencer Tunick lleva sus desnudos colectivos a Canarias: “Hay demasiado odio hacia la gente de mente abierta”

El fotógrafo neoyorquino, conocido por sus imágenes casi abstractas de masas de personas desnudas, planea una acción en Gran Canaria en apoyo de los derechos del colectivo LGTBIQA+  

Cuando, en los años noventa, Spencer Tunick comenzaba su carrera, en Nueva York, a diferencia de otros lugares de Estados Unidos, se permitía fotografiar desnudos en las calles, siempre que fuera con fines artísticos. De ese modo, él aprovechaba las primeras horas del día, cuando la ciudad se estaba desperezando y las calles aún seguían vacías, para tomar sus retratos de personas sin ropa, por entonces individuales. Foto a foto, fue acopiando contactos de “camareros o trabajadores de videoclubes”, hasta que un día acumuló en su agenda más de 70 teléfonos. “Entonces pensé: me va a llevar la vida fotografiar a toda esta gente, así que decidí invitarlos a posar todos a la vez”, explica el fotógrafo en una videollamada desde esa misma ciudad, donde reside con su familia.

A aquella cita frente a la sede de Naciones Unidas acudieron 28 personas, que se convertirían en los protagonistas del primer retrato de grupo del hoy reconocido artista. “La imagen final funcionó: me pareció que no era hortera ni cursi, sino que tenía una cualidad fuerte y seria”, recuerda. “En ese momento pensé: guau, algo está pasando aquí”. Lo que vino después se podría resumir como un viaje incesante por el mundo fotografiando masas de cuerpos desnudos, con hitos como su convocatoria barcelonesa de 2003, a la que respondieron entre 4.500 y 7.000 personas, según la fuente, y su récord de entre 18.000 y 20.000 en Ciudad de México en 2007, así como algún que otro trabajo truncado: “Intenté hacer una obra en Corea del Sur que no salió porque el gobierno me denegó el permiso, y otra en Taiwán donde ya estaba todo organizado cuando se canceló”, recuerda. “Hay muchos lugares con gobiernos estrechos de miras y restrictivos”.

Su próximo proyecto le llevará el 26 de julio a Gran Canaria, un lugar donde no tiene “ningún problema, porque hay respeto por el arte”. Diez años después de un intento fallido en Tenerife —dice no recordar qué pasó exactamente— realizará la acción Gran Spectrum, una intervención inspirada en los colores de la bandera LGTBIQA+ para reivindicar los derechos del colectivo en el marco del festival Culture & Business Pride 2026, organizado por el Cabildo de Gran Canaria y el Gobierno de Canarias. Aunque el número de participantes se lo reserva hasta el día que se ejecute, lo que es seguro es que movilizará de nuevo a cientos de personas.

“Trabajar con los colores del orgullo me permite jugar con la abstracción y con las ideas de arte y libertad como ecualizadores, pero a la vez permitiendo que cada cual tenga su propio color”, señala Tunick, que puntualiza que no todos sus proyectos están dedicados a una causa, aunque en este caso hay razones para hacerlo: “En Estados Unidos hay una gran desinformación sobre el colectivo LGTBIQA+, mucho odio y mentiras. Así que creo que cualquier oportunidad de ser positivo y crear comunidad es algo bueno”.

La mención a la abstracción tiene que ver con su propia definición de lo que hace, un trabajo a caballo entre la imagen, la escultura y la performance, donde la acumulación de cuerpos diluye la desnudez individual y su carga de erotismo en favor de una experiencia estética más cercana a lo comunal, como una congregación cantando con una sola voz. “Diría que lo que hago son pinturas abstractas con cuerpos en el espacio público”, afirma él, que cita entre sus referentes a artistas como Yayoi Kusama, Ellsworth Kelly o Carolee Schneemann. “No siempre realizo mi trabajo como protesta, sino que a veces uso el cuerpo como una sustancia o escultura dentro de la calle. Lo que pasa es que este trabajo siempre es político aunque no quieras porque el desnudo es político, y en la masa se multiplica ese efecto”.

El papel de los modelos, que participan voluntaria y gratuitamente (en Gran Canaria se llevarán una copia de la obra), constituye para el artista el núcleo del sentido de sus proyectos, que normalmente, dadas sus complejidades logísticas, tienen lugar una o dos veces al año. “Es raro que el público se convierta en parte de una obra”, apunta. “Así que lo que he creado es algo en cierto modo único, algo que acerca a las personas comunes al mundo del arte”. Con su presencia desnuda, estas personas de toda clase y condición contribuyen a elevar un mensaje sobre la libertad, la identidad y las convenciones sociales. “Antes de empezar a trabajar, yo era consciente de que el desnudo colectivo era una herramienta de protesta en diferentes países, especialmente en México, pero también en otros lugares como Sudáfrica”, explica. “Pero después de mi intervención en Barcelona, supe que surgieron protestas contra el poder que imitaban mi trabajo y que se hicieron muy populares no solo allí, sino en todo el mundo”.

A pesar de que sus obras se han convertido en imágenes globalmente reconocibles, Tunick asegura llevar una vida modesta en Nueva York, donde trabaja solo en su estudio, sin empleados. “Mi mujer y socia, Kristin, que es pintora y diseñadora gráfica, me ayuda a tomar las decisiones, ella es como la comisaria del MoMA, ¿sabes lo que quiero decir? Es la que hace todo posible”, se ríe. “Nuestra operación es pequeña, pero hacemos arte muy grande”, agrega el fotógrafo, que asegura no lamentar que su nombre no haya calado tanto como sus fotografías. “Yo siempre les digo a mis hijos que soy un artista conocido, no un artista famoso”, relata. “Creo que la idea de la fama tiene más que ver con los músicos y los actores que con los artistas. Pero tampoco quiero que la gente conozca mi nombre, solo quiero hacer mi arte”.

En las tres décadas en las que ha desarrollado su profesión, Tunick ha sido testigo de cómo la representación urbana del desnudo ha ido pasando de ser casi una anécdota “en una postal de la torre Eiffel en París” a una oleada en redes sociales, el único espacio en el que, asegura, él se ha tenido que autoimponer límites. “En Instagram tratan el cuerpo de una manera draconiana, así que los artistas se ven obligados a autocensurarse para existir”, sentencia el neoyorquino, que ha cofundado la plataforma Don’tDelete.Art para luchar por que las cuentas de artistas “no se borren como si fueran criminales”. “Hay demasiado odio hacia la gente de mente abierta: el gobierno y las corporaciones quieren controlarte”, concluye. “Así que cuanta más gente fuerce los límites por medio del uso del cuerpo de manera respetuosa, mejor nos irá”.

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Cuando, en los años noventa, Spencer Tunick comenzaba su carrera, en Nueva York, a diferencia de otros lugares de Estados Unidos, se permitía fotografiar desnudos en las calles, siempre que fuera con fines artísticos. De ese modo, él aprovechaba las primeras horas del día, cuando la ciudad se estaba desperezando y las calles aún seguían vacías, para tomar sus retratos de personas sin ropa, por entonces individuales. Foto a foto, fue acopiando contactos de “camareros o trabajadores de videoclubes”, hasta que un día acumuló en su agenda más de 70 teléfonos. “Entonces pensé: me va a llevar la vida fotografiar a toda esta gente, así que decidí invitarlos a posar todos a la vez”, explica el fotógrafo en una videollamada desde esa misma ciudad, donde reside con su familia.

El fotógrafo Spencer Tunick, durante una intervención artística en Albolote (Granada), en 2025.

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