Un dilema capital de nuestro tiempo

Esta palabra alguien la tenía antes que yo.  Era en mi familia,/ ya murieron./ No nos queda más lágrima para llorarlos./ Desde entonces, la palabra, desconfiada del tiempo, anda muy esquiva.
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Esta palabra

Esta palabra alguien la tenía antes que yo.  Era en mi familia,
ya murieron.
No nos queda más lágrima para llorarlos.
Desde entonces, la palabra, desconfiada del tiempo, anda muy esquiva.
La usan muy mal, se queja.
No tiene libertad para bandearse a gusto por los campos altos, donde el viento goza
de esa energía sin igual.

La tratan muy mal, pues le ponen hora y día. Como quien dice, le dicen hasta cuando,
que no hay nada que le podría gustar menos.

Y como puso la condición de sólo andar suelta, la callaron.
Colonizaron la palabra. ¿Qué nos queda?
Con hora y día dijo no: de ninguna manera. ¡Jamás!
Nunca si no es suelta: para designificar y orillar,
para destener y desdecir.

Lo que propone (lo siento en mi corazón) es una guerra oriental de los nombres:
donde tú te apoyas, yo me voy.
Donde tú me lees, yo me apago.
¿Y el vos?
El vos decide: donde tú traduces, yo…
no estoy.

Éste es (no tengo dudas) un dilema capital de nuestro tiempo: desnombrar.

Sólo desnombrando habrá futuro.

¡Que los nombres despenquen, se desplomen, como las laderas andinas en febrero!
Que los ríos se lleven las piedras de los nombres, y no los dejen pasar.
el futuro entero depende de esta avalancha de desnombramiento.
Porque sólo así el tiempo se fugará del tiempo,
el sujeto se quedará en silencio
y las personas que se quieren nunca más vivirán lejos.
Ésta es mi utopía para un mundo complejo.

Cualquier creación contiene un poco del perderse.

Hasta el autor de ciencias sociales, cuando cree que rige y controla el curso de su artículo

—él no lo sabe—, también el perderse juega un papel, y siempre hay una medida en que se está a merced.

Aquí, por ejemplo, yo me pierdo totalmente.

Busco la matemática del vértigo.

Ese peligro.

El abismo donde los nombres se vuelven más inciertos.

Digamos así: donde el científico busca el lugar más cierto de los nombres: su corazón, su centro, la roca de su lecho, yo busco el lugar más incierto.

Es un ejercicio muy sano para mí, una terapia de desintoxicación: intentar por un día, por un tiempo, caminar por la orilla de los nombres, ser equilibrista en la línea de nanquín de su perímetro.

Robo pausado y subalterno de todas sus certezas. Robo sereno.

Si esto fuera un manifiesto, tal seria la descripción de una guerra poética para hoy, mi guerra personal: desheredar el totalitarismo de los nombres, cincelar con figuras desconcertantes el margen de las identidades. Curvar el tiempo. Ésa, para mí, es la guerra del momento.

Porque tiempo y nombre están interligados: una perniciosa certeza en el nombrar sin intersticios, una forma precisa de lotear el tiempo. 

Si tuviera voz me gustaría preguntar: qué haremos, todos aquellos que sabemos,

literalmente sabemos (afirmación que no es aquí, de manera alguna, un trópico idiomático) que nuestro nombre es falso,

y que no tenemos tiempo.

Todavía pienso que es justamente en esa guerra que los «pobres de espíritu» tienen la lección fundamental. Yo soy uno de ellos.

Ésta es mi posición, mi posición sin nombre, inamovible, religiosa.

Nada podrán hacer, pues es puro ocio, pura improductividad,

pura desidia. En ella, no hacen verdaderamente sentido las virtudes fundamentales ni los vicios.

Esta posición tiene, aunque no nombre, un leve acento: pero es un acento que 

prácticamente no se puede identificar.

Portuñol con la mano izquierda
(Bogotá, 13 de diciembre de 2011)

Caribe había sido 
minha vida cuando 
la salvé 
de una patria triste.
Ninabas, arrorró, 
mamá, tú.
Cuando supiste, 
ahí volví, después de mucho aprieto,
a vos
arrullo mío
de la tierra lunar.

No quiero ser, 
ahora no más, 
ya quiero que me seas.
Y que me seas 
sin herida. 

* Poemas pertenecientes a El camino de regreso, México, DLFL-UNAM, 2025.


Rita Laura Segato

Buenos Aires, Argentina, 1951. Escritora, antropóloga y activista feminista. Doctora honoris causa por varias universidades iberoamericanas y Profesora Emérita de la Universidad de Brasilia. Entre sus libros destacan Las estructuras elementales de la violencia (2003) y La escritura en el cuerpo de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez (2013). El camino de regreso (DLFL-UNAM, 2025) es su primer poemario. Reside entre Brasilia y Tilcara.

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