“La intensa ensoñación heroica de los siglos XIX y XX ha sido desplazada por la intensa ensoñación victimista del siglo XXI”. Esta reflexión incluida en el arranque de Sufro luego existo. La víctima como héroe (Siruela, traducción de María Belmonte) resume el presupuesto del que parte el pensador Pascal Bruckner en este libro apasionante, polémico como su autor, y que no deja indiferente a nadie. No piensen en un libro filosófico, o no solo. Bruckner establece la historia de la figura de la víctima (Tucídices, Jesucristo y el cristianismo, la Ilustración y Nietzsche) pero luego abre tantas perspectivas que el libro se hace casi inabarcable, siempre apasionante y con un poso desasosegante que solo tienen los buenos ensayos. El autor ve clara la raíz del mal: “La promesa democrática, siempre frustrada, exacerba la insatisfacción e instala la queja en el centro del psiquismo contemporáneo”. Bruckner describe lo que llama sociedad de abundancia gruñona y se centra en las democracias europeas y en Estados Unidos.
“La intensa ensoñación heroica de los siglos XIX y XX ha sido desplazada por la intensa ensoñación victimista del siglo XXI”. Esta reflexión incluida en el arranque de Sufro luego existo. La víctima como héroe (Siruela, traducción de María Belmonte) resume el presupuesto del que parte el pensador Pascal Bruckner en este libro apasionante, polémico como su autor, y que no deja indiferente a nadie. No piensen en un libro filosófico, o no solo. Bruckner establece la historia de la figura de la víctima (Tucídices, Jesucristo y el cristianismo, la Ilustración y Nietzsche) pero luego abre tantas perspectivas que el libro se hace casi inabarcable, siempre apasionante y con un poso desasosegante que solo tienen los buenos ensayos. El autor ve clara la raíz del mal: “La promesa democrática, siempre frustrada, exacerba la insatisfacción e instala la queja en el centro del psiquismo contemporáneo”. Bruckner describe lo que llama sociedad de abundancia gruñona y se centra en las democracias europeas y en Estados Unidos. Seguir leyendo
“La intensa ensoñación heroica de los siglos XIX y XX ha sido desplazada por la intensa ensoñación victimista del siglo XXI”. Esta reflexión incluida en el arranque de Sufro luego existo. La víctima como héroe (Siruela, traducción de María Belmonte) resume el presupuesto del que parte el pensador Pascal Bruckner en este libro apasionante, polémico como su autor, y que no deja indiferente a nadie. No piensen en un libro filosófico, o no solo. Bruckner establece la historia de la figura de la víctima (Tucídices, Jesucristo y el cristianismo, la Ilustración y Nietzsche) pero luego abre tantas perspectivas que el libro se hace casi inabarcable, siempre apasionante y con un poso desasosegante que solo tienen los buenos ensayos. El autor ve clara la raíz del mal: “La promesa democrática, siempre frustrada, exacerba la insatisfacción e instala la queja en el centro del psiquismo contemporáneo”. Bruckner describe lo que llama sociedad de abundancia gruñona y se centra en las democracias europeas y en Estados Unidos.
Esta figura ya había sido tratada en un ensayo seminal de Daniele Giglioli titulado Crítica de la víctima (Herder, 2017) donde asegura: “La víctima es el héroe de nuestro tiempo. Ser víctima otorga prestigio, exige escucha, promete y fomenta reconocimiento, activa un potente generador de identidad, de derecho, de autoestima. Inmuniza contra cualquier crítica, garantiza la inocencia más allá de toda duda razonable. ¿Cómo podría la víctima ser culpable o responsable de algo?”
¿Entonces? ¿Dónde está la pertinencia de otro libro sobre el mismo tema? Digamos que Giglioli abre el camino que ahora Bruckner desbroza, aplana y asfalta. El francés es un excelente polemista y no se olvida de ello en los rincones más abrasivos de este ensayo. Figura de los nuevos filósofos franceses de los setenta, muy crítico con lo que considera excesos de la cultura woke o de las políticas identitarias pero también, por ejemplo, con el “fanatismo capitalista”, el autor de Vivir en zapatillas no esquiva un solo asunto: Israel y el genocidio, Putin, la descolonización, el miedo occidental a la muerte y el dolor, etc.
También resulta realmente ilustrador cuando habla de cómo afecta todo este auge del victimismo a un empobrecimiento generalizado de la educación superior (con denuncias anónimas que recorren los campus de Estados Unidos arruinando carreras y cambiando programas de estudio) o de la moda del “buen sufrimiento” o de los llamados “expertos en ofensología”, “los censores del siglo XXI”.
¿Exagerado? La realidad está llena de ejemplos. El victimismo está tan enraizado en el quehacer social que el príncipe Harry, ni más ni menos, se mostraba en sus memorias como una víctima superlativa. “La victimización es la versión dolorida del privilegio”, resume Bruckner, siempre con la frase martillo lista, para que cada uno la aplique el golpe donde desee. Esta democratización del martirio tiene un efecto perverso, muy bien señalado por el autor en varios momentos: en esta competición por ser más víctima que nadie, pierden siempre las verdaderas víctimas.
Hay una vertiente secundaria pero esencial por encontrarnos en el marco en el que ustedes leerán esta crítica. Bruckner analiza lo que define como “el negocio de la autocompasión”, que afecta directamente a la literatura. “El sufrimiento vende más que el sexo”, asegura el autor francés para explicar la ola de autoficción que ha invadido las librerías en los últimos años. “No hay nada que nuestras sociedades admiren más que un hombre o una mujer que haya sufrido grandes tragedias, haya rozado la muerte y se haya levantado”, remata.
No resulta este un libro de palmadita en la espalda; por su valentía y heterodoxia es perfecto para estos tiempos de certezas y bandos: prepárense para indignarse o para estar de acuerdo y mostrarlo ostensiblemente, para lanzarse preguntas, para sentirse incómodos. ¿Acaso no es lo que provocan los buenos libros?

Pascal Bruckner
Traducción de María Belmonte Berrenechea
Siruela, 2026
272 páginas, 21,95 euros














