La gran cita del arte contemporáneo inaugura una edición marcada por la muerte de su comisaria, la dimisión del jurado y las llamadas al boicot por la participación de ambos países
Después de semanas de tensiones y sobresaltos, la Bienal de Venecia logró inaugurar este martes una de las ediciones más convulsas de su larga historia. Lo hizo con dos pabellones convertidos en focos de polémica: el de Rusia, que regresa tras dos ediciones de ausencia desde la invasión de Ucrania, y el de Israel, que vuelve al certamen después de que su exposición de la edición de 2024 nunca llegase a abrir al público, en plena guerra de Gaza. Se les sumó la retirada in extremis de Irán, anunciada el lunes a pocas horas del arranque. La 61ª edición de la bienal más antigua del mundo, fundada en 1895, vuelve a recordar que nunca fue solo una exposición, sino también una representación a pequeña escala del tablero geopolítico.
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Después de semanas de tensiones y sobresaltos, la Bienal de Venecia logró inaugurar este martes una de las ediciones más convulsas de su larga historia. Lo hizo con dos pabellones convertidos en focos de polémica: el de Rusia, que regresa tras dos ediciones de ausencia desde la invasión de Ucrania, y el de Israel, que vuelve al certamen después de que su exposición de la edición de 2024 nunca llegase a abrir al público, en plena guerra de Gaza. Se les sumó la retirada in extremis de Irán, anunciada el lunes a pocas horas del arranque. La 61ª edición de la bienal más antigua del mundo, fundada en 1895, vuelve a recordar que nunca fue solo una exposición, sino también una representación a pequeña escala del tablero geopolítico.










