La Orquesta Nacional triunfa en su debut en el Royal Albert Hall con un programa de postales sonoras donde Ravel brilló más que Falla, un ‘Aranjuez’ memorable de Rafael Aguirre y la final del Mundial de fondo
David Afkham salió para la propina con una bufanda de la selección española y dirigió el intermedio de La boda de Luis Alonso, de Gerónimo Giménez, como despedida de sus doce años al frente de la Orquesta y Coro Nacionales de España. El gesto no necesitó traducción para el público de los BBC Proms, pendiente también de la final del Mundial entre España y Argentina en el MetLife Stadium de Nueva Jersey.
El director alemán buscaba el gol simbólico que la selección aún no encontraba sobre el césped. El verdadero llegó en la prórroga, cuando el Royal Albert Hall ya se había vaciado. Pero la Nacional, como se verá, había marcado el suyo mucho antes, dentro del tiempo reglamentario.
España disputó, en realidad, dos partidos fuera de casa este domingo. El de Londres llevaba casi nueve décadas esperando: la Orquesta Nacional de España debutaba por fin en los BBC Proms, el mayor festival sinfónico del mundo. Hasta entonces, la única presencia orquestal española se remontaba a 1996, cuando la Joven Orquesta Nacional de España, en el concierto de despedida de su fundador, Edmon Colomer, interpretó La Peste, de Robert Gerhard, con motivo del centenario del compositor catalán, fallecido en el exilio en Cambridge.

Treinta años después, la visita de la Nacional tuvo también aire de despedida, con Afkham cerrando su etapa como responsable musical y artístico de la formación, que en septiembre pasará a manos de Kent Nagano, y coincidió además con el sesquicentenario del nacimiento de Manuel de Falla. Bajo el título Boléro: Rhythms of Spain, el programa trazaba un sugerente diálogo entre dos visiones de España: la imaginada desde fuera, la de Ravel en la Alborada del gracioso y el Boléro, y la proyectada desde dentro, con El sombrero de tres picos de Falla, el Concierto de Aranjuez de Rodrigo y la magistral orquestación de Fantasia bætica realizada por el compositor valenciano Francisco Coll, una de las voces más destacadas de la creación española actual.
Afkham se movió con mayor autoridad en la primera visión que en la segunda. Su Falla es brillante y virtuosístico, de arquitectura impecable, pero le falta el duende necesario para terminar de trascender. Lo evidenció la orquestación que Coll realizó en 2022 de Fantasia bætica, donde realza la modernidad del lenguaje del compositor gaditano y lo aproxima a la estilización del flamenco que él mismo ha cultivado en su catálogo. La lectura fue admirable por su precisión y refinamiento, aunque menos arrebatada de lo que exigen unos pentagramas que remiten al embrujo de Iberia, de Albéniz. Su mejor momento llegó en la melancólica sección central, sostenida por los magníficos solos de la cuerda y la madera.
El concierto se había abierto con una excelente interpretación de Alborada del gracioso, de Ravel, que confirmó la talla actual de la Orquesta Nacional incluso en una sala tan poco propicia para el detalle como el Royal Albert Hall. Afkham graduó con maestría los crescendo que evocan el rasgueo de la guitarra y contó con el brillante solo de la fagotista María José García Zamora, convertida en la voz quebrada del bufón, a medio camino entre la copla y la parodia. El puente hacia el Concierto de Aranjuez, de Joaquín Rodrigo, surgía de forma natural: Ravel orquestó esta página pianística en 1918 para el ballet Les jardins d’Aranjuez, un encargo de los Ballets Russes de Serguéi Diáguilev destinado al antiguo Teatro Alhambra de Leicester Square.

Rafael Aguirre era el primer guitarrista español que actuaba como solista en la historia de los Proms y desplegó belleza tímbrica y exquisitez dinámica. Su guitarra, levemente amplificada, con la mesura que la sala exige y el purismo agradece, dialogó con la orquesta sin estridencias. En el bellísimo adagio central se produjo uno de esos milagros que solo caben en el directo: más de cinco mil espectadores guardaron un silencio absoluto, pendientes del corno inglés de Luis Auñón Pérez y de una cadencia que Aguirre condujo desde la meditación hasta el único estallido orquestal del movimiento. Pocas veces el Royal Albert Hall habrá escuchado tan atentamente una saeta. El guitarrista malagueño cerró su actuación con una exquisita versión de Recuerdos de la Alhambra, de Francisco Tárrega.
En la segunda parte, las dos suites de El sombrero de tres picos, de Falla, devolvieron la pelota a la orquesta, que rindió de nuevo a gran altura en este ballet que Diáguilev estrenó en Londres hace casi exactamente 107 años, en el citado Teatro Alhambra, con decorados y vestuario de Picasso. Brillaron especialmente las maderas y los metales, con intervenciones de primer nivel, y una cuerda flexible que presentó la curiosidad de un concertino distinto en cada parte: Miguel Colom en la primera y Valerie Steenken en la segunda. Afkham imprimió viveza, tensión y transparencia a cada número, aunque volvió a evidenciar cierta falta de magia en los momentos más raciales, como el seductor fandango de la molinera, las seguidillas de los vecinos, la farruca del molinero o la jota final.

Lo mejor de la noche fue, sin duda, el Boléro, de Ravel. Afkham lo gobernó con maestría absoluta, desde lo inaudible de la caja de Joan Castelló i Arándiga, apenas un hilo de sonido, tan tenue que por momentos parecía imponerse el rumor del aire acondicionado de la sala, hasta el estruendo final, obligando a los prommers de la arena a contener la respiración. Administró el crescendo más famoso de la historia de la música con la inflexibilidad que pedía Ravel y que tantos directores traicionan, sostenido además por una nueva exhibición de los solistas de viento de la orquesta. Fue la despedida más elocuente para el director alemán, que durante doce años ha ordenado el repertorio y refinado el sonido de la Orquesta Nacional. Se despidió de Londres con la España de Ravel, la que se mira desde fuera y acaso la que mejor entiende.
Al salir del Albert Hall, la final seguía empatada. España tuvo que esperar a la prórroga para marcar el gol que valió su segunda estrella; su Orquesta Nacional, en cambio, resolvió el partido en los noventa minutos, con un Ravel más brillante que Falla y un Aranjuez memorable. La bufanda de Afkham, al final, también trajo suerte y la jornada terminó, para muchos, celebrando la victoria de España en Trafalgar Square.
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David Afkham salió para la propina con una bufanda de la selección española y dirigió el intermedio de La boda de Luis Alonso, de Gerónimo Giménez, como despedida de sus doce años al frente de la Orquesta y Coro Nacionales de España. El gesto no necesitó traducción para el público de los BBC Proms, pendiente también de la final del Mundial entre España y Argentina en el MetLife Stadium de Nueva Jersey.











