Anne Carson en el abismo

Vale la pena recordárselo al mundo entero: la poesía existe y es necesaria  

Premio Nobel de literatura
Tribuna

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Vale la pena recordárselo al mundo entero: la poesía existe y es necesaria

Anne Carson, ganadora del Premio Nobel de Literatura, sentada frente a su casa en Reikiavik, Islandia, en 2023.Golli/Kjartan Thorbjoernsson (REUTERS)
Manuel Vilas

Fiel a su capacidad de sorpresa inveterada, la Academia Sueca se ha ido a un lugar imprevisible, y ha ladeado una vez más al gran Murakami, y su veredicto se ha posado en la poesía. Vale la pena recordárselo al mundo entero: la poesía existe y es necesaria. Yo llevo leyendo a Anne Carson desde antes de que fuera Anne Carson, porque la poesía de esta ensayista, helenista y traductora canadiense posee una fuerza transformadora única, un estilo propio que decapita las fronteras entre la lírica, el ensayo y la narración. Carson se dio cuenta de que la poesía actual debía iniciar una expansión, una colonización de otros géneros literarios. De ahí también la modernidad arrebatada de sus libros.

Desde que irrumpió con el brillante estudio Eros, dulce y amargo en 1986, pasando por la heterogénea prosa poética de Agua corriente en 1995, Carson ha sabido tejer un puente insustituible entre la Antigüedad clásica y las grietas existenciales de la vida cotidiana contemporánea. En su arriesgada novela en verso Autobiografía de rojo, de 1998, donde reescribe el mito griego del monstruo alado Gerión a partir de los fragmentos de Estesícoro, inventa versos inolvidables sobre la belleza de la antigüedad clásica, que viene a nuestro presente para afirmar que el tiempo de la poesía es el tiempo infinito del universo.

En Hombres en sus horas libres, título perfecto, y en su consagratoria La belleza del marido: Un ensayo narrativo en 29 tangos, de 2001, nos dijo cosas como esta: “La belleza no es una ilusión. Es la única verdad que conocemos, el único absoluto que se nos permite tocar antes de desaparecer”, a mí estos versos me dieron la vida, me dieron la alegría. La poesía de Carson me recuerda, por su originalidad, a la filosofía de Baruch Spinoza. Ambos crean un panteísmo lleno de razón y de belleza sin conciencia, sin moral. La reivindicación de la poeta Safo nos recuerda que la poesía es extensión en el tiempo. Leer a Anne Carson es aceptar que la poesía no es un adorno estático ni un refugio nostálgico, sino una forma viva, rigurosa de pensar e interrogar la realidad. La pregunta es siempre la misma: ¿somos trascendentes? Spinoza decía que formamos parte de la gran substancia.

La invocación del mundo antiguo de Carson busca la integración del pasado en esa gran substancia de la poesía. Que el mundo vuelva hoy la mirada hacia esta poesía es la prueba de que la literatura de riesgo importa; más que de riesgo, yo la llamaría “la literatura de abismo”. ¿Qué año era? Recuerdo el viento del lago Michigan azotando con fuerza las puertas de cristal del Poetry Foundation Building, en el céntrico barrio de River North en Chicago. Era un día de abril del año 16, y hacía demasiado frío como para pensar en la primavera, pero así es Chicago. Carson abrió su libreta negra. No leyó. Más bien le declaró la guerra a Albert Einstein cuando dijo: “El dolor es un tipo de tiempo. No avanza, solo se acumula en las esquinas de una habitación”. Al término de su charla, tuve ocasión de cenar con ella y charlamos sobre una pasión compartida y desatada y atávica y desenfrenada: el amor a la música de Lou Reed.

La genialidad de Lou Reed también fue el abismo. Lou y Carson eran muy amigos y ella le había dedicado un poema para su setenta cumpleaños. La obra de la flamante Premio Nobel alcanzó su plenitud con la publicación de Nox, del 2010, una elegía en formato de libro-objeto, donde la poeta llora la muerte de su hermano Michael. Lou Reed hoy estaría feliz, porque con Anne Carson gana la poesía atrevida, la poesía antiacadémica, la poesía distinta a todas, la poesía del lado salvaje. Porque si no se expande sobre lo desconocido, la poesía solo son palabras muertas.

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Fiel a su capacidad de sorpresa inveterada, la Academia Sueca se ha ido a un lugar imprevisible, y ha ladeado una vez más al gran Murakami, y su veredicto se ha posado en la poesía. Vale la pena recordárselo al mundo entero: la poesía existe y es necesaria. Yo llevo leyendo a Anne Carson desde antes de que fuera Anne Carson, porque la poesía de esta ensayista, helenista y traductora canadiense posee una fuerza transformadora única, un estilo propio que decapita las fronteras entre la lírica, el ensayo y la narración. Carson se dio cuenta de que la poesía actual debía iniciar una expansión, una colonización de otros géneros literarios. De ahí también la modernidad arrebatada de sus libros.

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