El diccionario revoluciona la lengua con su primera edición “nativa digital”: “El acta de nacimiento de los diccionarios del futuro”

Esta mañana ha tenido lugar la presentación de la 24ª edición del Diccionario de la Lengua Española (DLE). Aunque el diccionario tiene actualizaciones anuales, las ediciones son más infrecuentes y solemnes (la última tuvo lugar en 2014), así que lo que se ha vivido en la madrileña sede de la RAE ha sido “un instante crucial en la vida de la Academia, y en nuestras vidas”, en palabras del presidente de la Academia española, Santiago Muñoz Machado. Si la edición anterior —la 23ª, de 2014— conmemoró el tricentenario de la fundación de la Academia, la que ahora ve la luz lo hace en otro aniversario: en 2026 se cumplen 300 años de la aparición, en 1726, del primer volumen del fundacional Diccionario de autoridades.

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 Esta mañana ha tenido lugar la presentación de la 24ª edición del Diccionario de la Lengua Española (DLE). Aunque el diccionario tiene actualizaciones anuales, las ediciones son más infrecuentes y solemnes (la última tuvo lugar en 2014), así que lo que se ha vivido en la madrileña sede de la RAE ha sido “un instante crucial en la vida de la Academia, y en nuestras vidas”, en palabras del presidente de la Academia española, Santiago Muñoz Machado. Si la edición anterior —la 23ª, de 2014— conmemoró el tricentenario de la fundación de la Academia, la que ahora ve la luz lo hace en otro aniversario: en 2026 se cumplen 300 años de la aparición, en 1726, del primer volumen del fundacional Diccionario de autoridades. Seguir leyendo  

Esta mañana ha tenido lugar la presentación de la 24ª edición del Diccionario de la Lengua Española (DLE). Aunque el diccionario tiene actualizaciones anuales, las ediciones son más infrecuentes y solemnes (la última tuvo lugar en 2014), así que lo que se ha vivido en la madrileña sede de la RAE ha sido “un instante crucial en la vida de la Academia, y en nuestras vidas”, en palabras del presidente de la Academia española, Santiago Muñoz Machado. Si la edición anterior —la 23ª, de 2014— conmemoró el tricentenario de la fundación de la Academia, la que ahora ve la luz lo hace en otro aniversario: en 2026 se cumplen 300 años de la aparición, en 1726, del primer volumen del fundacional Diccionario de autoridades.

El acto ajustó su tono celebratorio (al final no pudo contar con la presencia de los Reyes, y comenzó con un minuto silencio en recuerdo de las víctimas del accidente de Urda), pero no perdió su solemne talante académico: se trata de un hito de la Academia, de las diversas academias del español por el mundo, y del propio idioma. Muñoz Machado lo definió de forma certera: “Esta edición cierra una generación, y es el acta de nacimiento de los diccionarios del futuro”.

El evento reunió no solo a miembros de la Academia española sino a los directores de las 23 academias del español en el mundo, ASALE (Asociación de Academias de la Lengua Española), que fueron desgranando las novedades de esta edición. ¿La gran novedad? Por primera vez en su historia, el Diccionario en papel se ha confeccionado a partir de la edición digital, y no a la inversa; se puede decir, por tanto, que esta es la primera edición “nativa digital”, en palabras de Muñoz Machado. Por supuesto, el Diccionario se puede seguir consultando en versión impresa: editada por Espasa (que edita la obra desde hace más de 100 años), habrá una cuidada edición 3.606 páginas en dos volúmenes en tapa dura.

La obra reúne ahora 99.990 artículos y cerca de 209.000 acepciones, con 54.829 etimologías y 85.201 ejemplos de uso. ¿Cuáles son los principales cambios? Varios. Por ejemplo, una reorganización de las entradas: por primera vez, las acepciones se ordenan de forma jerárquica según su frecuencia de uso y su relación de significado. También se ha simplificado la presentación de palabras y expresiones para facilitar las consultas. Además, se han revisado más de 35.000 definiciones que remitían a otras palabras para sustituirlas por explicaciones completas. El carácter geográfico, el panhispanismo, es más importante que nunca: a propuesta de las diversas academias, se añaden 1.490 gentilicios y 1.570 voces propias de distintos países hispanohablantes. Por último, se han afinado las marcas que indican el uso cronológico, geográfico, social y comunicativo de las palabras: las referencias generales a grandes regiones americanas se sustituyen por las de países concretos. Es decir, esta es la edición que más en cuenta tiene la variedad del español y su concepción como una lengua común.

Entran palabras nuevas, claro está (técnicamente se les denomina adiciones de artículo): IA, ciberataque, QR, gordofobia, edadista, tricerátops, macrogranja, porfa… La revelación de estas nuevas entradas siempre tiene su morbo, pero en la presentación hubo un momento hermoso cuando los directores de cada una de las academias a nivel mundial presentaron una palabra recién llegada al Diccionario desde cada uno de sus países.

El diccionario, desde dentro

Para la académica Paz Battaner, que ha estado al frente de la elaboración de la nueva edición del diccionario durante casi seis años, uno de los grandes cambios de la obra está en la manera en la que se presentan las definiciones. “Una de las características de esta edición es facilitar que el usuario vea el significado de cada artículo”, sostiene. En las versiones anteriores, recuerda, las palabras con múltiples acepciones podían aparecer con sus significados “muy desordenados”. Ahora se han agrupado las acepciones que comparten significado, de modo que el lector pueda orientarse mejor. La transformación ha sido posible gracias a la nueva base de datos léxica, que ha permitido trasladar y reorganizar la información de la edición anterior. Ese acercamiento a la tecnología ha sido crucial para esta edición: las reuniones entre todas las academias para debatir novedades solo han sido posible de forma telemática.

La otra gran dimensión de esta edición es su voluntad panhispánica, con una incorporación más amplia del vocabulario de los países americanos. Battaner destaca la importancia de que las academias aporten palabras de uso frecuente en sus territorios que todavía no figuraban en la obra: “El hecho de aportar un número considerable de palabras muy usuales, muy comunes en los distintos países, ha sido un enriquecimiento”, señala. La lexicógrafa subraya que el español es “enormemente variado” y reivindica la necesidad de reconocer el peso de América en una lengua compartida por cientos de millones de hablantes. En una de las reflexiones más contundentes de la conversación que mantiene con EL PAÍS, admite: “Ellos son los que tienen la batuta del español hoy en día. En España somos un resto, la nota al pie”. Y añade que reconocer esa realidad desde España es algo positivo: “Reconocer esto desde aquí es bonito y enriquecedor”.

Un idioma global

Para Gonzalo Celorio, director de la Academia Mexicana de la Lengua, uno de los cambios fundamentales del Diccionario es esa ampliación de su perspectiva local: “El Diccionario tradicionalmente le daba preeminencia a la norma española peninsular, pero, de un tiempo a esta parte, el espíritu panhispánico se ha ampliado a toda América”, explica. México, el país con más hablantes de español, ha participado en la revisión de la obra con 4.000 observaciones sobre las propuestas que han entrado en circulación. Celorio recuerda que durante mucho tiempo se asumió que lo dicho en España representaba al conjunto del idioma, sin que se señalara el carácter local de algunas palabras: “Gilipollas, por ejemplo, es un españolismo muy claro”, bromea.

Esa apertura permite reconocer una diversidad que, lejos de amenazar la unidad del español, dice, la enriquece. “Las fronteras lingüísticas [llamadas isoglosas, por cierto] no se corresponden necesariamente con las fronteras políticas”, recuerda el Premio Cervantes 2025, que pone como ejemplo el español de Chiapas, más cercano en algunos aspectos al de Guatemala que al de regiones del norte de México. Las diferencias entre países y territorios no impiden que los hablantes se entiendan: “Lo realmente hermoso es que uno puede atravesar 20 fronteras sin perder inteligibilidad”. Y concluye: “Estas variantes, en lugar de ir en detrimento de la unidad de la lengua, la enriquecen muy considerablemente”.

Para Nuria Morgado, directora de la Academia Norteamericana de la Lengua Española, esta nueva edición supone reconocer que “el español no pertenece a un solo país ni a una única comunidad de hablantes”. Se trata de una lengua “compartida, pero extraordinariamente diversa, desarrollada a lo largo de los siglos en contextos históricos, culturales y sociales distintos”. Por eso, sostiene, “ninguna variedad del español puede considerarse por sí sola la medida de todas las demás”. Morgado defiende que esa pluralidad no debe entenderse como un obstáculo para la unidad del idioma, sino como una de sus mayores fortalezas: “Esa diversidad del español no es un problema que haya que corregir, sino una inmensa riqueza que debemos conocer, estudiar y representar”.

Desde Estados Unidos, justo antes de volar a Madrid, Morgado observaba además un español en expansión, presente en ámbitos cada vez más diversos y marcado por la convivencia entre distintas comunidades y generaciones de hablantes. “El español de Estados Unidos no tiene una realidad homogénea”, señala. En ese país, uno de los mayores puntos de ebullición del idioma hoy, conviven quienes lo tienen como primera lengua, los hablantes bilingües y quienes lo están aprendiendo o recuperando como lengua de herencia. Allí, el contacto con el inglés genera fenómenos lingüísticos propios, como los préstamos y la alternancia de códigos. Para Morgado, el acto de presentación del Diccionario, en el que cada academia está representada por una palabra vinculada a su realidad lingüística y cultural, hace visible esa diversidad: “El español es una lengua compartida, pero construida desde muchas voces”.

Si algo queda claro es que el español ya no cabe en una sola definición, ni en una sola geografía. La lengua que hablan cientos de millones de personas en todo el mundo es una realidad plural, atravesada por diferencias territoriales, sociales y culturales que no dejan de transformarla. Tres siglos después de que apareciera el primer volumen del Diccionario de autoridades, la obra afronta una doble renovación: tecnológica y lexicográfica. En palabras de Muñoz Machado: “Esta edición marca el cenit de una generación de diccionarios”. A partir de ahora, al español le espera su propio futuro.

 EL PAÍS

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