Colombia vive un auge de clubes de lectura

Federico Baraya Galán explica que su oficio es ser lector. No cita su carrera de Comunicación Social ni sus años de trabajo en medios de comunicación y en empresas como semilla de su podcast, Literatus, un proyecto que terminó sumando otras iniciativas alrededor de la literatura. Entre ellas hay tres clubes de lectura: uno presencial, en Bogotá, y dos virtuales, uno para América Latina y otro para Europa. Todos son de cuento, un género que lo apasiona, dice, pues le permite analizar un muy buen texto en poco tiempo y reunir a personas con poco tiempo para leer.

Seguir leyendo

 Desde la pandemia, cada vez más personas de diferentes edades y continentes se reúnen, de forma virtual y presencial, alrededor de la literatura  

Federico Baraya Galán explica que su oficio es ser lector. No cita su carrera de Comunicación Social ni sus años de trabajo en medios de comunicación y en empresas como semilla de su podcast, Literatus, un proyecto que terminó sumando otras iniciativas alrededor de la literatura. Entre ellas hay tres clubes de lectura: uno presencial, en Bogotá, y dos virtuales, uno para América Latina y otro para Europa. Todos son de cuento, un género que lo apasiona, dice, pues le permite analizar un muy buen texto en poco tiempo y reunir a personas con poco tiempo para leer.

En los clubes virtuales, los participantes leen un cuento cada quince días y luego, en una reunión de una hora o un poco más, lo comentan. Barata analiza la estructura, el estilo del escritor, sus aciertos y desaciertos. Al final todos aprenden algo de literatura por el simple placer de hacerlo o para aprender a leer y a escribir mejor.

Luisa Gómez es una de estas participantes. Su objetivo de leer en detalle es aprender a escribir mejor. “Leer acompañados hace que aparezcan otras formas de lectura, otras posibilidades y ahora que estoy escribiendo me gusta poder desmenuzar con otros las estructuras de los textos para encontrar lo singular en cada obra y que pueda estimular mi escritura”, explica. Actualmente participa en tres clubes de lectura virtuales, incluido el de Literatus, y en ellos busca profundizar en los textos a nivel formal y de contenido, por eso le importa mucho quién lo dirige.

Federico, justamente, se preocupa por aportarles algo nuevo a sus participantes, busca autores de calidad que no sean tan conocidos y busca hacer lecturas muy juiciosas. “Mi preocupación es siempre llegar muy preparado, con la lectura muy bien hecha y muy desarmada para entregarles todo a las personas. Me interesa que la gente se maraville con lo dificultoso que es escribir un cuento, con todo lo que hay detrás, con las decisiones que tomó el autor”.

Sus clubes tienen ya cuatro años de vida. Tras un proceso de prueba y error, cuenta con buenos resultados: de 25 a 30 personas en cada sesión de América Latina, con participantes de Argentina, Colombia, México, Canadá o Uruguay; y 10 a 12, personas, de Italia, Israel, España u Holanda, en el club de Europa.

Luisa y Federico son dos caras de la misma moneda: un auge que ya suma más de cinco años, y que crece gracias a las redes sociales. Quienes participan y organizan estos clubes valoran las facilidades que brinda la virtualidad, incluidos las formas de pago mucho más fáciles, los libros digitales más accesibles o la posibilidad de reunir a personas de diferentes países que desean hablar de temas que les son comunes.

Detrás del auge también está una oferta muy variada. Hay clubes virtuales y presenciales; algunos organizados por escritores, otros por lectores apasionados; para lectores consumados y no tan consumados; de géneros específicos o solos de mujeres, como el de la escritora Yolanda Reyes que, en su librería Espantapájaros en Bogotá, dirige “Mujeres que se leen”, en el cual leen solo escritoras y una que otra vez se cuela un escritor, escogidos siempre por ella. Son 50 mujeres, de las que unas 30 llegan a la reunión presencial de cada mes.

Tanto Yolanda como Federico invitan a autores. En Literatus, han estado recientemente escritoras muy reconocidas como Fernanda Trías y María Fernando Ampuero; y en el de Reyes, Piedad Bonnett, Diana Ospina y Ricardo Silva Romero.

Las condiciones para participar también varían. Yolanda no cobra por asistir, pero sí es requisito comprar el libro en Espantapájaros. En cambio, los miembros de los clubes virtuales de Literatus pueden comprar el libro donde quieran, pero pagan una tarifa mensual de seis dólares (unos 19.000 pesos) como mínimo. El monto es mayor para quienes participan también en sus clubes de escritura, en los que Baraya les revisa sus textos.

María Antonia León es otra escritora que dirige un club de lectura, llamado “Una mujer singular”. Ella cobra 22.000 pesos por participar en cada sesión, y en muchas ocasiones ayuda a conseguir los libros con descuento. En su club solo leen escritoras colombianas; muchas de ellas, como Teresita Goyeneche y Diana Ospina, han asistido como invitadas.

León tiene muy claro lo que busca. “Un club de lectura de mujeres leyendo mujeres es una transgresión, un gesto rebelde, uno que dice que nosotras, como lectoras del siglo XXI, queremos feminizar el canon literario colombiano y darle lugar a las voces que el patriarcado quiso silenciar”, explica. “También es una forma de entablar un diálogo entre el presente y el pasado, nos permite preguntarnos cómo es ser mujer en esta época, mientras leemos cómo fue la experiencia para nuestras ancestras. Redescubrimos el país en la mirada de las mujeres que lo escribieron mucho antes que nosotras”.

Este club tiene la particularidad de ser híbrido. Nació hace 18 meses, han leído 15 autoras colombianas del pasado y del presente representadas en 16 libros, con un promedio de 17 participantes por sesión, de diferentes ciudades del país como Medellín, Bogotá, Manizales, Ibagué o Santa Marta.

Muchas librerías independientes también han creado sus propios clubes de lectura para promover sus ventas. Para los escritores, mientras tanto, se han convertido en una nueva puerta para promocionar sus libros.

Además de esas virtudes, los clubes ayudan a las personas a socializar y a encontrarse con gente de diferentes edades y generaciones. En los encuentros, lo único común son el idioma y la literatura y, como explica León, crean espacios especiales. “No puedo imaginar un modo más bello de crear lazos con otras personas, pues la escritura misma es un tejido. Así como una escritora crea tramas, arma nudos de conflicto, hila historias en su texto, también una lectora puede husmear en su tejido y corromper algunas de sus lanas, descifrar un código que a veces ni su creadora había visto, y abrir para las contertulias una nueva forma de leer y de entender un mismo libro. Participar en un club de lectura es como leer un solo libro varias veces, porque hablar sobre lo leído le da más sentido a los materiales y profundiza la experiencia de contemplación artística. Nace así, con los libros y en los libros, una nueva forma de amistad”.

 

Noticias de Interés