Yasmina (38, Barcelona), recuerda el momento exacto en que Off Campus dejó de ser una serie para convertirse en otra cosa. En el primer episodio, Garrett Graham, el jugador de hockey más popular del campus, se dirige a Hannah, una estudiante aplicada que pasa desapercibida. “En algún momento muchas nos hemos sentido la chica que saca buenas notas, que no destaca y de la que nadie, especialmente el chico más guapo y popular, se acuerda del nombre”, explica. “Ese momento me hizo clic importante”. La historia de Off Campus empieza once años antes de su estreno. En 2015, la autora canadiense Elle Kennedy publicó The Deal, primera entrega de la saga, en el underground del romance digital; Amazon adquirió los derechos en el año 2024, cuando el libro llevaba algunos años en circulación, pero todavía no había explotado en nuestro scroll en redes sociales.
Yasmina (38, Barcelona), recuerda el momento exacto en que Off Campus dejó de ser una serie para convertirse en otra cosa. En el primer episodio, Garrett Graham, el jugador de hockey más popular del campus, se dirige a Hannah, una estudiante aplicada que pasa desapercibida. “En algún momento muchas nos hemos sentido la chica que saca buenas notas, que no destaca y de la que nadie, especialmente el chico más guapo y popular, se acuerda del nombre”, explica. “Ese momento me hizo clic importante”. La historia de Off Campus empieza once años antes de su estreno. En 2015, la autora canadiense Elle Kennedy publicó The Deal, primera entrega de la saga, en el underground del romance digital; Amazon adquirió los derechos en el año 2024, cuando el libro llevaba algunos años en circulación, pero todavía no había explotado en nuestro scroll en redes sociales. Seguir leyendo
Yasmina (38, Barcelona), recuerda el momento exacto en que Off Campus dejó de ser una serie para convertirse en otra cosa. En el primer episodio, Garrett Graham, el jugador de hockey más popular del campus, se dirige a Hannah, una estudiante aplicada que pasa desapercibida. “En algún momento muchas nos hemos sentido la chica que saca buenas notas, que no destaca y de la que nadie, especialmente el chico más guapo y popular, se acuerda del nombre”, explica. “Ese momento me hizo clic importante”. La historia de Off Campus empieza once años antes de su estreno. En 2015, la autora canadiense Elle Kennedy publicó The Deal, primera entrega de la saga, en el underground del romance digital; Amazon adquirió los derechos en el año 2024, cuando el libro llevaba algunos años en circulación, pero todavía no había explotado en nuestro scroll en redes sociales.
Lo que vino después fue gracias al fenómeno #BookTok, la comunidad literaria de TikTok que hizo que la saga vendiera más de tres millones de copias y construyó la audiencia a la que Prime Video ha sabido sacarle partido. Así, el 13 de mayo de 2026, Off Campus se estrenó en Amazon y en un par de días se convirtió en la serie más vista en 48 países, por delante de la temporada final de The Boys. El mismo patrón se repite en El verano en que me enamoré (Amazon, 2022), Maxton Hall (Amazon, 2024) y Todos nuestros años, estrenada el pasado 10 de junio en la misma plataforma y basada en una novela de Carley Fortune que acumula más de 81 millones de visualizaciones bajo su etiqueta en TikTok. En cuatro años, Prime Video ha construido sistemáticamente un universo de romance BookTok que compite directamente con el de Los Bridgerton de Netflix.
Alberto Rey, periodista y crítico de series lo dice sin eufemismos: “Probablemente Netflix y Prime tengan súper claro todo”; la duda, apunta, no está en si las plataformas saben quién ve estas series —los algoritmos se lo dicen con precisión quirúrgica— sino en si la crítica cultural estaba dispuesta a mirarlo. “De alguna manera la crítica ha aplicado los sesgos clásicos: el paternalista, el edadista, el de los hombres saben más que las mujeres”, concluye. Rey tiene claro que lo que hace funcionar estas series no es su originalidad, sino exactamente lo contrario. “Lo peor que puede hacer una serie de este tipo es ser revolucionaria. Es la repetición, es calor de hogar, es sabías a lo que venías. Hay una serie de historias arquetípicas que, si lo son, es porque funcionan».
Hombres escritos por mujeres
Pero ¿qué tiene exactamente este tipo de ficción que no tienen otras y engancha tanto a mujeres millennials? La respuesta que emerge de forma casi unánime entre quienes la consumen no tiene que ver con la nostalgia sino con un modelo de masculinidad que, en la vida real, escasea y que se aleja de la cultura tóxica de las relaciones. La psicóloga Lorena Santana lo asocia a la neurobiología. “No es que esas mujeres hayan dejado de querer sentir, es que llevan años funcionando en modo supervivencia, y desde ahí la erótica simplemente no encuentra espacio. Entonces aparece una serie, un personaje que te hace sentir vista y el sistema nervioso responde porque no hay nada que gestionar, nadie a quien cuidar, ninguna consecuencia que anticipar. Es un espacio de deseo sin coste”.
Marta (46, Barcelona), fan de El verano en que me enamoré desde su primera temporada, lleva esa lógica al terreno más personal: “Nos conecta con nuestra adolescencia, nos hace revivir esa pasión, esas mariposas en el estómago que la mayoría hace tiempo que no experimentamos”. Llegó a confeccionarse una camiseta con el lema Team Conrad y recuerda ir por la calle bien orgullosa sintiendo miradas de apreciación de muchas mujeres. Su reflexión llega incluso a ser más honesta afirmando que le habría gustado verlas cuando tenía veinte años, “para ser más como Hannah de Off Campus y menos como Conrad de TSITP». Santana añade un matiz a todo esto y cree que “lo preocupante de que una mujer se enganche a una serie romántica no es que la consuma, sino que eso sea suficiente para sostener su vida afectiva”. Tiene claro que no quieren volver a ser adolescentes, pero sí sentir esa intensidad del romance nuevo y lo desconocido, y ahí es donde está uno de los factores del éxito de este tipo de ficción.

Algoritmos, literatura romántica y fenómeno fan
Uno de los efectos más destacables del fenómeno es que una comunidad que durante años existió de forma casi invisible —lectoras de romance que se recomendaban libros en Goodreads, en Wattpad, luego en TikTok— ha encontrado, por primera vez, espacios físicos donde existir y ser reconocidas a raíz de los estrenos en streaming de sus novelas favoritas. Un ejemplo de ello ha sido el nacimiento en 2025 de la librería A Romance Court que abrió en el barrio de Gràcia de Barcelona hace menos de un año y está especializada en romance y fantasía. Su fundadora Micaela Villani lo comprobó desde el primer día: “La mayoría de nuestras clientas para este tipo de títulos están entre los veinte y treinta y tantos años: lectoras con carreras profesionales consolidadas, familias o vidas muy ocupadas, que encuentran en la lectura un espacio propio de disfrute y desconexión”.
La librería organiza eventos semanales —un Open Court sin libro que funciona como club de conversación, noches de juegos, clubes de lectura con autoras en directo— y tiene preparada una viewing party de Off Campus para julio. “Muchas clientas nos dicen que entrar en la librería es como entrar físicamente en su algoritmo de BookTok: encuentran recomendaciones, personas con sus mismos gustos y un espacio donde nadie las juzga por lo que leen”, añade. No es tan diferente, señala Villani, a llevar la camiseta del equipo favorito o de una banda que te ha marcado. Las lectoras de romance llevan décadas construyendo identidad alrededor de personajes ficticios. Lo nuevo es que ahora lo hacen en público gracias a su salto a la pequeña pantalla. “Las series han convertido una afición privada en una experiencia colectiva”, dice la fundadora de A Romance Court.
Este fenómeno de las mujeres adultas enganchadas a ficciones de veinteañeros se puede asociar a otro campo dentro del mundo del cine y la comedia romántica, con una oleada de películas protagonizadas por mujeres de cuarenta y cincuenta que tienen romances con hombres bastante más jóvenes: La idea de tenerte (Prime Video, 2024) con Anne Hathaway, Babygirl (2024) con Nicole Kidman o Bridget Jones: Loca por él (2025) con Renée Zellweger y Leo Woodall (separados en la ficción por veintidós años). Incluso Michael Morris, director de esta última, habló de la erosión de un muro invisible que durante décadas había hecho que la cultura fuera menos interesada en las mujeres a partir de cierta edad. Para Alberto Rey, ambos fenómenos forman parte del mismo movimiento de fondo: “Las mujeres han demostrado a las plataformas y a las productoras que pensando solamente en ellas se pueden tener grandes éxitos”.
Es curioso que la escena de Off Campus que más reacciones generó en redes no fue un beso ni una secuencia de tensión sexual, fue una conversación entre dos jugadores de hockey sobre el placer femenino y el consentimiento. Laura (40, Galicia) ha visto todas las series y lo condensa en una frase que resume bien el fenómeno, “estábamos programadas para esperar lo peor y nos sorprendió”; esto es un claro diagnóstico sobre cuánto ha normalizado la ficción romántica la toxicidad como ingrediente obligatorio en sus tramas. Santana identifica aquí una brecha clara entre sexos, ya que “las mujeres llevamos tiempo revisando en terapia nuestros patrones, pero mientras muchas mujeres han estado haciendo ese trabajo, una parte importante de los hombres heterosexuales no ha recorrido ese mismo camino”.
Y es cierto, desde hace tiempo las mujeres ya no buscan un hombre proveedor que las proteja, el feminismo y la conversación ha cambiado hacia la necesidad otro modelo de hombre más implicado con una masculinidad más sana. Garrett Graham y Conrad Fisher no son una fantasía adolescente o una huida hacia esa nostalgia que provoca la vida adulta llena de responsabilidades; son una descripción muy precisa de algo que ha fallado en la pantalla durante mucho tiempo y que, desde las páginas de romance juvenil y gracias a la viralidad en redes sociales, se ha traducido en personajes masculinos sensibles, emocionalmente disponibles, alejados de la toxicidad a la que nos acostumbró durante décadas la ficción romántica.
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