Ninguna de ellas ha confirmado que la intérprete sea la protagonista de `Life of M’ (La Vida de M)
La ficción literaria se monta con retazos de realidad. La construcción psicológica de los personajes toma siempre algo o mucho prestado de las personas de carne y hueso. El escándalo surge cuando la copia es evidente. Evelyn Waugh imaginó en Retorno a Bridesheadal arribista Rex Mottram, esposo de Lady Julia Flyte, a partir de Brendan Bracken, el ministro de Churchill cuya pomposidad y vanidad detestaba el escritor. Truman Capote fue condenado al ostracismo social y a la depresión cuando reveló los secretos de “los cisnes”, las socialités neoyorquinas cuya amistad cultivó, en Plegarias Atendidas.
La escritora Rachel Cusk ha protagonizado la “traición literaria” del verano con su novela Life of M (La Vida de M), publicada este martes en inglés, la historia mal disimulada de una actriz a la que los críticos identificaron de inmediato con Natalie Portman. M, según el libro, comenzó su carrera cinematográfica con un papel muy de “Lolita” del que su madre exigió que desaparecieran las escenas sexuales. Portman nunca estuvo a gusto con su interpretación de Mathilda y su sexualizada relación con un asesino en el filme El Profesional (Léon), de Luc Besson, cuando ella tenía aún 11 años.
M hizo de bailarina en uno de sus papeles más relevantes y exitosos. Como Portman, que con El cisne negro obtuvo una catarata de premios y reconocimientos, incluido el Oscar. M trabaja para una conocida firma de cosméticos; Portman es embajadora de Dior. M vive en una capital europea. Portman, en París.
La actriz, de nacionalidad israelí y estadounidense (Jerusalén, 45 años), que es además directora, productora, psicóloga y lectora voraz, mantuvo una relación pública con Cusk, de cuya obra se declaró admiradora. Incorporó algunas de sus novelas al club del libro que dirige y mantuvo al menos un debate público sobre su Desfile, uno de sus trabajos, en 2024.
El entorno de Portman ha transmitido su irritación y malestar por la aparición del libro, que ha llegado a las librerías del Reino Unido este 25 de agosto, pero no ha habido una reacción oficial y expresa de la actriz, que intenta pasar cuanto antes página de este episodio y no darle más publicidad de la debida.
M aparece en el libro como un personaje incapaz de construir una emoción humana, convencido de que “se puede hacer ingeniería con la realidad”, tenso, corto de miras, alienado. Lo paradójico, han señalado las críticas, es que Cusk ha vuelto a exprimir cruelmente a alguien real con el único propósito que ha perseguido siempre: escribir sobre sí misma.
El “fin” del personaje
Rachel Cusk (Saskatoon, Canadá, 59 años) se trasladó al Reino Unido a los ocho años y vivió allí hasta que se instaló en París en 2021. Tiene una legión de seguidores y gran acumulación de premios por una obra llevada cada vez más al extremo, una deconstrucción de la literatura en la que han ido desapareciendo elementos clásicos de la ficción realista como la trama o los personajes, para centrarse en la pura experiencia humana a través de distintas conversaciones de un narrador anónimo con los caracteres que van saliendo a su encuentro. “No creo que el personaje exista ya [en la literatura]”, dijo en 2018 al The New Yorker en una entrevista.

Con Un trabajo para toda la vida, su brutal y despectiva descripción de la maternidad, levantó ampollas en los círculos literarios y no literarios, y casi fue acusada de infanticida. No tardó en ir más lejos. Con Aftermath y Despojos, Cusk plantea un naufragio moral y personal al describir su divorcio del fotógrafo Adrian Clarke, que algunos críticos calificaron de “obra maestra de disección moral”, como Julie Burchill en The Guardian, y otros de inenarrable ejercicio de narcisismo por parte de la autora.
Tampoco Cusk ha querido hacer comentario alguno sobre su choque con Portman, o incluso sobre la posibilidad de que la actriz sea realmente la inspiración de M, aunque no existan dudas al respecto en todas las piezas periodísticas que se han escrito sobre el tórrido asunto en los medios británicos y estadounidenses.
Al principio de la novela, el narrador anónimo anuncia a M su intención de escribir su biografía. “¿Y qué harás? ¿Inventártela?”, responde la interpelada. Al final del libro, M se queja al autor de que ha realizado un retrato “doloroso” de ella, en el que se la muestra como alguien “incapaz de amar”. Imposible saber si el planteamiento y el desenlace obedecen a un intercambio real entre Portman y Cusk.
Amistad rota
Los medios presentan el libro como el detonante de la ruptura de una amistad, pero el entorno de la actriz ha insistido en señalar de modo anónimo que la relación entra ambas fue escasa, y nunca salió del ámbito profesional.
Si non è vero, en cualquier caso, è ben trovato. Si no es verdad, debería serlo. Porque el episodio se ajusta como anillo al dedo a los personajes que lo han protagonizado. Cusk no ha dudado nunca en explotar a todos los que, a su alrededor, han sido fuente de material literario. La editorial tuvo que retirar y destruir la primera edición de The Last Supper: A Summer in Italy (La última cena: un verano en Italia, nunca publicada en español), porque las descripciones de los personajes del libro se acercaban tan peligrosamente a las personas con las que la escritora viajó a Italia que surgió la amenaza de una denuncia por difamación ante los tribunales.
Y Portman había tenido ya un episodio turbulento anterior con otro escritor. Su intercambio de correos con el estadounidense Jonathan Safran-Foer, publicado en 2016 por The New York Times Style Magazine, acabó siendo objeto de mofa en las redes y carne de memes, por la aparente pretenciosidad y satisfacción con su propia persona de ambos, al discutir temas como el veganismo, la literatura o el judaísmo.
Aquel episodio, que pudo haber sido un gran golpe publicitario para la siguiente novela de Safran-Foer, Aquí estoy, acabó sepultado con el cotilleo romántico el trabajo literario del escritor. En el caso de Cusk, el autocontrol de ella, y de quien supone la materia prima de su último trabajo, Portman, puede derivar en un mayor interés por el libro en sí mismo, cuando el culebrón pierda fuelle.
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La ficción literaria se monta con retazos de realidad. La construcción psicológica de los personajes toma siempre algo o mucho prestado de las personas de carne y hueso. El escándalo surge cuando la copia es evidente. Evelyn Waugh imaginó en Retorno a Brideshead al arribista Rex Mottram, esposo de Lady Julia Flyte, a partir de Brendan Bracken, el ministro de Churchill cuya pomposidad y vanidad detestaba el escritor. Truman Capote fue condenado al ostracismo social y a la depresión cuando reveló los secretos de “los cisnes”, las socialités neoyorquinas cuya amistad cultivó, en Plegarias Atendidas.











