Imaginen que Cervantes o Tolstoi hubiesen querido que en su epitafio se recordase que habían luchado en Lepanto o Crimea o que las últimas voluntades de los epitafios de Hemingway o Orwell hubieran sido que vivieron en primera persona la Guerra Civil Española. No son pocos los ejemplos de escritores-soldados, escritores-enfermeros o escritores-corresponsales, entre otros Descartes, Nietzsche, Wittgenstein, Jünger o Pérez Reverte. Lo inverosímil, como en la buena literatura, es realidad en Esquilo (525-456 a.C.), que no quiso ser recordado en su epitafio por ser el padre de la tragedia ática, sino por haber combatido contra los persas en Maratón.
Imaginen que Cervantes o Tolstoi hubiesen querido que en su epitafio se recordase que habían luchado en Lepanto o Crimea o que las últimas voluntades de los epitafios de Hemingway o Orwell hubieran sido que vivieron en primera persona la Guerra Civil Española. No son pocos los ejemplos de escritores-soldados, escritores-enfermeros o escritores-corresponsales, entre otros Descartes, Nietzsche, Wittgenstein, Jünger o Pérez Reverte. Lo inverosímil, como en la buena literatura, es realidad en Esquilo (525-456 a.C.), que no quiso ser recordado en su epitafio por ser el padre de la tragedia ática, sino por haber combatido contra los persas en Maratón. Seguir leyendo
Imaginen que Cervantes o Tolstoi hubiesen querido que en su epitafio se recordase que habían luchado en Lepanto o Crimea o que las últimas voluntades de los epitafios de Hemingway o Orwell hubieran sido que vivieron en primera persona la Guerra Civil Española. No son pocos los ejemplos de escritores-soldados, escritores-enfermeros o escritores-corresponsales, entre otros Descartes, Nietzsche, Wittgenstein, Jünger o Pérez Reverte. Lo inverosímil, como en la buena literatura, es realidad en Esquilo (525-456 a.C.), que no quiso ser recordado en su epitafio por ser el padre de la tragedia ática, sino por haber combatido contra los persas en Maratón.
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