Medio siglo del ‘Informe Hite’, el superventas que reveló la verdad sobre el orgasmo femenino y acabó con su autora en el exilio

Entre los libros que han llegado a nuestros días de la ola feminista de los años setenta, El Informe Hite (1976) es uno de los menos conocidos. Pocas personas conocen el nombre de su autora, Shere Hite, nacida en Misuri en 1942, y el hito que representó que hace 50 años abriera el melón de que la mayoría de las mujeres no experimentaba orgasmos durante la penetración. Lo hizo en esta obra en la que recopilaba las respuestas de 3.000 mujeres de entre 14 y 78 años que, en algunos casos por primera vez, se expresaban libremente sobre su sexualidad. Trabajó durante cinco años en la compilación y síntesis de un volumen titánico de datos que ponían el foco en lo que realmente sentían las mujeres, denunciando una sexología hecha por y para hombres, centrada en el placer masculino y en la idea de penetración vaginal.

Seguir leyendo

 En 1976, la estadounidense Shere Hite saltó a la fama por la publicación de un libro que revelaba cómo las mujeres vivían su sexualidad y que una inmensa mayoría no llegaba al clímax durante el coito. Pese a su gran impacto, hoy sigue siendo difícil hacerse con un ejemplar  

Entre los libros que han llegado a nuestros días de la ola feminista de los años setenta, El Informe Hite (1976) es uno de los menos conocidos. Pocas personas conocen el nombre de su autora, Shere Hite, nacida en Misuri en 1942, y el hito que representó que hace 50 años abriera el melón de que la mayoría de las mujeres no experimentaba orgasmos durante la penetración. Lo hizo en esta obra en la que recopilaba las respuestas de 3.000 mujeres de entre 14 y 78 años que, en algunos casos por primera vez, se expresaban libremente sobre su sexualidad. Trabajó durante cinco años en la compilación y síntesis de un volumen titánico de datos que ponían el foco en lo que realmente sentían las mujeres, denunciando una sexología hecha por y para hombres, centrada en el placer masculino y en la idea de penetración vaginal.

“Hite legitimó la experiencia femenina como una experiencia válida de conocimiento y abrió un debate que cambió la investigación sobre la sexualidad”, opina la sexóloga Ana Sierra. “Fue un auténtico cambio de paradigma. Desmontó la idea de que la penetración era el centro de la respuesta sexual femenina, y que si una mujer no alcanzaba el orgasmo de esa forma el problema estaba en ella. En realidad, puso de manifiesto que el modelo sexual dominante estaba incompleto”, añade. En el libro, Hite se alza contra el discurso histórico según el cual las mujeres tenían más dificultad para tener orgasmos que los hombres. “Mejor aún, se pretendía que una mujer incapaz de tener un orgasmo como un hombre durante el coito sufría simplemente un ‘bloqueo’ debido a un miedo psicológico o una neurosis (…) Erróneas y cargadas de prejuicios, estas ideas fijas han atravesado los siglos como tantas otras verdades intangibles”, escribe Hite.

El Informe Hite fue un éxito desde el principio, pese a los impedimentos de la editorial que, según cuenta su antigua editora en el documental Shere Hite y el orgasmo femenino (Nicole Newnham, 2023), dio la orden de no aceptar más de un cierto número de preventa, lo que limitaba automáticamente la tirada inicial del libro. Sin embargo, en pocos años fue traducido a más de una decena de idiomas y prohibido en una decena de países. Se estima que ha vendido unos 50 millones de ejemplares, lo que lo situaría entre los libros más vendidos de la historia.

Aun así, las violentas críticas de una parte del establishment y la contraofensiva reaccionaria y puritana que siguió a la revolución sexual en los setenta propiciaron que Hite acabara por autoexiliarse en Europa, agotada del clima mediático que la acosaba. Lo llamaban “el informe hate” (odio); decían que se estaba forrando criticando a los hombres y aseguraban que su trabajo buscaba en última instancia decir que las mujeres no necesitaban a los hombres en el sexo. Fue públicamente ridiculizada cuando salió a la luz que Hite había trabajado como modelo (posaba desnuda en ilustraciones para cine y literatura) para costearse los estudios de Historia, y sus métodos eran considerados poco científicos pese a que su estudio se basaba en una muestra de población mayor que la de muchos otros informes aplaudidos por la crítica. “Su metodología tenía limitaciones y la muestra no era representativa, pero eso no le resta valor histórico. Fue una investigación con un enorme peso cualitativo y sociológico, que abrió preguntas que después muchas investigaciones con metodologías más robustas han confirmado”, asegura Sierra.

Hite no era médico ni estaba diplomada en ciencias y su obra era puramente sociológica, pero su intuición puso el foco en cuestiones que quedaron confirmadas más adelante. Además, no perdió de vista el contexto social y la situación de las mujeres en una sociedad patriarcal: hablaba del sexo en contextos de dominación masculina, desigualdad económica, egoísmo de los hombres. “Constató categóricamente que la mayoría de las mujeres sufrían su sexualidad. Tienen más placer masturbándose que con su pareja. Menos de un tercio decía alcanzar el orgasmo con la penetración, y muchas sienten presión para tener relaciones por parte de la sociedad o de sus parejas”, escribe la terapeuta sexual Charline Vermont en el prefacio de la última edición, publicada en Francia en 2026.

Una muestra clara del clima de la época es que, cuando el informe llegó a las librerías, violar a la propia esposa era legal en la mayoría de los estados de EE UU y no constituía delito en España (ni en muchos países de Europa), donde los tribunales tardarían todavía dos décadas en reconocerlo y desprenderse de esa idea del “débito conyugal”.

Hite, que escapaba en su informe al paradigma de la heterosexualidad y evocaba todo tipo de relaciones sexuales, tuvo que defenderse de las acusaciones de misandria explicando que no veía “de qué modo la igualdad era peligrosa”. Años después, en un segundo informe dedicado a la sexualidad masculina, aseguraba que su intención era liberar a los hombres del peso de sus supuestas obligaciones sexuales. “Es difícil para un hombre criticar la idea de masculinidad porque, si lo hace, ya sea en el plano sexual o profesional, se arriesga a ser despreciado por otros hombres que dirán que no es un hombre de verdad”, decía en una entrevista en los ochenta. Poco después, se fue de Estados Unidos y renunció a su nacionalidad para obtener la alemana. Murió en 2020, a los 77 años.

Pese al éxito y el impacto de El Informe Hite, hoy sigue siendo difícil hacerse con un ejemplar en librerías. En España está descatalogado desde hace décadas, y la última edición rastreable data de los años ochenta. El 50º aniversario del informe está facilitando ciertas reediciones, como el caso de Francia; o en Estados Unidos, donde acaban de recuperar el estudio que publicó años después con encuestas sobre sexualidad masculina.

A la educadora sexual Andrea Aguilar, autora del libro Mujer orgásmica, sin embargo, no le sorprende que haya desaparecido de las librerías. “Las cosas tienen sus momentos”, opina. “Este libro ya hizo su aporte. Por desgracia, no está suficientemente desfasado: debería estarlo mucho más. Ahora lo que tenemos que hacer es otra cosa”, defiende. Para Aguilar, la revolución que encarnaron Hite y las de su generación dando voz a las mujeres, poniendo el clítoris en el mapa y reivindicando que el placer femenino importaba, era “necesaria e imprescindible”, pero se construyó en buena medida imitando el modelo masculino: la descarga rápida, el orgasmo como meta. “Hemos reconquistado una parte, pero ahora nos queda conquistar el verdadero potencial del placer femenino. ¿Podemos ahora hacer la segunda revolución?”, propone.

Esa segunda revolución, dice, pasa por una sexualidad menos centrada en el rendimiento y también por volver a hacer lo que hizo Hite: preguntar. Medio siglo después, quedan territorios enteros del placer femenino sin apenas investigación científica (Aguilar cita la eyaculación femenina), y quizá haga falta una nueva encuesta a gran escala que retrate, como en 1976, lo que las mujeres sienten de verdad.

Por su parte, Sierra lamenta que “hemos cambiado el conocimiento mucho más rápido de lo que hemos cambiado la cultura” y, aunque el tiempo y los estudios han dado la razón a mucho de lo que adelantó Hite, “sigue existiendo y afectando la brecha orgásmica, es decir, de la diferencia en la frecuencia con la que hombres y mujeres alcanzan el orgasmo, especialmente en las relaciones heterosexuales”. “Culturalmente seguimos bastante centrados en la penetración y en una visión muy finalista del sexo”, sostien Sierra. Quizá esa sea la mejor explicación de por qué un libro que vendió 50 millones de ejemplares no se encuentra hoy en las librerías: su tesis ya no escandaliza, pero sus preguntas siguen resonando en la actualidad. “El gran legado de El Informe Hite”, concluye Sierra, “fue recordarnos que escuchar la experiencia de las mujeres no era una cuestión ideológica; era una forma de hacer mejor ciencia”.

 EL PAÍS

Noticias de Interés