Es un drama, pero hay mucho de comedia absurda en esta película, la nueva historia mínima del mexicano Fernando Eimbcke
Es un drama, pero hay mucho de comedia absurda en Moscas, la nueva obra mínima del mexicano Fernando Eimbcke, acostumbrado a contar historias de calado mediante métodos de suave sencillez. De comedia absurda, e incluso física. De hecho, la película se inicia con una secuencia prólogo que nos retrotrae a un emblemático gag visual del cine de Jacques Tati. Aquel en el que el desgarbado cartero François de Día de fiesta (1948), interpretado por el propio director, intenta cazar una mosca cojonera que no le deja circular con tranquilidad ni hacer su trabajo.
La secuencia de Eimbcke se asienta en parecidos postulados de lenguaje cinematográfico: silencio absoluto, salvo el zumbido intermitente del insecto, lo que lleva a la amplia sonrisa. Un slapstick sonoro. Y también de presentación del personaje, marcando la obstinación de ambos por atrapar al incordio. Ahora bien, frente a la desesperación de Tati, la madura mujer de Moscas, a la que el díptero volante no deja tranquila en el salón de casa, impone otras características: paciencia, planificación, experiencia. Y, por supuesto, está también el simbolismo de la propuesta: la verdadera mosca cojonera aún está por llegar, y será en forma de niño que cambiará la vida, el carácter y los objetivos de una señora jubilada que nada parece querer del mundo exterior, y aún menos de un chavalín de nueve años. Su mundo de sudokus, siestas y televisión se resquebraja.

Habitación en alquiler. La mujer necesita algo de dinero. Y hasta allí llega un hombre supuestamente solo, que en realidad encubre a un hijo: ese niño que duerme con él por las noches sin que la dueña de la casa se entere. De fondo, el drama, que también lo tiene la película: la esposa del primero y madre del segundo está en el hospital de enfrente, enferma de cáncer. Así, Moscas, a concurso en el pasado festival de Berlín, se convierte también en una película social sin ser estrictamente crítica ni activista. Y en ese sentido, subrayada también por la filmación en blanco y negro, entronca (salvando las distancias) con el cine de otro tótem de la comedia: Charles Chaplin.
Hay algo de El chico (1921) y sobre todo del mediometraje Vida de perro (1918) en Moscas. De la primera, el simpático cuidado del hijo por parte del padre, siempre jugando, siempre encubriendo el drama que subyace en la situación de ambos con subterfugios divertidos y encantadores. Y de Vida de perro, esos esfuerzos continuos por esconderlo en lugares a los que le queda prohibido entrar o estar (como al perrillo de Chaplin), con la policía detrás (en este caso, guardias jurados), huyendo de situaciones desesperadas, aunque sin dejar de ser una comedia. La vida (triste) como un juego.
Cierto que la historia es esquelética, pero el encanto de la propuesta y la puesta en escena de Eimbcke, director de Temporada de patos (2004), y ganador del premio a la mejor dirección en el festival de San Sebastián con Club Sandwich (2013), sostienen el conjunto, que a veces puede dar la impresión de corto alargado. Planos fijos, muchas veces frontales, para acentuar la comedia; planos-detalle de manos y caricias, plenos de delicadeza; borrados del sonido en situaciones lúgubres; sonido de coches y vértigo de la ciudad, pero sin que esta se vea, siempre en fuera de campo.
En la segunda mitad, la película parece atascarse un tanto en torno a la reiteración en una máquina de marcianitos (una vieja Arcade), que también ejerce de metáfora: matar enemigos como el que expulsa problemas, traumas y células enfermas. Pero Eimbcke nunca pierde el tono de ternura en la desdicha, sin llegar a la tragedia de Nadie sabe (2004), de Hirokazu Kore-eda, con la que también puede haber paralelismos. Y, con la ayuda de un par de bonitos personajes secundarios y de un estupendo final que se escapa de lo convencional, remata con humanismo su minúsculo relato de moscas, calamidades y sonrisas.
Moscas
Dirección: Fernando Eimbcke.
Intérpretes: Teresita Sánchez, Bastian Escobar, Hugo Ramírez, Enrique Arreola.
Género: comedia dramática. México, 2026.
Duración: 102 minutos.
Estreno: 23 de octubre.
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Es un drama, pero hay mucho de comedia absurda en Moscas, la nueva obra mínima del mexicano Fernando Eimbcke, acostumbrado a contar historias de calado mediante métodos de suave sencillez. De comedia absurda, e incluso física. De hecho, la película se inicia con una secuencia prólogo que nos retrotrae a un emblemático gag visual del cine de Jacques Tati. Aquel en el que el desgarbado cartero François de Día de fiesta (1948), interpretado por el propio director, intenta cazar una mosca cojonera que no le deja circular con tranquilidad ni hacer su trabajo.
Moscas
Dirección: Fernando Eimbcke.
Intérpretes: Teresita Sánchez, Bastian Escobar, Hugo Ramírez, Enrique Arreola.
Género: comedia dramática. México, 2026.
Duración: 102 minutos.
Estreno: 23 de octubre.











