“El barrio de Salamanca es un manifiesto político. Una concreción urbanística del proyecto liberal”. Así comienza este atípico libro, a medio camino entre la crónica y el ensayo, dedicado a una calle del Madrid señorial algo menos célebre que la Gran Vía: Ortega y Gasset, antes llamada Lista.
“El barrio de Salamanca es un manifiesto político. Una concreción urbanística del proyecto liberal”. Así comienza este atípico libro, a medio camino entre la crónica y el ensayo, dedicado a una calle del Madrid señorial algo menos célebre que la Gran Vía: Ortega y Gasset, antes llamada Lista. Seguir leyendo
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia
Carlos Alberdi analiza la historia de la vía madrileña para comprender cómo las transformaciones histórico-sociales modelaron su aspecto
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“El barrio de Salamanca es un manifiesto político. Una concreción urbanística del proyecto liberal”. Así comienza este atípico libro, a medio camino entre la crónica y el ensayo, dedicado a una calle del Madrid señorial algo menos célebre que la Gran Vía: Ortega y Gasset, antes llamada Lista.
Carlos Alberdi es un observador excelente. En Ortega y Gasset, antes Lista (Abada, 2026) se coloca unas gafas de narrador perequiano para recorrer la calle de arriba abajo, saltando entre pasado y presente con el fin de explicárnosla con detenimiento. Para él, Ortega y Gasset se asemejaría a una dentadura noble, muy arreglada y empastada. Alberdi sabe identificar las piezas que faltan —la librería Miessner o el cine Fantasio— y recordar lo que significaron en su día; detecta también las que han sido sustituidas por otras más funcionales (no podía faltar la cadena Starbucks) y las que todavía brillan en su lugar de origen, por ejemplo, el Palacete de los March, entre Núñez de Balboa y Castelló, a dos pasos de la fundación homónima.
Este ejercicio, que podría calificarse de psicogeográfico, nos remite de inmediato al Perec de Tentativa de agotamiento de un lugar parisino o La Rue Vilin, el detallado informe sobre las transformaciones de la calle donde pasó parte de su infancia. Ortega y Gasset, antes Lista también sintoniza con autores como Iain Sinclair o Will Self, atentos a los cambios de las ciudades que conocen —en el caso de ambos, Londres— para comprender cómo las transformaciones histórico-sociales han dejado su impronta en ellas. Hay también ecos de la figura del flâneur asociada a Baudelaire, si bien Alberdi es un alumno metódico y, en lugar de pasear sin rumbo fijo, decide dar fe de la calle elegida de principio a fin —cada capítulo corresponde a una manzana— y evita perderse por itinerarios secundarios, aunque estos comparezcan ocasionalmente en forma de cameo.
El libro es también un homenaje a la cotidianidad de un país. Por eso El Corte Inglés de la esquina de Ortega y Gasset con Serrano recibe una atención considerable, por lo que ha supuesto para el barrio y, por extensión, para toda la ciudad. Siguiendo la metáfora odontológica, podría decirse que sin El Corte Inglés a Madrid le faltarían piezas dentales. Pero la obra no se limita al inventario ni al homenaje: Alberdi introduce en ella una crítica social sin estridencias que aflora entre los comercios, los edificios y las historias de quienes los ocuparon. No es una apuesta habitual en la literatura española contemporánea, de ahí que la aparición de un libro como este resulte especialmente bienvenida. Un precedente cercano podría ser otro título del propio autor, Ciento un autobuses de Madrid (Abada Editores, 2024), un diccionario personal de las líneas de autobús más significativas de la capital y de los paisajes urbanos que atraviesan.
En definitiva, la imagen que emerge tras su lectura es la de una ciudad con más capas de las que parece tener a simple vista. Madrid, y en particular el barrio de Salamanca, quizá no constituyan el palimpsesto que sí es Roma, pero ofrecen suficientes estratos como para demorarse en sus cotilleos. Alberdi actúa como un arqueólogo entusiasta que prescinde de la nostalgia y acerca la lupa a los detalles más concretos de la calle. Al terminar el libro, uno tiene la impresión de que cualquier vía de nuestras ciudades merece ser observada con la misma atención. El primer paso consistiría, quizá, en guardar el móvil en el bolsillo al recorrerla.
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