Radiografía en datos del Bono Cultural Joven: crecen beneficiarios y gasto, pero con los mismos excluidos de siempre

Menuda fiesta los 18 años. Al fin se puede votar, firmar un contrato, conducir un coche o reservar un tren. Hasta el Gobierno lo celebra: desde 2022 concede a cada cumpleañero 400 euros para gastar en obras, actividades y suscripciones del sector artístico. Aunque el denominado Bono Cultural Joven también viene con deberes: hay que solicitarlo y resolver la tramitación, una gestión no siempre al alcance de todos, como cuentan los datos desglosados a los que ha tenido acceso EL PAÍS a través de una petición al Ministerio de Cultura. Una vez concedido, además, toca decidir en qué emplearlo, y hacerlo según las reglas. El usuario que las infrinja tendrá que reintegrar los fondos. Y las empresas pueden afrontar una suspensión temporal, como ha sucedido estas últimas semanas con MediaMarkt, Discocil y Weezevent. O incluso peor, como la discoteca madrileña Jowke. En un vídeo que se ha viralizado en los últimos días, el dueño de este local mostraba cómo comprar una copa con el bono. Se ha convertido, así, en la primera empresa expulsada del programa.

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 Casi un 70% de quienes cumplen 18 años ya accede a los 400 euros regalados por el Gobierno pero la quinta edición prepara cambios para resolver la falta de acceso entre los más pobres, los residentes en pequeños municipios o los extranjeros  

Menuda fiesta los 18 años. Al fin se puede votar, firmar un contrato, conducir un coche o reservar un tren. Hasta el Gobierno lo celebra: desde 2022 concede a cada cumpleañero 400 euros para gastar en obras, actividades y suscripciones del sector artístico. El denominado Bono Cultural Joven también implica requisitos para solicitarlo y, sobre todo, para resolver la tramitación, una gestión que no siempre está al alcance de todos los jóvenes, como cuentan los datos desglosados a los que ha tenido acceso EL PAÍS a través de una petición al Ministerio de Cultura. Una vez concedido, toca decidir en qué emplearlo, y hacerlo según unas reglas. El usuario que las infrinja tendrá que reintegrar los fondos. Y las empresas que tampoco se atengan a la normativa pueden afrontar una suspensión temporal, como ha sucedido estas últimas semanas con MediaMarkt, Discocil y Weezevent. El caso más grave ha sido el de la discoteca madrileña Jowke. En un vídeo que se ha viralizado en los últimos días, el dueño de este local mostraba cómo comprar una copa con el bono. Este gesto ha hecho que se haya convertido en la primera empresa expulsada del programa.

Beneficiarios (Gráfico de columnas)

Con la quinta edición a punto de arrancar en pocos meses, la iniciativa, pese a las polémicas recientes, se consolida. “Se hace cada vez más conocido. Sabemos que hay muchos que esperan con ganas los 18 años para tenerlo”, asegura Jazmín Beirak, directora general de Derechos Culturales, el departamento encargado del proyecto estrella del Ministerio. Las estadísticas constatan un aumento progresivo de beneficiarios, en todas las provincias, hasta un 68% ―cifra provisional de 2025― de los que tienen derecho, igual que crece el gasto medio, ya en torno a los 300 euros. Pero un 70% del desembolso se concentra en una quincena de grandes empresas. Y, sobre todo, la ayuda llega mucho menos a los jóvenes ya de por sí más excluidos, aquellos que pertenecen a familias con rentas más bajas.

Gasto (Gráfico de columnas)

Beirak admite que es una prioridad: “Nos preocupa tanto que el único estudio que hay sobre su uso según la renta lo pedimos nosotros”. Realizado en 2022 con la Agencia Tributaria, dio la conclusión más previsible y temida: los más ricos emplean más el bono. En concreto, en los hogares con más de 83.000 euros, se benefició el 68,9% de quienes podían pedirlo. El porcentaje va bajando hasta que, en las casas que sobreviven con menos de 9.400 euros al año, solo lo aprovechó el 30% de los cumpleañeros. Los residentes extranjeros o en municipios pequeños también muestran una participación mucho menor en la iniciativa. De ahí que Beirak anuncie “un nuevo ciclo”: “Por un lado, incluirá cursos y materiales artísticos, la compra de instrumentos y cámaras fotográficas, para fomentar la dimensión activa, la creación. Y luego buscamos mecanismos de intermediación para que los jóvenes en situación de mayor vulnerabilidad logren acceder. Se ha visto que es una herramienta de incentivo del consumo cultural. Nos queda el reto de que sea también más equitativa”.

El público va creciendo. Al proyecto piloto, hace cuatro años, se apuntó el 54,3% de los potenciales beneficiarios. Y 18app, el programa italiano en el que el bono se inspiró, cerró su última edición en 2023 con una adhesión del 81,5%. Luego, el Gobierno de la ultraderechista Giorgia Meloni lo sustituyó por dos ayudas basadas en la renta y el mérito escolar, cuyo arranque generó cifras “decepcionantes” según varios medios locales. Beirak, en todo caso, no se plantea cambios en ese sentido.

El Bono Cultural Joven reincorporó la tauromaquia después de que el Supremo fallara en contra de su exclusión, y continúa sin incluir el gasto en juegos de mesa, para tristeza del sector.

Beneficiarios por tamaño del municipio (Tabla)

En ciudades con más de 50.000 habitantes los beneficiarios superan incluso la media nacional. Pero en municipios más pequeños, donde reside casi la mitad de la población, la adhesión se queda por debajo de la media, y se reduce a medida que lo hace el tamaño del lugar donde se habita. En teoría, además, a jóvenes de otras nacionalidades con residencia legal en España o que sean “solicitantes de asilo, de protección temporal, o personas extranjeras extuteladas en trámites de obtención del permiso de residencia” les corresponde el bono. Pese a crecer cada año, sin embargo, su acceso no llega siquiera al 20% de quienes tienen este derecho. En 2022, apenas pasó del 11%. En ausencia de un desglose por nivel de estudios, resulta que el bono reproduce, o no consigue corregir, todos los demás sesgos que ya lastran el consumo y la participación cultural. No existen desigualdades evidentes por sexo. “Todavía hay muchos jóvenes que incorporar”, resume Beirak.

Campañas en redes

“Todos los años hago vídeos y es un bombazo. La iniciativa es buenísima. Es un instrumento muy útil y muchos usuarios me preguntan una y otra vez cuándo se abre el plazo”, apunta Raúl Gómez, conocido en la red social TikTok por su perfil Becas y Ayudas, donde explica cómo apuntarse a convocatorias de fondos públicos. Su grabación más exitosa sobre el bono logró dos millones de visualizaciones. Y él mismo se benefició en la primera edición, de la que recuerda la alegría por el regalo, pero también la frustración por cierto descontrol administrativo. Algo que, según le informa su público, continúa: “Para mí el bono cultural es uno de los procedimientos más liosos que hay. Y resulta muy largo”. La propia web del programa recuerda que hace falta una identificación digital (certificado o Cl@ve), o un adulto que ponga a disposición la suya. Así, el bono suele suponer también el descubrimiento de la burocracia por parte de la juventud.

Por comunidad autónoma (Mapa coroplético)
Por provincia (Tabla)

“Cada año se va mejorando y son menos los problemas. Hay dinero público, así que se mezclan las exigencias de un proceso garantista y, a la vez, lo más simple posible”, responde Beirak. Tres beneficiarios, contactados por este diario, compartieron su satisfacción por la ayuda, que habían empleado en su totalidad. Más cumplidores, desde luego, que sus coetáneos: el gasto medio ―aún provisional― de 2024 se colocó en 296 euros. Así que una cuarta parte del regalo no se disfruta. En 2024, había 133 millones disponibles, pero se gastaron 99.

A diferencia del proyecto italiano, Cultura asegura no tener la letra pequeña del consumo. Solo puede saberse que la mitad del desembolso total fue a espectáculos en vivo, algo coherente porque el bono permite destinar a ese ámbito 200 de sus 400 euros. Los otros apartados (productos culturales como discos, libros, videojuegos y consumo digital) cuentan con 100 euros de inversión cada uno, un 25% del consumo total en cada caso. Aunque el gasto tampoco se libra de los sesgos habituales: los españoles lo usan más que los extranjeros, las mujeres más que los hombres, más los de capitales de provincia que de municipios más pequeños. Aragón, Baleares, Canarias, Cantabria, Extremadura, Galicia, la Rioja, Ceuta y Melilla muestran un gasto por debajo de la media nacional. Y los residentes fuera de España que tengan derecho hacen un uso casi irrelevante del bono.

Las diferencias en la demanda, además, se confirman y refuerzan en el lado de la oferta: el 45% de las casi 4.000 empresas adheridas está en capitales de provincia. Y apenas 17 colosos como Disney+, Netflix, Movistar+ Plus, El Corte Inglés, Fnac, Game, Casa del Libro, Ticketmaster y el Arenal Sound se llevaron 70,5 de los 99 millones de 2024. Es decir, el 0,5% de las empresas concentró siete de cada 10 euros gastados por los jóvenes. En el extremo opuesto, el 90,8% de las entidades vendió menos de 10.000 euros. La Real Fábrica de Tapices ingresó 11 euros; Turismo de Olmedo, 18. El Diario de Navarra, 72. Un 40,8% de las compañías participantes logró aún menos: nada.

Por nivel de renta de los hogares (Barras apiladas)

“Ahí tenemos menos margen de intervención porque es la libre elección. Pero no se puede desligar el bono de las otras políticas del Ministerio, que están enfocadas al refuerzo de los derechos culturales para todos y medidas como la promoción de las pequeñas librerías”, repasa Beirak. Entre otras contramedidas, el bono solo permite adquirir una suscripción durante cuatro meses. Y su web avisa: “Los productos físicos como libros, discos o videojuegos deberás comprarlos en la tienda física u online con recogida en tienda”. Un intento evidente de prohibir que el programa termine beneficiando a gigantes como Amazon.

Hace poco, el propio ministro, Ernest Urtasun, se vio obligado a lanzar otra alerta. En un vídeo, recordó el precio de no respetar las normas, aunque subrayó que la aplastante mayoría de jóvenes sí cumple. Todo desde que Rafael Muñoz de la Cámara, dueño de la discoteca Jowke, afirmara en una emisión en TikTok sobre el bono: “La gente no sabe que también se puede gastar en ocio, como salir de fiesta”. La grabación mostraba a continuación una escena en la taquilla del local.

―Quieren pagar cada botella con un bono cultural. ¿Es un pago único? ¿Eso está permitido? ―planteaba un trabajador al responsable.

―Sí, es una movida que te cagas. Ahora te lo enseño, es fácil ―respondía Muñoz.

Ante el revuelo generado, el mismo empresario matizó más tarde: “No en copas, sino que se puede gastar en cuanto a acceso por conciertos, festivales, shows”. Pero ya era tarde para salvar su presencia en el proyecto. El tiktoker Gómez asegura que el mismo uso indebido se repite desde hace años, también en otras discotecas y compañías. A lo que añade otra denuncia: la reventa del bono. Una rápida búsqueda en redes sociales permite encontrar algunos perfiles que compran con la ayuda pública obras y entradas que luego vuelven a vender por cinco euros menos del precio real. “De momento no tenemos noticias de eso, su alcance es muy minoritario”, rebate la directora de Derechos Culturales.

Los beneficiarios del bono deben justificar cada gasto con los comprobantes de compra, que Cultura asegura revisar en su integridad, también a través de entidades colaboradoras como Correos. Puede que tarden, defiende Beirak, pero lo detectan. Y solo el 0,3% del gasto resultó irregular en 2022 y 2023, en las cifras más actualizadas que difundió Cultura. “Irrisorio”, lo definió Urtasun. Se trata de unos 264.000 euros de los 87,5 millones, en 2023. Imposible calcular el número exacto de usuarios implicados: como mínimo 660 ―si cada uno hubiera gastado irregularmente los 400 euros―, sobre un total de más de 323.000. Finalmente, han realizado incumplimientos y sufrido sanciones 14 empresas, a lo largo de estas cuatro ediciones. Solo Jowke, de momento, ha sufrido la expulsión. Pero el bono tiene por delante resolver otra exclusión: miles de cumpleañeros, sobre todo los más frágiles, se siguen quedando sin regalo.

Gasto acumulado por entidades (Tabla)

 

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