El éxito internacional de colectivos como 240 KM/H y Blackworks refleja el auge de un estilo de música electrónica acelerada que surgió tras la pandemia
En marzo de 2020 la pandemia encerró a la población en sus casas. Muchos eran jóvenes que jamás habían salido de fiesta o que se habían quedado con ganas de repetir. Tuvieron que pasar tres años para que se decretase el fin de la crisis sanitaria, un tiempo en el que se creó el caldo de cultivo social que ha marcado el éxito actual de la música electrónica más dura, un estilo conocido como hard techno (tecno duro)
Recientemente en boca de muchos por una ola de acusaciones de abuso sexual en redes sociales hacia algunos de sus artistas, el hard techno lidera los grandes carteles de electrónica desde la pandemia. Se trata de una amalgama de sonidos que, según explica Rodrigo Bermejo, DJ y programador de Fabrik, procede de otros como el schranz (la parte más dura del techno) o el hardcore (más rápido y con forma propia de bailar incorporada) y que hereda los “montajes espectaculares” y los “subidones” de la época pujante del EDM (Electronic Dance Music), que lideraron artistas como David Guetta. “Los extremos tienen muchos puntos en común. Antes de la pandemia era un estilo de música más, no estaba bien visto, era pujante pero no terminaba de despegar”, explica.
Un buen ejemplo se vivió el pasado marzo, cuando 40.000 ravers —así se hacen llamar—vestidos de negro llenaron el recinto ferial de Madrid durante dos días con motivo de un evento enfocado en este género: Blackworks. Cuero, transparencias, caras tapadas, collares de pinchos y muy poca ropa conformaban una estética que ha sacudido discotecas, festivales y fiestas tras la covid. El objetivo: bailar una música muy física, más agitada de lo habitual, una variante más rápida e intensa con tintes industriales que alcanza los 150 y 160 BPM (beats por minuto, la unidad precisa que indica el tempo en música). “A partir de aquí, el cielo es el límite. Entre 160 y 180 son los que tiene el hardcore, pero también hay estilos como el hardcore techno que llegan hasta ahí”, cuenta Bermejo, quien considera muy difusa la frontera de estos sonidos.
El creador de esta fiesta y también DJ,el madrileño Dani Novoa, sabe que el origen de este auge es la pandemia, por las ganas de salir que había y el cambio de gustos en España y Europa: “La gente joven se contuvo, no pudo salir y bailar”. “Era muy fácil que cualquier evento se llenara. La urgencia se trasladó al consumo”, agrega Bermejo, que asegura que los estilos más duros siempre han funcionado mejor entre los más jóvenes. “Cuando termina el confinamiento tienes a una generación de entre 18 y 22 años que puede volver a salir, pero que no sabe cuándo va a ser la próxima vez que le pueden volver a encerrar”. Y esta, dice Bermejo, es la razón principal del fenómeno: “Cada fiesta podía ser la última y todo era muy inmediato. En una noche lo querían vivir todo y muy rápido”.
El éxito de estas citas radica en la combinación de sonido, luces y una estética muy marcada. Novoa, que utiliza el alias Dexphase para pinchar, tiene 28 años y empezó como consumidor de música electrónica. Creó Blackworks en 2019, casi a la vez que empezó a pinchar; lo hizo de cero y con el objetivo de construir un colectivo. Ahora tiene presencia en una veintena de países: “Pasamos de la nada a ser masivos y a estar presentes en escenarios principales como Tomorrowland. Vi un hueco, algo que no se estaba haciendo, un estilo que no estaba quemado, y quería crear algo que me gustase”.

Novoa sabe que las redes fueron la conexión de muchos jóvenes con sus expectativas: “Antes era algo underground y ahora mucha gente nos conoce”. Y relata cómo al principio les criticaban y cómo les costó ganarse el respeto de la industria: “El mundo DJde la vieja escuelano acepta que todo ha cambiado. Ven que surgimos de la nada por viralidad y eso es difícil de aceptar si llevas 20 años en esto. Para ellos esto no es techno”.
Si algo deja huella en sus eventos son los montajes y la estética, algo de lo que el DJtambién saca partido con la marca de ropa que vende online: “Muchos dicen que es el nuevo punk pero no estoy de acuerdo, aunque tengan una estética parecida». Insiste en que su gente no protesta contra el sistema, viene a desconectar, tiene una media de 25 años y canaliza sus problemas bailando. Tanto el público que llena las pistas de hard techno como los DJsuelen taparse el rostro, algo que, según Novoa, es “por estética y anonimato, para bailar sin que nadie sepa quién eres”, pero que también encuentra su sentido en las mascarillas de la covid y las fiestas queer, un colectivo muy alineado con la música electrónica, donde siempre ha encontrado un lugar seguro.

Nuevos códigos, misma esencia
Adrian Mills, Javier Navarro, Pablo Vázquez y otros amigos de Cambrills tenían poco más de 20 años cuando decidieron formar el colectivo 240 KM/H, “el doble de la velocidad permitida”. Se trata de una comunidad que explotó con el hard techno, pero que también cambió sus reglas agregando letras a sus canciones rápidas y una identidad única: “Creamos un sonido diferente, fue algo raro. Íbamos con camisetas de fútbol, gafas blancas, luces neón… Le dimos un aire fresco, un estilo más latino”. Son los nuevos reyes de las “cantaditas”, temas que beben de la música urbana con una base cargada de velocidad. Dicen que se sienten más cercanos a una rave que a un fondo de inversión, aunque admiten que les han hecho alguna que otra oferta de compra. “Nos sirve cualquier locura, somos chavales que podríamos ser tus amigos. Somos una familia”, explica Navarro, 27 años, cofundador del proyecto junto a Mills, la cabeza más visible. Todos se conocen de sus círculos, muchos desde hace una década, de jugar al fútbol.
Mills encontró la inspiración en Berlín y allí ha llevado ahora la música de los noventa de Pastis y Buenri, considerando su sonido makina de aquella década todo un referente para ellos. Además, han inventado un concepto que triunfa en todo el mundo: el face2face, una cabina enfrentada en la que dos DJpinchan cara a cara. Cuentan con espacio propio en Tomorrowland, les gusta que la gente esté cerca del artista, que sea accesible, y hacen lo que denominan “sonidos escala”: “Es como subir una montaña de BPM”. Saben que han hecho algo fuera de la norma, por eso, más allá de pinchar hard techno, mezclan sonido y letra y suben a gente a cantar en directo. Es su idea de romper moldes. Suelen abrir sus fiestas con boleros y en sus planes proponen alternativas artísticas más relajadas, como la escultura: “Son ideas de chavales que están en la calle; entre todos las vamos moldeando”.
Según Navarro, aglutinan a gente cada vez más joven, de 18 a 25 años, en su mayoría hombres, algo que cada vez se va equilibrando más. “Mucha gente viene del reguetón; nosotros no íbamos a festivales como Monegros, la primera vez fue con nuestra propia fiesta”, cuentan. Saben que su mezcla genera controversia, pero son los primeros que se ríen de sí mismos: “Ocurrió con el rap en los noventa y apareció el trap, se dijo que era una aberración pero ahora la mayoría de los éxitos utilizan autotune. Lo que demanda la gente joven es evolución”, explica Vázquez, que se ocupa del marketing de 240 KM/H. Buena parte del éxito de lo que denominan “tribu social” radica en sus redes, algo que, aseguran, no tenían cuando explotó su comunidad: “El marketing llegó después del éxito”.
Todos saben que forman parte de esta explosión, pero al mirar atrás citan a la misma persona: Fatima Hajji. La DJespañola lleva toda su carrera utilizando ese sonido oscuro y para todos es “la pionera”. “Fátima pinchaba hard techno antes que nadie. Para ella ha sido muy fácil adaptarse. Lo que hacía después de la pandemia es este estilo pero más moderno, pero ella ya estaba ahí”, explica Bermejo, que resalta cómo Hajji se ha mantenido fiel a sus principios toda su carrera. “Le sale natural. Hay gente que lo fuerza más porque no es lo que siempre le ha pedido el cuerpo”, agrega. Algo poco común: “Antes había muchos DJde techno un poco más elitista a los que no les gustaba mezclarse con la gente del hard techno, y sin embargo luego se han pasado a este estilo». Junto a ella, Sara Landry y Nico Moreno o klangkuenstler despuntan entre los nombres más destacados de este género que arrasa entre los jóvenes de todo el mundo.
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En marzo de 2020 la pandemia encerró a la población en sus casas. Muchos eran jóvenes que jamás habían salido de fiesta o que se habían quedado con ganas de repetir. Tuvieron que pasar tres años para que se decretase el fin de la crisis sanitaria, un tiempo en el que se creó el caldo de cultivo social que ha marcado el éxito actual de la música electrónica más dura, un estilo conocido como hard techno (tecno duro)












