«Troncos, raíces, piedras. Doscientos años de literatura y política rusas», Toni Montesinos 9/10: las armas y las letras rusas

Hay un elemento intangible, indeleble, etéreo, pero muy presente en la identidad eslava; se trata del «alma rusa», un modo de ser y de vivir basado en un fatalismo melancólico, cierta asumida resignación, un ingenuo misticismo, el carácter estoico, y la tortuosa mirada ética sobre la realidad. Todo ello implica una mezcolanza de placer estético, relativismo existencial y desconsolada aflicción. Maksim Gorki lo expresó así: «En el alma humana caben la belleza, la duda y la tristeza infinita». A esta particular identidad nacional se suma, en el devenir histórico ruso, la eclosión de la Revolución en 1917 y la posterior constitución del Estado soviético. La ausencia de la más elemental conciencia democrática, situación que va desde el Imperio zarista de ascendencia medieval a la burocracia comunista, creará una personalidad social donde perviven, cuando no se agudizan, los caracteres de ese «alma rusa». En ella coexisten referentes literarios, filosóficos, políticos y morales, que configuran la idiosincrasia de un pueblo marcado por tortuosos avatares históricos.

Esto es lo que brillantemente ha abordado el poeta, narrador, ensayista y crítico literario Toni Montesinos (Barcelona, 1972) en «Troncos, raíces, piedras. Doscientos años de literatura y política rusas», donde analiza la relación entre emblemáticos escritores del coloso euroasiático y el poder administrativo, ejercido generalmente con carácter despótico y dictatorial. El sorprendente título de este ensayo proviene de la cita que lo encabeza, perteneciente a Maksim Gorki: «Las personas son troncos, raíces, piedras, te tropiezas con ellas y a veces te dañan». Con estas palabras se sitúa al lector en una historia de perturbadoras incidencias, desastres naturales, traumas históricos y enfrentamientos civiles. En palabras preliminares se alude a lo que le dijo Tolstoi en sus últimos momentos de vida a su hijo Serguéi: «Amo la verdad… mucho… amo la verdad». En busca de esa verdad colectiva Toni Montesinos ha pretendido, y logrado sobradamente, adentrarse en el alma de un pueblo, comprender la relación entre literatura, política, historia y conciencia moral de una comunidad.

Entre los numerosos temas y referentes de este libro destaca el papel esencial de Nikolái Gogol como autor de la primera novela rusa moderna, «Almas muertas» (1842), donde se evidencia con satírico humor la incompatibilidad entre la burocracia y el arte; es autor además de una novela épica, «Tarás Bulba», protagonizada por un héroe que fundamenta la ancestral identidad rusa. Se retrata aquí a Dostoievski estudiando la esquizofrenia en «Crimen y castigo» y «Memorias del subsuelo», dando una proyección patológica a las atormentadas psicologías de sus personajes; su potente deriva ética se pone de manifiesto en las sentidas palabras de Tolstoi sobre su admirado colega, y prueba de con qué eficaz modo aparecen aquí las relaciones entre escritores: «Yo fui literato y todos los literatos son vanidosos, envidiosos, en todo caso así fui yo como literato. Y jamás se me ocurrió medirme con él, jamás. Todo lo que él hacía (lo bueno, lo auténtico que hacía) era de tal magnitud que cuanto más hiciese, mejor era para mí. El arte suele despertar en mí la envidia, la inteligencia también, pero lo que tiene que ver con el corazón sólo suscita júbilo. Para mí era un amigo y siempre pensé que un día u otro nos encontraríamos, y que yo tenía la culpa de que aún no nos conociéramos.»

Maksim Gorki se destaca aquí como paladín contra las injusticias sociales, dando entrada en su literatura a los asediados por la pobreza, pícaros delincuentes, infelices desclasados y marginados sociales de todo tipo; su trilogía autobiográfica («Infancia», «Por el mundo» y «Mis universidades») es vista desde su fundamental autodidactismo y una irrenunciable vocación ética. Todo ello contemplado bajo el efecto social de la tiranía zarista. Se trae a estas páginas, en eficaz metodología interbibliográfica, las palabras que le dedicó Friderike, la esposa de Stefan Zweig: «Más allá del comunismo político, a cuya contemporaneidad no pudo escapar, Gorki fue un hombre del pueblo que sufrió en sus carnes numerosos embates de la fortuna. Analfabeto, consiguió erigirse en el más elocuente testigo del sufrimiento popular a través de la conmovedora descripción de su juventud.»

También la Rusia de Putin

Anton Chéjov se muestra como el perspicaz observador de la vida cotidiana, de los triunfos y decepciones de una burguesía decadente incapaz de adaptarse a la modernidad; es el tránsito de la vida cotidiana que se nos describe así: «No construye sistemas morales ni ofrece respuestas, ya que sus cuentos y obras teatrales se concentran en fragmentos de vida, en situaciones aparentemente menores donde se revela la dificultad de vivir, decidir o cambiar.» Impresionante la referencia a su obra «El pabellón nº 6», escrita a su vuelta de la isla de Sajalín, enclave de una colonia penitenciaria; cuanto allí vio, la sistemática conculcación de los derechos humanos, no lo olvidaría jamás; un texto este duramente testimonial, de desgarradora expresividad y desoladora denuncia.

Especial atención merece la novela «Anna Karenina», donde Tolstói consigue el penetrante retrato de la mujer fatalmente enamorada, enfrentada a los prejuicios de la aristocracia zarista, abocada a un trágico final: «En ‘Anna Karenina’ nada es tenue, porque la protagonista es una figura de alto voltaje trágico, pues Tolstói la instala en el corazón de la aristocracia rusa y la somete a una presión moral constante. Aparte de vivir una pasión, Anna encarna el modo en que se puede desafiar a un orden que se sostiene en la apariencia y la reputación».

La Revolución rusa ocupa un destacado lugar en estas páginas, con referentes extraordinariamente singulares, de una perspicaz originalidad; es el caso del análisis que se hace de «Mi vida con Lenin», de la que fuera su esposa, Nadezhda Krúpskaya, quien conoció al que sería su marido en un acto propagandístico comunista en 1893. Se ofrece aquí el lado humano del líder, su condición de gran analista de la política internacional, su vertiente de incansable activista revolucionario, y una vida también de claros contenidos aventureros. A propósito de este libro, concluye Montesinos: «Y es que hay muchos Lenin, y todos triunfan frente a los perseguidores, y todos ellos convencen al prójimo, y todos tienen en su mano entender la verdad y aplicar la suya, la única que existe.»

La terrible época represora de Stalin, el submundo del Gulag, el testimonio de Solzhenitsyn, tan polémico al encarar a la intelectualidad europea a sus propias contradicciones éticas, y las relaciones entre el poder político y los escritores y artistas rusos son minuciosamente analizados. Basta aludir a fundamentales novelas como, a través de las épocas, «El maestro y Margarita», de Mijaíl Bulgákov, y «Vida y destino», de Vasili Grossman para comprender el minucioso retrato que se traza aquí de la atormentada identidad rusa, de su creativa conciencia espiritual, de sus inmensas capacidades artísticas, y de sus apasionadas derivas éticas.

No podía faltar, en lúcido asedio a la actualidad, la figura política de Putin, quien en un texto que publicaba en 2021 con el expresivo título de «Sobre la unidad histórica de los rusos y los ucranianos», manifestaba su convicción de que Ucrania fue arrebatada a Rusia cuando se independizó de la URSS en 1991. Con esta conciencia de «robo» identitario nacional podría explicarse, que no justificarse, el terrible conflicto bélico que aún dura. En paralelo, se añaden emotivas palabras del presidente Zelenski, de su libro «Un mensaje desde Ucrania», formuladas día y medio después de la agresión rusa: «Estamos todos aquí. Nuestros soldados están aquí. La sociedad civil está aquí. Defendemos la independencia. Y así será siempre, desde este momento.»

Con un exhaustivo manejo de la bibliografía pertinente, un depurado espíritu crítico, extraordinaria amenidad expositiva, y un profundo conocimiento de la materia literaria analizada, este ensayo penetra admirablemente en la atormentada y a la vez luminosa «alma rusa»; una idiosincrasia identitaria esta tratada aquí con rigor y sensibilidad, retrato de un pueblo con una riquísima cultura, sometida secularmente a los vaivenes de la Historia y los avatares de la política. Un libro imprescindible.

Lo mejor: La perfecta conjunción entre amenidad expositiva, rigor crítico, perspicacia analítica, y cuidadoso manejo de la bibliografía especializada.

Lo peor: Nada aquí en absoluto, siendo este un libro de minuciosa elaboración, completo tratamiento de la temática abordada, y profusa relación de conceptos, datos y referencias.

 En este libro, analiza la relación entre escritores del coloso euroasiático y el despótico poder administrativo para entender la atormentada y luminosa «alma rusa»  

Hay un elemento intangible, indeleble, etéreo, pero muy presente en la identidad eslava; se trata del «alma rusa», un modo de ser y de vivir basado en un fatalismo melancólico, cierta asumida resignación, un ingenuo misticismo, el carácter estoico, y la tortuosa mirada ética sobre la realidad. Todo ello implica una mezcolanza de placer estético, relativismo existencial y desconsolada aflicción. Maksim Gorki lo expresó así: «En el alma humana caben la belleza, la duda y la tristeza infinita». A esta particular identidad nacional se suma, en el devenir histórico ruso, la eclosión de la Revolución en 1917 y la posterior constitución del Estado soviético. La ausencia de la más elemental conciencia democrática, situación que va desde el Imperio zarista de ascendencia medieval a la burocracia comunista, creará una personalidad social donde perviven, cuando no se agudizan, los caracteres de ese «alma rusa». En ella coexisten referentes literarios, filosóficos, políticos y morales, que configuran la idiosincrasia de un pueblo marcado por tortuosos avatares históricos.

Esto es lo que brillantemente ha abordado el poeta, narrador, ensayista y crítico literario Toni Montesinos (Barcelona, 1972) en «Troncos, raíces, piedras. Doscientos años de literatura y política rusas», donde analiza la relación entre emblemáticos escritores del coloso euroasiático y el poder administrativo, ejercido generalmente con carácter despótico y dictatorial. El sorprendente título de este ensayo proviene de la cita que lo encabeza, perteneciente a Maksim Gorki: «Las personas son troncos, raíces, piedras, te tropiezas con ellas y a veces te dañan». Con estas palabras se sitúa al lector en una historia de perturbadoras incidencias, desastres naturales, traumas históricos y enfrentamientos civiles. En palabras preliminares se alude a lo que le dijo Tolstoi en sus últimos momentos de vida a su hijo Serguéi: «Amo la verdad… mucho… amo la verdad». En busca de esa verdad colectiva Toni Montesinos ha pretendido, y logrado sobradamente, adentrarse en el alma de un pueblo, comprender la relación entre literatura, política, historia y conciencia moral de una comunidad.

Entre los numerosos temas y referentes de este libro destaca el papel esencial de Nikolái Gogol como autor de la primera novela rusa moderna, «Almas muertas» (1842), donde se evidencia con satírico humor la incompatibilidad entre la burocracia y el arte; es autor además de una novela épica, «Tarás Bulba», protagonizada por un héroe que fundamenta la ancestral identidad rusa. Se retrata aquí a Dostoievski estudiando la esquizofrenia en «Crimen y castigo» y «Memorias del subsuelo», dando una proyección patológica a las atormentadas psicologías de sus personajes; su potente deriva ética se pone de manifiesto en las sentidas palabras de Tolstoi sobre su admirado colega, y prueba de con qué eficaz modo aparecen aquí las relaciones entre escritores: «Yo fui literato y todos los literatos son vanidosos, envidiosos, en todo caso así fui yo como literato. Y jamás se me ocurrió medirme con él, jamás. Todo lo que él hacía (lo bueno, lo auténtico que hacía) era de tal magnitud que cuanto más hiciese, mejor era para mí. El arte suele despertar en mí la envidia, la inteligencia también, pero lo que tiene que ver con el corazón sólo suscita júbilo. Para mí era un amigo y siempre pensé que un día u otro nos encontraríamos, y que yo tenía la culpa de que aún no nos conociéramos.»

Maksim Gorki se destaca aquí como paladín contra las injusticias sociales, dando entrada en su literatura a los asediados por la pobreza, pícaros delincuentes, infelices desclasados y marginados sociales de todo tipo; su trilogía autobiográfica («Infancia», «Por el mundo» y «Mis universidades») es vista desde su fundamental autodidactismo y una irrenunciable vocación ética. Todo ello contemplado bajo el efecto social de la tiranía zarista. Se trae a estas páginas, en eficaz metodología interbibliográfica, las palabras que le dedicó Friderike, la esposa de Stefan Zweig: «Más allá del comunismo político, a cuya contemporaneidad no pudo escapar, Gorki fue un hombre del pueblo que sufrió en sus carnes numerosos embates de la fortuna. Analfabeto, consiguió erigirse en el más elocuente testigo del sufrimiento popular a través de la conmovedora descripción de su juventud.»

También la Rusia de Putin

Anton Chéjov se muestra como el perspicaz observador de la vida cotidiana, de los triunfos y decepciones de una burguesía decadente incapaz de adaptarse a la modernidad; es el tránsito de la vida cotidiana que se nos describe así: «No construye sistemas morales ni ofrece respuestas, ya que sus cuentos y obras teatrales se concentran en fragmentos de vida, en situaciones aparentemente menores donde se revela la dificultad de vivir, decidir o cambiar.» Impresionante la referencia a su obra «El pabellón nº 6», escrita a su vuelta de la isla de Sajalín, enclave de una colonia penitenciaria; cuanto allí vio, la sistemática conculcación de los derechos humanos, no lo olvidaría jamás; un texto este duramente testimonial, de desgarradora expresividad y desoladora denuncia.

Especial atención merece la novela «Anna Karenina», donde Tolstói consigue el penetrante retrato de la mujer fatalmente enamorada, enfrentada a los prejuicios de la aristocracia zarista, abocada a un trágico final: «En ‘Anna Karenina’ nada es tenue, porque la protagonista es una figura de alto voltaje trágico, pues Tolstói la instala en el corazón de la aristocracia rusa y la somete a una presión moral constante. Aparte de vivir una pasión, Anna encarna el modo en que se puede desafiar a un orden que se sostiene en la apariencia y la reputación».

La Revolución rusa ocupa un destacado lugar en estas páginas, con referentes extraordinariamente singulares, de una perspicaz originalidad; es el caso del análisis que se hace de «Mi vida con Lenin», de la que fuera su esposa, Nadezhda Krúpskaya, quien conoció al que sería su marido en un acto propagandístico comunista en 1893. Se ofrece aquí el lado humano del líder, su condición de gran analista de la política internacional, su vertiente de incansable activista revolucionario, y una vida también de claros contenidos aventureros. A propósito de este libro, concluye Montesinos: «Y es que hay muchos Lenin, y todos triunfan frente a los perseguidores, y todos ellos convencen al prójimo, y todos tienen en su mano entender la verdad y aplicar la suya, la única que existe.»

La terrible época represora de Stalin, el submundo del Gulag, el testimonio de Solzhenitsyn, tan polémico al encarar a la intelectualidad europea a sus propias contradicciones éticas, y las relaciones entre el poder político y los escritores y artistas rusos son minuciosamente analizados. Basta aludir a fundamentales novelas como, a través de las épocas, «El maestro y Margarita», de Mijaíl Bulgákov, y «Vida y destino», de Vasili Grossman para comprender el minucioso retrato que se traza aquí de la atormentada identidad rusa, de su creativa conciencia espiritual, de sus inmensas capacidades artísticas, y de sus apasionadas derivas éticas.

No podía faltar, en lúcido asedio a la actualidad, la figura política de Putin, quien en un texto que publicaba en 2021 con el expresivo título de «Sobre la unidad histórica de los rusos y los ucranianos», manifestaba su convicción de que Ucrania fue arrebatada a Rusia cuando se independizó de la URSS en 1991. Con esta conciencia de «robo» identitario nacional podría explicarse, que no justificarse, el terrible conflicto bélico que aún dura. En paralelo, se añaden emotivas palabras del presidente Zelenski, de su libro «Un mensaje desde Ucrania», formuladas día y medio después de la agresión rusa: «Estamos todos aquí. Nuestros soldados están aquí. La sociedad civil está aquí. Defendemos la independencia. Y así será siempre, desde este momento.»

Con un exhaustivo manejo de la bibliografía pertinente, un depurado espíritu crítico, extraordinaria amenidad expositiva, y un profundo conocimiento de la materia literaria analizada, este ensayo penetra admirablemente en la atormentada y a la vez luminosa «alma rusa»; una idiosincrasia identitaria esta tratada aquí con rigor y sensibilidad, retrato de un pueblo con una riquísima cultura, sometida secularmente a los vaivenes de la Historia y los avatares de la política. Un libro imprescindible.

Lo mejor: La perfecta conjunción entre amenidad expositiva, rigor crítico, perspicacia analítica, y cuidadoso manejo de la bibliografía especializada.

Lo peor: Nada aquí en absoluto, siendo este un libro de minuciosa elaboración, completo tratamiento de la temática abordada, y profusa relación de conceptos, datos y referencias.

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