No soy muy partidaria de las biografías en varios volúmenes, no porque la historia de una vida no lo merezca sino porque difícilmente van a encontrarse lectores entregados a una dedicación de tal envergadura en tiempos distintos. Las hay, por supuesto (Hitler, Napoleón, Kafka, Proust, Virginia Woolf, Churchill …) pero, en general, la biografía es un género que pide síntesis, concreción y ritmo narrativo. La primera entrega de José Lezama Lima: Una biografía, del escritor cubano afincado en Barcelona Ernesto Hernández Busto se centra en los años de formación del autor de Paradiso (1910-1939), es decir, desde su nacimiento en un campamento militar de La Habana, siendo el segundo hijo del matrimonio formado por el coronel Lezama Rodda y la joven criolla Rosa Lima Rosado, y hasta los 30 años, cuando su carrera literaria empezó a adquirir vuelo con la publicación del poema La muerte de Narciso y la relación mantenida con escritores españoles como García Lorca, Juan Ramón Jiménez o María Zambrano, de visita, más o menos larga, en la capital cubana.
No soy muy partidaria de las biografías en varios volúmenes, no porque la historia de una vida no lo merezca sino porque difícilmente van a encontrarse lectores entregados a una dedicación de tal envergadura en tiempos distintos. Las hay, por supuesto (Hitler, Napoleón, Kafka, Proust, Virginia Woolf, Churchill …) pero, en general, la biografía es un género que pide síntesis, concreción y ritmo narrativo. La primera entrega de José Lezama Lima: Una biografía, del escritor cubano afincado en Barcelona Ernesto Hernández Busto se centra en los años de formación del autor de Paradiso (1910-1939), es decir, desde su nacimiento en un campamento militar de La Habana, siendo el segundo hijo del matrimonio formado por el coronel Lezama Rodda y la joven criolla Rosa Lima Rosado, y hasta los 30 años, cuando su carrera literaria empezó a adquirir vuelo con la publicación del poema La muerte de Narciso y la relación mantenida con escritores españoles como García Lorca, Juan Ramón Jiménez o María Zambrano, de visita, más o menos larga, en la capital cubana. Seguir leyendo
No soy muy partidaria de las biografías en varios volúmenes, no porque la historia de una vida no lo merezca sino porque difícilmente van a encontrarse lectores entregados a una dedicación de tal envergadura en tiempos distintos. Las hay, por supuesto (Hitler, Napoleón, Kafka, Proust, Virginia Woolf, Churchill …) pero, en general, la biografía es un género que pide síntesis, concreción y ritmo narrativo. La primera entrega de José Lezama Lima: Una biografía, del escritor cubano afincado en Barcelona Ernesto Hernández Busto se centra en los años de formación del autor de Paradiso (1910-1939), es decir, desde su nacimiento en un campamento militar de La Habana, siendo el segundo hijo del matrimonio formado por el coronel Lezama Rodda y la joven criolla Rosa Lima Rosado, y hasta los 30 años, cuando su carrera literaria empezó a adquirir vuelo con la publicación del poema La muerte de Narciso y la relación mantenida con escritores españoles como García Lorca, Juan Ramón Jiménez o María Zambrano, de visita, más o menos larga, en la capital cubana.
Este volumen tiene que bregar con lo evocado por el propio Lezama en ‘Paradiso’, exuberante novela de formación
El volumen queda a los pies de la fundación de la influyente revista Orígenes junto a otros intelectuales cubanos, una etapa apasionante para el escritor. De manera que en este primer volumen su autor tiene que bregar con lo evocado por el propio Lezama en Paradiso, una exuberante novela de formación, por resumir mucho, protagonizada por un poeta llamado José Cemí, en cierto modo alter ego del propio escritor, como ya se ha dicho tantas veces. Hernández Busto, en línea con lo que hiciera Painter en relación a Proust, se vale de la novela para establecer correspondencias de personajes y comparaciones, aunque diría que la presencia textual de la obra resulta un tanto excesiva, rompiendo el hilo narrativo.
Cuando leí, en su momento, la correspondencia de Lezama con sus hermanas, Rosa y Eloísa (Verbum, 1998, 2013) quedé muy sorprendida de la fragilidad y la dependencia emocional que muestra el escritor, en especial en relación a su madre, a la que idolatraba hasta el punto de considerar su fallecimiento en 1964 como un parteaguas existencial.
Se echa de menos en este volumen una mayor densidad en el tratamiento de la personalidad materna, dada la orbitación del hijo en torno a ella hasta el final de sus días
Hernández Busto reconstruye la historia familiar dando, sin embargo, especial protagonismo a la personalidad del padre, cuya muerte en 1919, a los 33 años, a causa de la gripe que al acabar la primera guerra mundial provocaría casi tantas muertes como la propia contienda, hizo saltar por los aires la bonanza de la casa e instaló un culto santoral a su ausencia; al tiempo que con ello empezarían las penurias económicas de Rosa Lima. Se echa de menos en este volumen una mayor densidad en el tratamiento de la personalidad materna, dada la orbitación del hijo en torno a ella hasta el final de sus días. Sobre ello, sobre cómo se ha propuesto sortear a Freud, advierte el biógrafo al comienzo del libro, pero a veces evitar la interpretación, simplemente, no es posible.

Hernández Busto asume el reto de escribir la biografía de un hombre que sostenía no tener biografía ninguna (“vivo en lo que queda al pasar por el espejo”) y presumía de llevar la vida de un viajero alrededor de su cuarto. Pero quizás este sea el problema que plantea la lectura del libro. Que haciendo suyo lo dicho por el escritor sobre sí mismo, su biógrafo busca anclajes en la historia contemporánea de Cuba, marcada a fuego por la Revolución castrista de 1959, disolviéndose a menudo la figura de Lezama —son años de formación y por tanto decisivos en la construcción de su compleja y contradictoria personalidad— en un erudito fresco histórico de lo sucedido en la isla (para los detalles hay que acudir a las notas, siempre clarificadoras). Digamos que la pretensión de exhaustividad hace las veces de metodología y no siempre se logra que el lector o lectora pueda compartirla con el entusiasmo debido. El mejor ejemplo de ello es la introducción, a medio camino entre el ensayo literario y el análisis de la recepción que la revista Orígenes mereció en las sucesivas generaciones cubanas.
Hernández Busto denuncia la utilización política e ideológica que intelectuales como Cinto Vitier o Fina García Marruz hicieron de la mítica publicación, construyendo una contrahistoria oficialista y despojando a Lezama de cualquier heterodoxia política. Sin embargo, apenas hay referencia al atractivo que puede ofrecer hoy la figura de Lezama, ni tampoco un estado de la cuestión de los estudios biográficos sobre el autor. ¿Los hay? Hernández Busto alude a ellos muy de pasada, como si todo se escribiera por primera vez. Que al autor le sobra conocimiento de la cultura cubana del siglo XX es indiscutible, que eso sea suficiente para armar la biografía de Lezama es asunto que por el momento queda pendiente.
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