Sobre el puente de su nariz, Martin Urrutia (21 años, Getxo) luce orgulloso el signo de su infancia. “De pequeño, me hice daño jugando con unas tijeras”, recuerda. Desde entonces custodia con mimo esa cicatriz. Tanto es así que, en la portada de su primer álbum, La insolación, publicado el pasado mes de abril, la pinta de rojo vivo y la convierte en el símbolo de una herida mucho más profunda: la acelerada madurez a la que le arrastró su paso por Operación Triunfo y sus inicios como actor en la serie Mariliendre. “Soy muy apegado, le pongo mucho valor sentimental a todo. Hay veces que hay que cambiar, decir adiós, pero a mí me cuesta mucho”, asegura.
Sobre el puente de su nariz, Martin Urrutia (21 años, Getxo) luce orgulloso el signo de su infancia. “De pequeño, me hice daño jugando con unas tijeras”, recuerda. Desde entonces custodia con mimo esa cicatriz. Tanto es así que, en la portada de su primer álbum, La insolación, publicado el pasado mes de abril, la pinta de rojo vivo y la convierte en el símbolo de una herida mucho más profunda: la acelerada madurez a la que le arrastró su paso por Operación Triunfo y sus inicios como actor en la serie Mariliendre. “Soy muy apegado, le pongo mucho valor sentimental a todo. Hay veces que hay que cambiar, decir adiós, pero a mí me cuesta mucho”, asegura. Seguir leyendo
Sobre el puente de su nariz, Martin Urrutia (21 años, Getxo) luce orgulloso el signo de su infancia. “De pequeño, me hice daño jugando con unas tijeras”, recuerda. Desde entonces custodia con mimo esa cicatriz. Tanto es así que, en la portada de su primer álbum, La insolación, publicado el pasado mes de abril, la pinta de rojo vivo y la convierte en el símbolo de una herida mucho más profunda: la acelerada madurez a la que le arrastró su paso por Operación Triunfo y sus inicios como actor en la serie Mariliendre. “Soy muy apegado, le pongo mucho valor sentimental a todo. Hay veces que hay que cambiar, decir adiós, pero a mí me cuesta mucho”, asegura.
A Urrutia no le importa dejar silencios entre sus frases, tampoco dejarse ver las costuras típicas de su edad y habla con una mezcla de inocencia y transparencia que, en él, parecen innegociables. Las letras que escribe también son un poco así: un intento, entre ingenuo y luminoso, de recuperar la tranquilidad y los recuerdos de su infancia. En este recorrido, como en cualquier coming of age o relato de madurez, existe, claro, una piedra angular: el verano.
“Los mejores recuerdos están siempre asociados al verano, brillan más. Yo de pequeño veraneaba en las landas francesas con mi familia y siempre que volvemos se despierta ese Martin de nueve años”, cuenta. Y tras compartir este primer recuerdo se lanza, sin miedo y de lleno, a profundizar en esa herida que delata su nariz. Dentro de sus 21 veranos, hay uno, en concreto, que brilla más que los demás: el de 2023.
El último año antes de saltar a la fama con el conocido concurso de televisión, antes de hacerse adulto de golpe y con media España mirando, descubrió La Insolación de Carmen Laforet y la novela le cambió por completo. “Guille, mi profe de Lengua, me lo recomendó después de leer Nada para la Evau. Me había gustado mucho el tono y me dijo que probara con el siguiente. Me atrapó, además el protagonista se llama Martín, casi como yo, y me sentía muy reflejado en lo que él vivía”.

En concreto, el Martín Soto que dibuja Laforet es un muchacho taciturno, con sueños de convertirse en artista, que pasa el último verano de su infancia entre el tedio del sopor y la fascinación por su amigo Carlos Corsi. “La relación está latente, eso es obvio, y uno de los alicientes era ver lo que pasaba entre Martín y Carlos. Evidentemente siempre existe esta cosa de buscarle el punto gay a todo. No pasaba nada, pero pasaba mucho. El despertar que tiene él me pilló en un momento muy parecido y me pareció precioso”, detalla.
De allí que la novela, aparte de dar nombre al disco, también inspire, estructure y encuentra distintos ecos en su trabajo. Aunque con sus contrastes claro. En los grises años cuarenta de la posguerra española en los que se ambienta el libro, por ejemplo, era totalmente imposible que la relación entre los dos muchachos pasase de lo implícito. En canciones como Jérémie, en cambio, Martin le canta abiertamente y desprejuiciadamente a un amor adolescente, casi sin precedentes en nuestro país.
“Nunca había pensado que ella lo cuenta muy escondido y yo lo hago todo muy evidente. Es muy bonito ese contrapunto, pero yo tengo que hablar desde la plena sinceridad. A veces intento ser más misterioso, pero lo que más me llena es contar el sentimiento puro, sin máscaras ni metáforas ambiguas. Me gusta la claridad en la letra. Cuando siento algo lo tengo que exteriorizar, no suelo andarme con medias tintas”, defiende.
Pero, en su caso, y como es ya costumbre en toda su generación, esta claridad traspasa los renglones de cualquier libreta de composición. “Del proceso mental de darme cuenta de que sentía algo que podría no estar bien visto a contárselo a mi familia no hubo un intermedio. Fue como: ‘No lo puedo esconder, es lo que está bien y es lo que siento’. Es muy liberador y angustiante ese momento en el que parece que te van a percibir diferente, pero luego todo sigue igual o mejor”.
En 2023, Martin y su pareja, Juanjo, se convirtieron en los primeros concursantes de OT en vivir una historia de amor homosexual delante de cámaras. Todo un hito para el público, sobre todo para los niños que lo veían, pero también un verdadero peligro para sus protagonistas por la exposición a la que les condenaba. Desde entonces han tenido que vivir todo tipo de especulaciones sobre el estado de su relación, pero ellos lo han afrontado siempre de la misma manera: manteniéndose al margen del ruido y creciendo juntos en sus respectivas carreras musicales. En 2024, los dos colaboraron en la canción El destello y después cada uno le ha dedicado al otro una canción en sus respectivos discos.1000 estorninos es la carta de amor que Martin le reserva en su disco y, lejos de generarle reparo, asegura que le parece precioso poder compartirla también con el público. “Después de estar tan expuestos, hay que decidir lo que le viene mejor a la relación. Habrá quien decida darle más espacio en redes. En nuestro caso fue al revés, pero no tenemos ningún problema en mostrarnos”, comparte. “Empezar una carrera, cada uno la suya, y ver como cada una tiene ritmos distintos da lugar a muchos roces que hay que gestionar porque puede generar cosas muy feas. Hemos vivido mucho trabajo”, confiesa.
Estas dinámicas, en realidad, no son exclusivas de su relación, sino de todos los concursantes del programa que vivieron juntos. “Yo entré muy joven y Juanjo también, estar en el programa juntos es muy bonito porque estás haciendo lo mismo y os estáis acompañando, pero es un sitio muy fácil para que se cocinen comparaciones. Una semana uno está arriba y el otro abajo, es inevitable y le pasaría cualquiera”, explica. “Es difícil porque en OT nunca ha habido el mismo apoyo de la gente que ve el programa a los 16 concursantes. Tampoco puedes elegirlo y es jodido. Yo me siento muy afortunado, cada uno da lo que tiene”.

Sin embargo, si por algo se han definido las ediciones de OT desde 2018 es por dejar atrás unas imposiciones y presiones televisivas que se antojan ya arcaicas. Y en esto de romper moldes, con naturalidad y apenas esfuerzo, es obligatorio citar a Amaia, a la que Urrutia reconoce como un gran referente. “Para mi, ha sido una guía, porque también es actriz, y demuestra que se puede hacer algo increíble viniendo de un programa como OT, que también es increíble, pero de otra manera. A mí lo que más me motivaba de entrar en el programa era vivir el formato mítico, las canciones pop, el vestuario, el reality para luego poder investigar y poner el foco en lo que a mí me removía”.
Y tanto si lo ha hecho. Urrutia no es ajeno a la presión que tiene por salir del concurso —“Siento muy poco margen al error. Como estamos con tanta lupa. Un sola nota se te queda un poco baja y de repente ya está todo el mundo escribiéndote en redes”, critica— , pero la verdad es que, desde que salió, no se ha cansado de romper moldes. Primero, se alejó de los primeros pasos que dan otros concursantes y, gracias a la oportunidad que le dieron los Javis después de conocerlo en la propia academia de OT, se acercó a su vocación de actor. Hasta ahora ha participado en una serie, Mariliendre, y una película, Kraken. El libro negro de las horas, y aunque que ya tiene nuevos proyectos entre manos, reconoce que sigue siendo uno de sus grandes asignaturas pendientes: “Mi voz es mía, la tengo por dentro y la tengo muy conocida, mi expresión corporal en el escenario también la domino, pero siento que en la interpretación estoy en un proceso de aprendizaje aún más grande”.
Por otro lado, cuando al fin se puso a componer música decidió desechar gran parte del trabajo que tenía avanzado con la discográfica para plantar la semilla que hoy se ha convertido en La insolación. Porque, si no era suficiente reivindicar a una escritora de posguerra con su música, se propuso además hacerlo de la mano de dos productores tan peculiares como Hidrogenesse que, además también tiene sus propia fijaciónes literaria con Álvaro Pombo. “Compartimos la misma visión sobre la cotidianidad. Sacar brillo a los momentos más sencillos. Ellos hacen un trabajo muy friki, de rata de laboratorio. No hay nada pretencioso, es todo muy natural y en eso he conectado mucho”, comparte.
El resultado es un universo sonoro que rescata hasta las bandas sonoras de los videojuegos con los que se divertía de niño en su Nintendo DSI. Sin embargo, tiene claro que en un futuro quiere probarse en otras tesituras. El día de esta entrevista estaba a punto de empezar su primera gira, que le ha llevado por todo el país a lo largo de un nuevo verano para el recuerdo, y desayunando acaba de tener una revelación para su próximo proyecto musical. Desde niño, su familia le ha dicho siempre lo mismo: “¡Déjalo ir!” y parece que al fin está aprendiendo a hacerlo: “En Bilbao mi madre acaba de cambiar el sofá del salón y sientes que se van recuerdos. Pero bueno, luego te acostumbras y siempre es a mejor”
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