Cantos de sirena mecánicos

El mundillo literario francés está en llamas. A principios de esta semana, la novela C’était ça ou mourir, del quebequés de origen haitiano Thélyson Orélien, recibe el Premio de Novela Fnac. La crítica afirma que se trata de una novela extraordinaria, con un lenguaje único; un relato desgarrador, como son o parece que tienen que ser los relatos ahora, que mezcla las vivencias del autor con una pluma fina, valiente, poco habitual, ¡insólita! Todo hace pensar que puede ganar incluso el Goncourt. Un único problema: en las redes sociales, una cuenta anónima acusa al libro de estar redactado con inteligencia artificial (IA). La cuenta somete cada capítulo a un detector, Pangram, cuya tasa de falsos positivos se estima en uno de cada 24.000. Los resultados son inequívocos: los 35 capítulos del libro están escritos por la IA. El autor lo niega, la editorial lo niega, todos hablan de falsos positivos; autoras de mérito incontestable como Virginie Despentes denuncian una caza de brujas aupada por la extrema derecha contra una voz poscolonial y racializada. Las mismas pruebas, aplicadas a otras novelas de autores haitianos, las dan por humanas. Ojo a la ironía: Grasset, que denuncia el racismo de sus críticos, es la editorial que abandonaron más de 100 autores tras el despido de su director, atribuido al magnate conservador Vincent Bolloré. La pregunta de fondo es complicada, a la vez sencillísima: a estas alturas, ¿somos capaces de saber si un texto lo ha generado una inteligencia artificial o lo ha escrito un humano de carne y hueso?

Seguir leyendo

 Nadie censura que se prepare un libro con IA, sino que lo redacte la máquina y después el presunto autor lo niegue todo  

El mundillo literario francés está en llamas. A principios de esta semana, la novela C’était ça ou mourir, del quebequés de origen haitiano Thélyson Orélien, recibe el Premio de Novela Fnac. La crítica afirma que se trata de una novela extraordinaria, con un lenguaje único; un relato desgarrador, como son o parece que tienen que ser los relatos ahora, que mezcla las vivencias del autor con una pluma fina, valiente, poco habitual, ¡insólita! Todo hace pensar que puede ganar incluso el Goncourt. Un único problema: en las redes sociales, una cuenta anónima acusa al libro de estar redactado con inteligencia artificial (IA). La cuenta somete cada capítulo a un detector, Pangram, cuya tasa de falsos positivos se estima en uno de cada 24.000. Los resultados son inequívocos: los 35 capítulos del libro están escritos por la IA. El autor lo niega, la editorial lo niega, todos hablan de falsos positivos; autoras de mérito incontestable como Virginie Despentes denuncian una caza de brujas aupada por la extrema derecha contra una voz poscolonial y racializada. Las mismas pruebas, aplicadas a otras novelas de autores haitianos, las dan por humanas. Ojo a la ironía: Grasset, que denuncia el racismo de sus críticos, es la editorial que abandonaron más de 100 autores tras el despido de su director, atribuido al magnate conservador Vincent Bolloré. La pregunta de fondo es complicada, a la vez sencillísima: a estas alturas, ¿somos capaces de saber si un texto lo ha generado una inteligencia artificial o lo ha escrito un humano de carne y hueso?

Seguir leyendo

 EL PAÍS

Noticias de Interés