Se publica un texto clásico del Nuevo Periodismo, fechado en 1974, pero todavía fascinante, sobre la gira Billion Dollar Baby Tour del cantante estadounidense
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las columnas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado
Se publica un texto clásico del Nuevo Periodismo, fechado en 1974, pero todavía fascinante, sobre la gira Billion Dollar Baby Tour del cantante estadounidense


Conviene agradecer a Es Pop Ediciones que hayan traducido De gira con Alice Cooper. Su autor, Bob Greene, siguió el recorrido de la Billion Dollar Baby Tour de 1973. Al estilo Hunter S. Thompson, se implicó en la acción: aparecía en el escenario vestido de Santa Claus y era maltratado por los músicos.
Frecuentemente, la Santa Potra ayuda. Greene se incorporó a la gira cuando la banda disfrutaba de máxima popularidad en Estados Unidos. Y descubrió tensiones: el cantante, que se batía el cobre cada noche, toleraba mal que el dinero se repartiera a partes iguales con los instrumentistas, que no parecían los lápices más afilados del show business. De fondo, el pánico moral de la América biempensante, que creía que aquellos músicos eran verdaderamente delincuentes sexuales.
Y no. Alice Cooper dedicaba su tiempo libre a consumir televisión, con preferencia por películas antiguas y programas como El precio justo. Le gustaba pontificar: “Existe una solución muy sencilla para evitar escándalos como el Watergate. El presidente debería cobrar un sueldo anual de un millón de dólares. Tal y como están las cosas, yo gano más dinero que el presidente. ¿Qué esperaban que pasara?”. Nadie se atrevía a recordarle que el caso Watergate no pivotaba sobre la corrupción. Tampoco se discutía su sospecha de que el Apolo 11 nunca llegó a la Luna.

Resulta que Alice Cooper era seguramente tan conservador como Ronald Reagan, por entonces todavía gobernador de California. Su relación con la contracultura, al igual que la de Frank Zappa, su patrocinador inicial, se quedaba en lo epidérmico: pelos largos, ropa desastrada, irreverencia, gusto por la provocación. No había fisuras en su respaldo al Partido Republicano. Su receta social pasaba por potenciar el entretenimiento all-american a partir de las recetas de Busby Berkeley o Bella Lugosi. Rechazaba la pornografía: no dudaba de que la película de moda, Garganta profunda,fuera una obscenidad. Detestaba que sus músicos fumaran marihuana y es posible que no advirtiera el creciente uso de otras drogas. Rechazaba la promiscuidad de sus compinches y vivía con el alma en vilo, temiendo que envenenaran sus hamburguesas o sus bebidas.
Le avalaba su puntería para retratar la América juvenil sobre magistrales riffs del guitarrista Michael Bruce, esculpidos de forma avasalladora con las producciones del canadiense Bob Ezrin. Su canto tendía a lo hiriente, aunque procuraba que se entendiera todo (Bob Greene lo comprobó cuando, obligándose a vivir la Experiencia Alice Cooper, grabó coros en algunos temas). Le invadía una cierta melancolía, tal vez por el distanciamento de sus compinches o, más probablemente, por depender de una subcultura seudorrevolucionaria que odiaba. Al año siguiente, rompió la banda para funcionar como solista, con resultados decrecientes.
Hacía 1984, Alice recaló en Madrid para actuar en Leviatán, alias Monster Dog, largometraje que llevaba con orgullo su etiqueta de “terror de serie B”. Lo entrevisté en su apartahotel del distrito de Moncloa. Estaba bien acompañado, pero se subía por las paredes: ya había visto todos los VHS en inglés que habían localizado en los videoclubs madrileños. Conocía también los campos de golf, pero, caramba, nadie le quería indicar dónde exactamente había muerto Bing Crosby: “Le tenía cariño, usábamos su grabación de White Christmas en nuestra gira de 1973”. Ah.
Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos
Archivado En
Feed MRSS-S Noticias
Conviene agradecer a Es Pop Ediciones que hayan traducido De gira con Alice Cooper. Su autor, Bob Greene, siguió el recorrido de la Billion Dollar Baby Tour de 1973. Al estilo Hunter S. Thompson, se implicó en la acción: aparecía en el escenario vestido de Santa Claus y era maltratado por los músicos.











