A cada paso que se ha dado en su desarrollo y perfeccionamiento, los sistemas de inteligencia artificial (IA) han ido chocando con interrogantes éticos y tecnológicos. Sucede también en la creación y el arte. Cuando hace un año se detectó que la novela Shy girl, obra de una desconocida autora llamada Mia Ballard, había sido creada con IA, la reacción fue airada. Ahora es un escritor que aspiraba a todos los premios en Francia quien ha caído en desgracia por la misma razón. La Academia Goncourt, que entrega el premio más prestigioso de las letras en francés, ha excluido al haitiano-canadiense Thélyson Orélien de entre los nominados tras surgir acusaciones de plagio y de uso de la IA en su novela C’était ça ou mourir (Era esto o morir), la sensación de la temporada literaria. Él y su editorial niegan la acusación.
A cada paso que se ha dado en su desarrollo y perfeccionamiento, los sistemas de inteligencia artificial (IA) han ido chocando con interrogantes éticos y tecnológicos. Sucede también en la creación y el arte. Cuando hace un año se detectó que la novela Shy girl, obra de una desconocida autora llamada Mia Ballard, había sido creada con IA, la reacción fue airada. Ahora es un escritor que aspiraba a todos los premios en Francia quien ha caído en desgracia por la misma razón. La Academia Goncourt, que entrega el premio más prestigioso de las letras en francés, ha excluido al haitiano-canadiense Thélyson Orélien de entre los nominados tras surgir acusaciones de plagio y de uso de la IA en su novela C’était ça ou mourir (Era esto o morir), la sensación de la temporada literaria. Él y su editorial niegan la acusación. Seguir leyendo
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional
Servirse de las máquinas para la creación literaria es perfectamente aceptable e inevitable a estas alturas, lo que resulta inadmisible es no reconocerlo
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A cada paso que se ha dado en su desarrollo y perfeccionamiento, los sistemas de inteligencia artificial (IA) han ido chocando con interrogantes éticos y tecnológicos. Sucede también en la creación y el arte. Cuando hace un año se detectó que la novela Shy girl, obra de una desconocida autora llamada Mia Ballard, había sido creada con IA, la reacción fue airada. Ahora es un escritor que aspiraba a todos los premios en Francia quien ha caído en desgracia por la misma razón. La Academia Goncourt, que entrega el premio más prestigioso de las letras en francés, ha excluido al haitiano-canadiense Thélyson Orélien de entre los nominados tras surgir acusaciones de plagio y de uso de la IA en su novela C’était ça ou mourir (Era esto o morir), la sensación de la temporada literaria. Él y su editorial niegan la acusación.
Que un escritor se sirva de la IA es perfectamente aceptable y, en realidad, inevitable a estas alturas. Su uso se extiende en todos los ámbitos laborales, científicos y económicos. ¿Por qué no en las letras? Nadie plantea objeciones a ello, siempre que no se caiga en bulos o en las “alucinaciones” que sufren a veces los actuales modelos grandes de lenguaje (LLM, en sus siglas inglesas). ChatGPT, que lo ha leído todo, puede encontrar correlaciones entre conceptos muy alejados con las preguntas adecuadas, organizar el material o resumir un texto. También redactarlo. ¿Por qué no una novela, un poema o un tratado filosófico? ¿Por qué no una obra maestra?
La cuestión no es si esto ocurrirá, sino cuándo. Y ahí toparemos con el límite ético que se ha aplicado a todo tipo de obras hasta ahora: lo que es inadmisible no es ayudarse de una máquina o delegar en ella la escritura, sino no reconocerlo. Y es lógico que, como muestran los casos recientes, esté mal visto. Ya lo estaba antes de la IA, encargárselo a otra persona y firmarlo en su lugar. La historia que uno quiere contar, la caracterización de los personajes y la generación de un texto bello e inspirador son justo la razón de ser del novelista, su oficio y su alma. Si se quiere colar una novela robótica como propia, lo primero que uno debería preguntarse es por qué escribe. Y lo segundo, explicarlo con toda transparencia y atribuir la autoría real.
Los robots ya escriben literatura. También buena literatura, según algunos críticos. Pascal Bruckner, miembro del jurado del premio Goncourt, dijo de la novela de Thélyson Orélien: “Para mí es la mejor novela de la rentrée literaria. No he leído nada que le llegue a la suela del zapato”. Podemos imaginar un mundo distópico en el que solo las inteligencias artificiales escriban y solo ellas se lean entre ellas. U otro en que la imaginación humana se sirva de todas las herramientas, incluida la IA, para seguir produciendo obras que son fuente de emociones y conocimiento. Tal vez el momento ya ha llegado.
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