Historia de la oreja de ‘Terciopelo azul’, la obra maestra de David Lynch: “La tratábamos como a un personaje más porque lo era”

Solo los cinéfilos más avezados reconocerán el nombre de Jeff Goodwin (65 años, Carolina del Sur). Como el de tantos otros artesanos de leyenda, el nombre de este maquillador y especialista en efectos especiales ha quedado enterrado bajo el de los actores, directores y productores acostumbrados a copar los titulares. Sin embargo, Goodwin puede jactarse de formar parte de la historia del cine gracias a una de sus creaciones: la oreja que desencadena la trama de Terciopelo azul (1986), la obra maestra de David Lynch. “Después de todas estas décadas haciendo cine, Terciopelo azul sigue siendo, sin ninguna duda, la experiencia más importante de toda mi carrera”, cuenta este veterano, ya retirado, que será uno de los invitados del Festival de Sitges (del 8 al 18 de octubre), una de las mayores citas en el mundo para los aficionados al cine de terror y ciencia ficción, coincidiendo con el 40 aniversario del estreno de la película.

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Jeff Goodwin, el ‘padre’ de la oreja cortada de ‘Terciopelo azul’, posa junto a su criatura.Cedida por Reel Art Press

Solo los cinéfilos más avezados reconocerán el nombre de Jeff Goodwin (65 años, Carolina del Sur). Como el de tantos otros artesanos de leyenda, el nombre de este maquillador y especialista en efectos especiales ha quedado enterrado bajo el de los actores, directores y productores acostumbrados a copar los titulares. Sin embargo, Goodwin puede jactarse de formar parte de la historia del cine gracias a una de sus creaciones: la oreja que desencadena la trama de Terciopelo azul(1986), la obra maestra de David Lynch. “Después de todas estas décadas haciendo cine, Terciopelo azul sigue siendo, sin ninguna duda, la experiencia más importante de toda mi carrera”, cuenta este veterano, ya retirado, que será uno de los invitados del Festival de Sitges (del 8 al 18 de octubre), una de las mayores citas en el mundo para los aficionados al cine de terror y ciencia ficción, coincidiendo con el 40 aniversario del estreno de la película.

“Fue principalmente por David. Él hacía las cosas de una manera que jamás he vuelto a ver en ningún otro director. Trabajaba en muchos niveles diferentes y eso se percibe en la pantalla. Era extraordinario. Cuando uno entra a trabajar en una película nunca sabe si acabará siendo buena o mala, siempre busca un buen guion unido a un buen director. Sin embargo, con Terciopelo azul fue distinto. Leí el guion por primera vez en 1984, antes del rodaje [que sería en 1985], y desde el primer momento supe que nunca había leído nada parecido. Pensé inmediatamente: ‘Tengo que hacer esta película’. Era un guion completamente único y original”, recuerda el estadounidense.

Goodwin dedicó casi medio siglo a trabajar en más de un centenar de películas y en su currículo figuran trabajos para gigantes como Michael Mann, James Cameron o Roland Emmerich, en títulos tan variopintos como El último mohicano(1992), El patriota (2000), Super Mario Bros(1993) o JFK: Caso abierto (1991). Goodwin confiesa de buenas a primeras que probablemente no hubiera tenido ninguna carrera que comentar si no fuera por el mítico Dino De Laurentiis. Productor de casi 200 películas, entre ellas clásicos como Serpico (1973) y Los tres días del cóndor (1975) o blockbusters del tamaño de Conan, el bárbaro (1982), Hannibal(2001) o la desventura primera versión de Dune(1984), del propio David Lynch. “Fue uno de los últimos grandes productores de aquella generación, una auténtica leyenda. E hizo algo por mí que, por aquel entonces, yo era demasiado joven e inexperto para comprender. Solo muchos años después me di cuenta de cuánto le debía. Él me formó. Me dio una carrera. Vio algo en mí cuando era muy joven y comprendió que me tomaba este trabajo completamente en serio”, declara a ICON.

Aquel 1984 a Goodwin le cayó del cielo la elaboración de la gran estrella de Terciopelo azul: la oreja. “David y yo llamábamos a aquella oreja Míster Ear [Señor Oreja]. La tratábamos como si fuera un personaje más de la película, porque realmente lo era”, sonríe. “La otra cosa es que tuvimos casi un mes entero de preparación antes del rodaje, algo muy poco habitual entonces y prácticamente impensable hoy. Servía, sobre todo, para entrar en la cabeza de David, y eso era fundamental. ¿Y sabes lo peor? Él hizo algo que, como he dicho muchas veces, arruinó mi experiencia con muchos otros directores después, porque era un auténtico artista”.

A principios de octubre, el de Carolina publica con la editorial británica especializada en cine Reel Art Press el libro Blue Velvet. A Polaroid Diary, casi una suerte de diario personal complementario a la película. “Hice un montón de polaroids durante el rodaje. Viví unos doce años en Italia y mientras estaba fuera, todas mis cosas permanecieron guardadas en un almacén. Años después, cuando recuperé ese material, encontré todos mis escritos originales, las fotos, las notas… Todo lo que había ido acumulando durante mi carrera”, explica.

“Si nos remontamos al estreno de Terciopelo azul, recordarás que se ganó cierta reputación oscura, por así decirlo. No es una película para todo el mundo. Cuando se estrenó, Roger Ebert [el famoso crítico estadounidense] la destrozó. De hecho, Ebert llegó a acusar a David Lynch de haber abusado de Isabella Rossellini durante el rodaje, algo que no podía estar más lejos de la realidad, porque fue todo lo contrario. David e Isabella estaban enamorados mientras hacían la película. Por eso me hizo tanta ilusión reencontrarme con aquellas fotografías. En ellas ves a David, a Dennis Hopper y al resto del equipo riéndose, haciendo fotos, disfrutando del rodaje. La gente nunca vio esa parte. Ahora la podrá descubrir”. Somos afortunados por ello.

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