Un recuerdo infantil de la doctora Emilia Redolar (Teruel, 52 años) tiene como escenario la carpintería de su abuelo, un cuchillo y el deseo de cortarse el pene. Su abuela le enseñó a coser, pero, al descubrir que se había hecho una falda, le pidió que eso quedase entre ellas. Al iniciar los trámites de su cambio de sexo en el DNI, Redolar eligió llamarse como ella: Emilia (dejando atrás el nombre de Diego, con el que había firmado sus anteriores libros). Hoy, tras cinco décadas sintiéndose mujer en cuerpo de hombre, firma su primer libro con ese nombre. La entrevista es en el piso de Sant Cugat (Barcelona) que comparte con su hija.
Un recuerdo infantil de la doctora Emilia Redolar (Teruel, 52 años) tiene como escenario la carpintería de su abuelo, un cuchillo y el deseo de cortarse el pene. Su abuela le enseñó a coser, pero, al descubrir que se había hecho una falda, le pidió que eso quedase entre ellas. Al iniciar los trámites de su cambio de sexo en el DNI, Redolar eligió llamarse como ella: Emilia (dejando atrás el nombre de Diego, con el que había firmado sus anteriores libros). Hoy, tras cinco décadas sintiéndose mujer en cuerpo de hombre, firma su primer libro con ese nombre. La entrevista es en el piso de Sant Cugat (Barcelona) que comparte con su hija. Seguir leyendo
Un recuerdo infantil de la doctora Emilia Redolar (Teruel, 52 años) tiene como escenario la carpintería de su abuelo, un cuchillo y el deseo de cortarse el pene. Su abuela le enseñó a coser, pero, al descubrir que se había hecho una falda, le pidió que eso quedase entre ellas. Al iniciar los trámites de su cambio de sexo en el DNI, Redolar eligió llamarse como ella: Emilia (dejando atrás el nombre de Diego, con el que había firmado sus anteriores libros). Hoy, tras cinco décadas sintiéndose mujer en cuerpo de hombre, firma su primer libro con ese nombre. La entrevista es en el piso de Sant Cugat (Barcelona) que comparte con su hija Martina.
¿Es Emilia desde que nació?
Nunca he dudado. Me sentía como quien nace ciega y se tiene que conformar con no ver. Me refugié en el trabajo.
¿Nació transgénero y se hizo transexual?
La transexualidad es un concepto anticuado: uno no cambia de sexo. Nacemos con cromosomas que hacen que una gónada se diferencie como testículos u ovarios que dan lugar a los órganos sexuales externos e internos, pero también actúa el cerebro, que es biológico, pero difícilmente visible. Por eso nadie habla del cerebro. Deciden nuestro sexo a partir de lo visible: los órganos sexuales externos, cuando la identidad la genera el cerebro. Y este es plástico hasta los 24 años.
¿Su cerebro ha sido siempre de mujer?
Biológicamente mi cerebro es de mujer. Mis genitales, no. La incongruencia te hace sentir mal. Pero la medicina actual te permite cambiar lo que crees que no te corresponde. Me operé el año pasado para ayudar a visibilizar una parte de mi cuerpo. No es ni una elección ni era una equivocación. Me ha venido dado. Es una forma de desarrollo.

Eligió el nombre de su abuela.
Decía: “Cuando estemos solas, lo que quieras, pero que no se entere tu abuelo”. Me ayudó y a la vez me hizo sentir culpable. Se juntó todo. Crecí en Teruel, un lugar pequeño. Mis padres…, creo que nunca se quisieron. Se casaron embarazados de mí. Tuvieron dos hijos más para intentar tirar para adelante. Era la época. Luego mi madre conoció a otro hombre y se fue. Mi padre nos dejó con nuestros tíos. No quiero pensar que fuéramos una carga: se les fue de las manos. Y nuestros tíos hicieron de padres. Pero eran exigentes y muy tradicionales. Los veranos, en Benidorm, veíamos personas trans en el mundo del espectáculo. Hablaban de ellos de forma despectiva y… no encontré la valentía para contarlo. Era mi secreto. Llegué a hacer terapia y ni siquiera allí lo conté. Me sentía profundamente culpable.
Se casó.
Quería tener una vida y decidí que habría una parcela que no compartiría con nadie, como tanta gente. No me siento culpable porque, si hubiera seguido con la mujer con la que me casé, seguiría siendo Diego. Tuvimos a Martina y nos divorciamos por desgaste, no porque surgiera este tema.
¿Qué le llevó a visibilizar su género?
Se murieron mis tíos. En pocos meses los dos, eran ese tipo de pareja. Sentí pena y una especie de liberación. Como divorciada, llevaba dos años de relación con otra mujer. Era, es, el amor de mi vida. Por eso me atreví a decírselo. Se lo debía. Fue un jarro de agua fría, pero me acompañó en la decisión. Luego, cuando empecé a hacerme visible como mujer…, no pudo.
Menudo coste…
He tenido que renunciar al amor de mi vida por darme visibilidad.
Uno puede cambiarse el sexo en el DNI desde 2007.
Es un proceso largo. Vas al Registro Civil. A los tres meses te llaman. Pasa al juzgado, al ministerio. Lo ratificas cuatro veces. Con todo, en la comisaría, un policía dijo: “El sexo no lo vas a poder cambiar”. Cuando pasado el tiempo reclamé me atendió una policía. Él lo había guardado en un cajón. Ella me hizo el DNI y el pasaporte.
¿Entiende que algunos padres teman que sea una moda?
Me cuesta. Se siguen modas para encajar en la sociedad. Visibilizarte con un sexo distinto al que te confieren tus genitales te causa dolor social. No encajar causa problemas.
¿Se hizo neurocientífica para entenderse?
No. La identidad de género es una hoja de ruta establecida biológicamente. El sexo es un intercambio de material genético. Para que eso ocurra, y la especie tire adelante, necesitamos dos tipos de genes porque cada uno tiene un tipo de célula y unos genitales diferentes para facilitar ese intercambio. Ocurre que el cerebro también tiene ese bimorfismo en las redes implicadas en la identidad y en la orientación sexual. Por eso esa hoja de ruta puede cambiar. Si todo estuviera fijado, a nadie le podrían atraer personas de su mismo sexo. Eso explica la homosexualidad o cómo puedes sentirte de otro género.
¿Los genes se activan y desactivan?
Son como cremalleras, se abren y se cierran.
Si la mente decide el género, ¿se puede cambiar de opinión?
No decide el género, está vinculada con la identidad. La percepción que tienes de sentirte mujer u hombre en la mayoría de los casos viene determinada desde pequeño. Hay personas que dudan porque entre los extremos A, mujer, y B, hombre, hay opciones.
Escribe en contra del binarismo.
Sí. Aunque yo me haya sentido siempre mujer.
¿Dudó al tener pene?
El pene me incomodaba. Por eso quise cortármelo. De género nunca he cambiado. He cambiado mi apariencia física.
Si su libro cuenta su historia, ¿por qué no lo escribió en primera persona?
Por proteger a gente que quiero. Estuve un año con la lucha interna por no perder al amor de mi vida. Hasta que mi hija me dijo que tenía que cambiar porque, si no, no sería feliz.
¿Con 11 años?
Siempre hemos hablado con total sinceridad.
¿Ahora Martina tiene dos madres?
Me llama “la papi”. Me dijo: “Eres chica, pero siempre has sido mi papi”. Tiene razón.
Es alucinante la lógica de los niños.
Martina me abrió los ojos y mi pareja me apoyó. Su amor me sostuvo. Aunque luego no sintiera atracción por mí.

Si me permite, ¿cómo cambió su sexualidad la vaginoplastia?
Es mejor ahora.
¿Sí? ¿Cómo tiene orgasmos?
La medicina ha avanzado. De las terminaciones nerviosas que van al glande se hace un clítoris, más sensible. Por eso el sexo, siendo diferente, es más intenso. Las hormonas han cambiado mi piel y mis pechos y tengo otras zonas erógenas. Se suele hacer antes la hormonación que la operación. Pero la testosterona puede producir retención de líquidos, trombos o aumento de peso. Mi endocrina aconsejó que, como lo tenía tan claro, empezara por la operación y evitara parte del tratamiento hormonal.
¿Se arrepiente de no haberlo hecho antes?
En parte. Pero pienso que Martina no estaría aquí.
Ha pasado de ocultarlo a contarlo.
Para evitarle a alguien sufrimiento. El terfismo [el feminismo transexcluyente] defiende que la identidad de género es inventada. La escritora J. K. Rowling dice que el sexo biológico es inmutable. Y que la transexualidad pone en peligro espacios seguros, como los baños. Su visión reduce a las mujeres a sus órganos reproductivos. El COI [Comité Olímpico Internacional] solo admite criterios biológicos para decidir el sexo de las atletas.
¿Qué pediría al COI?
Que afinara sus criterios científicos. Sabemos que el gen sry, una de las cosas que miran, no siempre está vinculado con la forma física. La revista Science ha publicado que aeróbicamente las mujeres trans no se benefician de la resistencia que da el estradiol. Pueden tener más masa muscular, pero una mujer cis que va al gimnasio tendría esa musculatura. Es difícil tomar decisiones, pero deberían considerar todos los datos fisiológicos, no centrarse en uno.
Utiliza el baño de mujeres.
Claro. Un caso excepcional se da cuando un hombre acusado de violencia de género decide cambiarse de sexo y lo empaña todo porque hace parecer fácil un proceso difícil. Yo, como mujer transgénero, no me siento laboralmente empoderada como me sentía como Diego. Como directora de grado, antes mis decisiones iban a misa. Hoy las tengo que justificar.
¿Con los mismos compañeros?
Sí. He llegado a leer que “el hermano de Emilia, Diego, es el pope de la neurociencia, y que ella va a caballo”.
¿La identidad de género es una experiencia subjetiva?
El sistema nervioso gasta mucha energía acoplando mente con cuerpo. No todos los organismos tienen sistema nervioso. Los primates lo tenemos para controlar los órganos del cuerpo y para controlar nuestra conducta.
¿Las características sexuales no son inmutables tras el nacimiento?
Existe una hoja de ruta. Pero en biología hay formas alternativas de desarrollo que modifican ese plan. Desde pequeñas nos ponen en dos grupos. En cada uno se aprenden cosas diferentes. A mi hija le encantaban los piratas. Hicimos una fiesta de cumpleaños conjunta y otra madre pidió que no decoráramos con piratas porque eran de niño. No nos sorprende ver a un hombre cocinando, cosiendo o limpiando. Pero sí a una mujer pilotando un avión.
¿Por qué?
Si a una niña solo le das muñecas, su cerebro se va a configurar de determinada manera. Si a un niño le dices que llorar es de niñas, va a reprimir emociones. Ramón y Cajal escribió: “Todos podemos ser escultores de nuestro cerebro”.
¿Nos hacemos?
A partir de una base, nos podemos hacer más listos o más tontos. Leer, tocar instrumentos, hacer ejercicio aumenta la reserva cognitiva que hace que el cerebro funcione mejor. Lo entendemos cuando alguien va al gimnasio y su cuerpo cambia porque se ve. Por eso, por la visibilidad, los genitales son el criterio utilizado para definir la sexualidad.
Si uno nace con sexo masculino y se siente mujer, ¿podría también sentirse de otra raza?
No. A ver, si naces con piel oscura y la sociedad te discrimina por eso, querrás tener la piel blanca.
O rebelarte.
Rebelarte es más difícil que intentar encajar. Una persona transgénero no busca encajar, busca poder ser.
¿Antes era heterosexual y ahora homosexual?
Siempre he sido homosexual. Me he sentido mujer y me han atraído las mujeres.
¿Cómo se lleva con la madre de Martina desde que es Emilia?
Dice que le cuesta verme y lo entiendo. Martina va a un colegio religioso porque su madre lo quiso. Mi exmujer me pidió que, cuando me toca recogerla a mí, la espere en un parque, por respeto a las monjas.
¿Y por respeto a usted?
Renuncio a un derecho para que Martina esté bien.
¿Ha encajado con usted y se ha desencajado socialmente?
Ahora resulta que conduzco peor. Me he sentido siempre mujer, pero estoy viviendo el mundo como mujer ahora. Sufriéndolo y gozándolo: por primera vez no tengo que impostar la voz.
¿Qué ha sido difícil?
Laboralmente tenía reconocimiento y ahora me siento cuestionada. Incómoda. Fui a la conferencia de decanos. Las decanas, bien, pero decanos que conozco de toda la vida ni se atrevían a mirarme a los ojos. Socialmente la diferencia estigmatiza.
Ha escrito sobre el efecto Macbeth: lavarse las manos tras hacer algo malo.
O utilizar colutorio después de mentir. En neurociencia está comprobado que un rostro simétrico genera confianza porque en una simetría hay menos alteraciones genéticas. La amígdala advierte de peligros e injusticias.
Tenemos dos amígdalas… Igual que se puede vivir sin un riñón, ¿se puede vivir sin una?
Sin las dos. La enfermedad de Urbach-Wiethe acumula cristales de calcio en la amígdala y la lesiona. Esos pacientes no tienen miedo. Pueden abrazar serpientes.
Una parte de la población considera a las personas transgénero enfermos mentales.
Estaba recogido como disforia de género en manuales de psiquiatría.
Usted cuenta fracasos en el cambio de sexo.
Uno de los más duros fue el caso de Brenda, en Estados Unidos. Nació con genitales masculinos, pero, en 1966, se les fue la mano en la circuncisión. El sexólogo John Money convenció a sus padres para que cambiasen su sexo asegurándoles que el entorno haría su papel. David nunca fue Brenda. Nunca se sintió mujer. Con 18 años se fue de casa. Recuperó su sexo, pero terminó suicidándose.
Cuenta el caso del español Gabriel Delgado.
Recogió 200.000 firmas para cambiar su nombre en el Registro Civil. Amaral le dedicó la canción Peces de colores, que a mí me pone los pelos de punta.
Utiliza ejemplos de la música y el cine.
Creo que el arte llega antes a las verdades. Y la música cuida la buena salud cerebral.
¿Toda la música?
Sí. Determinadas frecuencias promueven diferentes patrones de actividad neuronal. No es lo mismo el Réquiem de Mozart que Bad Bunny. Yo escribo con Ben Harper y esquío escuchando AC/DC.
¿Los videojuegos potencian la capacidad visomotora?
La investigadora Daphne Bavelier demostró que los de acción mejoran atención, memoria y capacidad visoespacial porque activan circuitos. Otros factores promueven la buena salud cerebral: hacer ejercicio, leer, dormir lo necesario, comer bien. Y a veces, el uso de videojuegos va en contra de eso. Están hechos para que te gusten, por eso generan adicción, sobre todo si hay vulnerabilidad. Con la adicción, los cambios que se dan en el cerebro son similares a los que sufren los adictos a la cocaína.
¿El scrolling está estudiado?
Poco. No tiene ninguno de los efectos beneficiosos de los videojuegos: no desarrolla la atención, la desactiva.
El interés de las mujeres en las relaciones sexuales varía a lo largo del ciclo menstrual. ¿Qué le ocurre a usted?
Las hormonas pueden modificar el deseo sexual. Yo soy regular porque tomo hormonas siempre.
Desde hace un año tiene vagina. ¿Ha tenido relaciones sexuales con órganos femeninos y masculinos?
Sí. Tras la vaginoplastia he tenido relaciones sexuales con una persona. Soy afortunada. He tenido dos vivencias diferentes. Las relaciones con pene eran satisfactorias. Ahora lo son mucho más.
Su tesis doctoral es sobre la memoria. ¿Echa de menos a Diego?
No. Siempre he tenido la misma identidad. Soy la misma con mis virtudes y mis defectos. No somos dos. Cuando era Diego por fuera, ponía un filtro delante de los demás. Ese filtro ya no está. Lo que noto es una liberación. Me siento un poco mejor porque ya no me siento falsa. Eso me hace feliz. Creo que he honrado la vida.
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