‘El banquete’, de Muriel Spark: novela de inteligencia diabólica con preguntas y respuestas universales

Una de las preguntas más ingenuas y espeluznantes que se le puede hacer a una novela es “¿de qué va esta historia?”, y esa es justo la pregunta que me formulo al cerrar la página 205 de El banquete, libro firmado por la maliciosa escritora escocesa Muriel Spark en 1990. El apelativo “maliciosa” se lo puso Graham Greene. No diré que he leído las obras completas de Spark, pero sí una parte significativa, y recuerdo aún con sobrecogimiento y sonrisa amarillenta El asiento del conductor. Me pareció una narración cruel, certera y maravillosa. Así que cuando emprendo la lectura de El banquete mis expectativas son altas y, al cerrar la página 205 y formularme la esencial y espeluznante pregunta, me respondo que esta novela va sobre el destino y el azar, el gafe, el impulso de cometer un acto criminal cuando siempre se ha estado bajo sospecha y nunca se ha sido verdaderamente culpable. En este nivel de lectura correspondiente a los conceptos abstractos, el libro funciona muy bien. Pero es que El banquete también va sobre otra cosa, porque, para abordar estos asuntos de índole moral, universal y/o generalista, Spark disecciona la alta sociedad londinense, la pareja como institución, la hipocresía y esas apariencias que, como decía Wilde, nunca engañan. La buena o la mala suerte no se colocan al margen del género y la clase social, ni de cómo las actitudes delictivas y las violencias codificadas por las leyes contemplan, sobre todo, las infracciones cometidas por las advenedizas y los desclasados. La dimensión “filosófica” de la novela, en la contextualización de la trama, adquiere un relieve político.

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 Una de las preguntas más ingenuas y espeluznantes que se le puede hacer a una novela es “¿de qué va esta historia?”, y esa es justo la pregunta que me formulo al cerrar la página 205 de El banquete, libro firmado por la maliciosa escritora escocesa Muriel Spark en 1990. El apelativo “maliciosa” se lo puso Graham Greene. No diré que he leído las obras completas de Spark, pero sí una parte significativa, y recuerdo aún con sobrecogimiento y sonrisa amarillenta El asiento del conductor. Me pareció una narración cruel, certera y maravillosa. Así que cuando emprendo la lectura de El banquete mis expectativas son altas y, al cerrar la página 205 y formularme la esencial y espeluznante pregunta, me respondo que esta novela va sobre el destino y el azar, el gafe, el impulso de cometer un acto criminal cuando siempre se ha estado bajo sospecha y nunca se ha sido verdaderamente culpable. En este nivel de lectura correspondiente a los conceptos abstractos, el libro funciona muy bien. Pero es que El banquete también va sobre otra cosa, porque, para abordar estos asuntos de índole moral, universal y/o generalista, Spark disecciona la alta sociedad londinense, la pareja como institución, la hipocresía y esas apariencias que, como decía Wilde, nunca engañan. La buena o la mala suerte no se colocan al margen del género y la clase social, ni de cómo las actitudes delictivas y las violencias codificadas por las leyes contemplan, sobre todo, las infracciones cometidas por las advenedizas y los desclasados. La dimensión “filosófica” de la novela, en la contextualización de la trama, adquiere un relieve político. Seguir leyendo  

Crítica Literaria
Crítica

Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

En esta obra publicada en 1990, la escritora escocesa construye un relato en el que todo encaja de un modo tan limpio y opresivo, tan mecánicamente necesario, como la sociedad que retrata

La escritora escocesa Muriel Spark, fotografiada en torno a 2003.INTERFOTO / Alamy / CORDON PRESS
Marta Sanz

Una de las preguntas más ingenuas y espeluznantes que se le puede hacer a una novela es “¿de qué va esta historia?”, y esa es justo la pregunta que me formulo al cerrar la página 205 de El banquete, libro firmado por la maliciosa escritora escocesa Muriel Spark en 1990. El apelativo “maliciosa” se lo puso Graham Greene. No diré que he leído las obras completas de Spark, pero sí una parte significativa, y recuerdo aún con sobrecogimiento y sonrisa amarillenta El asiento del conductor. Me pareció una narración cruel, certera y maravillosa. Así que cuando emprendo la lectura de El banquete mis expectativas son altas y, al cerrar la página 205 y formularme la esencial y espeluznante pregunta, me respondo que esta novela va sobre el destino y el azar, el gafe, el impulso de cometer un acto criminal cuando siempre se ha estado bajo sospecha y nunca se ha sido verdaderamente culpable. En este nivel de lectura correspondiente a los conceptos abstractos, el libro funciona muy bien. Pero es que El banquete también va sobre otra cosa, porque, para abordar estos asuntos de índole moral, universal y/o generalista, Spark disecciona la alta sociedad londinense, la pareja como institución, la hipocresía y esas apariencias que, como decía Wilde, nunca engañan. La buena o la mala suerte no se colocan al margen del género y la clase social, ni de cómo las actitudes delictivas y las violencias codificadas por las leyes contemplan, sobre todo, las infracciones cometidas por las advenedizas y los desclasados. La dimensión “filosófica” de la novela, en la contextualización de la trama, adquiere un relieve político.

Además, si consideramos que el qué y el cómo en la literatura son más difíciles de separar que dos siameses unidos por el cerebro, y que, como señalaba el hoy revisitado Godard, “el travelling es una cuestión moral”, El banquete también “va” de los entramados narrativos milimétricos: una inteligencia novelística casi diabólica construye un relato en el que todo encaja de un modo tan limpio y opresivo, tan mecánicamente necesario, tan si p entonces q, como la sociedad que retrata. Preguntas y respuestas universales, idiosincrasias históricas y búsquedas lingüísticas —maneras de adoptar posiciones en la sociedad y la cultura— se acoplan en esta propuesta literaria de un modo tan natural que resulta sobrehumano.

El máximo artificio se incorpora a nuestra sensibilidad sin sentir. La inyección no duele mientras te la ponen, pero al rato te deja la pata tiesa. Recuerdo al Hitchcock del colmillo retorcido y corroboro la impresión de que el sentido del humor más brillante se utiliza para hacer estas cositas malas. Por eso, si estos argumentos no fueran suficientes para avalar El banquete, apelo a la risa o la sonrisa que despiertan las descripciones físicas de los personajes, la impagable figura de Margaret, que posa como musa prerrafaelista calculando el contraste del color de las paredes con su cabellera caoba; apelo a los diálogos agilísimos; y, ante todo, apelo al desternillante capítulo de las monjas comunistas, enfisematosas y malhabladas del convento anglicano de María de la Buena Esperanza. Con ellas sentimos que saber colocar un taco a tiempo es todo un arte y que, frente al lugar común, la realidad no supera siempre a las ficciones: las monjas de Spark son incluso más amenas que las de Belorado.

Muriel Spark
Traducción de José María Gómez Pérez
Blackie Books, 2026
208 páginas. 21 euros

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