‘La vida imaginada’, los secretos de nuestros padres

Steven Mills, el narrador y protagonista de La vida imaginada, es un hombre a la deriva. Se ha separado temporalmente de su mujer (y su hijo), y decide seguir el rastro de su padre, que desapareció décadas atrás. Recuerda el año en que se produjo esa crisis familiar: 1984, cuando él tenía doce años. El relato alterna ese pasado con el presente.

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 Steven Mills, el narrador y protagonista de La vida imaginada, es un hombre a la deriva. Se ha separado temporalmente de su mujer (y su hijo), y decide seguir el rastro de su padre, que desapareció décadas atrás. Recuerda el año en que se produjo esa crisis familiar: 1984, cuando él tenía doce años. El relato alterna ese pasado con el presente. Seguir leyendo  

Steven Mills, el narrador y protagonista de La vida imaginada, es un hombre a la deriva. Se ha separado temporalmente de su mujer (y su hijo), y decide seguir el rastro de su padre, que desapareció décadas atrás. Recuerda el año en que se produjo esa crisis familiar: 1984, cuando él tenía doce años. El relato alterna ese pasado con el presente.

El padre, un joven y brillante profesor de literatura, se vio envuelto en un escándalo plagado de rumores y leyendas. Steven rememora las fiestas en su casa, donde acudían profesores y estudiantes; las películas que veían los adultos, las copas que bebían y los porros que fumaban; la dedicación de su padre a un libro que debía facilitarle la obtención de un puesto de titular en la universidad; el enamoramiento de otro hombre, también profesor; el fracaso y la frustración. Entre las cosas que provocan la caída del padre están la homofobia y los celos profesionales, pero también su propia obstinación y acaso la enfermedad mental.

Steven describe el derrumbe de su familia, los esfuerzos por evitarlo y la sensación de desamparo que experimentan él y su madre. Recuerda también a un amigo con el que vivió sus primeros escarceos amorosos y visita a personas que tuvieron relación con su padre (su madre ya ha muerto): un hermano, amigos y rivales del departamento. Trata de contactar al antiguo amante de su padre y recompone un retrato de un hombre al que quería, pero a quien también ha guardado un fuerte resentimiento todos esos años.

La novela transcurre en California y entre sus virtudes está la evocación de un mundo todavía impregnado por la revolución de los años sesenta

Cuanto más se acerca a su padre, más difuso resulta: era brillante y carismático, pero también tímido y depresivo, trabajador y autodestructivo, cariñoso y egoísta. El fantasma que acecha es una angustia íntima: Steven, que se parece a su padre en muchas cosas, desde la caligrafía a la afición por la literatura o la fluidez sexual, se pregunta si comparte su componente destructivo. Ese miedo es el motor de su búsqueda. La novela transcurre en California, tanto en los ochenta como en el presente, y entre sus virtudes está la evocación de un mundo todavía impregnado por la revolución de los años sesenta y marcado por las referencias culturales.

Marcel Proust es el autor preferido del padre, que rescata dos frases: “No siempre soportamos las lágrimas que hemos hecho derramar” y “Los verdaderos paraísos son los paraísos que hemos perdido”; parte de su fuerza es que no siempre está claro en quién pensaba al citarlas. El cine es muy importante: hay visionados en las casas, se comentan películas de Billy Wilder, Douglas Sirk, Hitchcock; aparecen en momentos significativos Perdición, Eva al desnudo, La aventura o Aquel excitante curso; hay proyecciones al aire libre y teles y salas de cine y VHS. Y también es fundamental la música: en particular, el álbum Rumours de Fleetwood Mac.

El tono es elegante y nostálgico: incluso la música y las películas que veían los padres y sus amigos eran antiguas en su momento, y una vez el padre y la madre se reconciliaron parodiando diálogos de cine negro clásico; la nostalgia es, en cierto modo, al cuadrado. Andrew Porter, novelista y autor de relatos, es un escritor de taller, y juega con destreza con las fórmulas, el detalle y las expectativas. La novela es una meditación sobre el tiempo, la familia, el misterio y la pérdida, que hace pensar en Richard Yates o John Cheever y tiene un deliberado aire de revival.

Andrew Porter
Traducción de Ce Santiago
Muñeca Infinita, 2026
336 páginas. 23,95 euros

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