Manuel Jabois, escritor y periodista: “Lo peligroso de las mentiras es que, si son demasiado bellas, nadie las contrasta”

Para conocer la historia de los países basta con ir a las bibliotecas, consultar los libros, mirar la Wikipedia. En cambio, la historia de las familias suele permanecer en un extraño silencio, dispersa en memorias, secretos, gestos inadvertidos, conflictos soterrados. No está escrita en ninguna parte, se contiene en diferentes cerebros: conocerla requiere cierta investigación, hacer preguntas quizás inconvenientes, porque muchas veces el silencio y el olvido son el armazón que mantiene a la familia en pie. ¿Querríamos a nuestra familia si supiéramos toda la verdad?

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 El autor explora las relaciones familiares en ‘La víspera’, su nueva novela  

Para conocer la historia de los países basta con ir a las bibliotecas, consultar los libros, mirar la Wikipedia. En cambio, la historia de las familias suele permanecer en un extraño silencio, dispersa en memorias, secretos, gestos inadvertidos, conflictos soterrados. No está escrita en ninguna parte, se contiene en diferentes cerebros: conocerla requiere cierta investigación, hacer preguntas quizás inconvenientes, porque muchas veces el silencio y el olvido son el armazón que mantiene a la familia en pie. ¿Querríamos a nuestra familia si supiéramos toda la verdad?

Manuel Jabois (Sanxenxo, 48 años), escritor y periodista de EL PAÍS, trata de entender estos asuntos en su nueva novela La víspera (Alfaguara). “Aunque a lo mejor”, dice, “no hay que entender nada de esta novela. A lo mejor hay que abolir esta moda de querer entenderlo todo”.

Pregunta. Pero una de sus características, también en sus columnas, es la reflexión sobre el mundo emocional, sobre la comunicación, sobre la relación entre las personas.

R. Igual es que estoy cansado de intentar atrapar las cosas (ríe). En mi anterior novela, Mirafiori, se hablaba de esto en el orden sobrenatural: por qué tenemos que buscarle explicación a todo.

P. Una de esas reflexiones suyas es sobre la mentira.

R. Me fascina ese momento en el que los niños descubren la mentira, cuando saben que pueden engañar. Es un momento fundacional del ser humano. Hay varios: uno es cuando dejamos de señalar las cosas para ponerles nombre, otro es cuando articulamos las palabras y otro cuando sabemos —somos complejos por eso— que podemos engañar. Y que podemos generar otra realidad que hacerle creer a los demás.

P. Eso es la literatura.

R. Es que ese engaño está en el origen de contar historias. Lo peligroso de las mentiras es que, si son demasiado bellas, o si nos dan la razón, nadie las contrasta.

En La víspera se cuenta la historia, claro está, de una familia. Todo en un solo día. Chami, un hijo torrencial, estrella del fútbol retirada y envuelta en un torbellino de drogas y escándalos, regresa a la casa familiar, en Galicia (tiene Jabois querencia por los escenarios de su tierra natal), para el cumpleaños de su madre, Amalia, que llega a los 65 y se afana en despellejar un conejo para la celebración. Unas muy metafóricas ratas hacen ruido en el desván.

En ese momento el pueblo permanece paralizado, entre policías y periodistas, por la misteriosa desaparición de dos niños que coincide con la también desaparición del hermano de Chami, exalcohólico ahora en paradero desconocido. Dicen que se fue a Vigo. Un libro que, dice el autor, no se parece mucho a la idea inicial: “Los libros degeneran de dos maneras: una es cuando los empiezas a escribir y otra cuando empiezas a hablar de ellos, como estamos haciendo ahora”, bromea.

P. En el personaje Amalia se retrata a esa ama de casa plenipotenciaria, atenta a todo, que “no se sienta nunca”.

R. Eso era mi abuelo, y mi madre salió idéntica, no puede estar sentada, porque puede estar pasando algo que no controla. Mi abuelo, por cierto, un día se sentó y le dio un ictus. Amalia descubre a una cierta edad que está harta de ser querida: en realidad, quiere ser admirada.

P. Describe usted con pasmosa fidelidad el Trastorno de Déficit de Atención y Hiperactividad (TDAH) de Chami.

R. Yo no tengo un diagnóstico, porque me ha dicho mi terapeuta que, tenga o no TDAH, no me va a medicar. Así que da igual. Pero tengo muchos síntomas, soy bastante arquetípico. Yo salgo de la ducha y se me olvida secarme. Pero el personaje que dices también tiene una gran necesidad de dopamina.

P. Una cosa muy actual.

R. Sí, esa necesidad constante de estímulos, el circuito de la recompensa. Mira, yo ayer caminé 22 kilómetros. Me pongo los cascos y no paro, aunque me da vergüenza llamarlo deporte. Pero traté de no buscar luego la recompensa de darme un festín o irme con alguien por ahí. Y el personaje de Chami está en eso, después de conocer el esplendor deportivo.

P. Nos interesan mucho las historias de auge y caída. ¿Por qué?

R. No es que guste que la gente caiga, es que interesa el camino de vuelta. No sé muy bien por qué. Pero cuando publicamos historias así, la gente lo revienta.

Jabois pone como ejemplo la historia del futbolista Paul Gascoigne, muy alcohólico y muy tremendo, en el que Chami se inspira someramente. Al autor le interesan los asuntos de la fama, en un momento en el que la fama es tan anhelada, y también tan sectorial: hay gente famosísima a la que no conoce nadie. Va por nichos, va por barrios. “Ahora puedes ser famoso simplemente por mostrar tu vida”, dice.

La víspera llega tras una especie de trilogía de novelas que empiezan por la letra M: Malaherba (2019), Miss Marte (2021) y Mirafiori (2023). Comienza siendo un texto reflexivo, centrado en las relaciones familiares y la psicología de los personajes, sin tanto anclaje en la trama, pero acaba acelerándose para convertirse en un thriller donde suceden giros inesperados, donde se dan distintas capas de lectura y el autor nos coloca en caminos que no conducen a donde a esperamos. Al final, en la vida, todo es más normal que lo que podríamos pensar.

P. Hay veces que se detectan trazas de Javier Marías en su estilo.

R. Es muy probable, porque le he leído muchísimo, tal vez el autor español que más he leído, aunque hay que tener cuidado porque tiene un estilo muy pegajoso. Luego leo recurrentemente a Scott Fitzgerald, Hemingway y Patricia Highsmith. Cuando leo a esta ultima siempre anhelo meterme como ella en la cabeza de los personajes.

P. ¿Por qué le interesa tanto la psicología de los personajes?

R. Supongo que porque así se resuelve en la literatura una pregunta que no es tan importante en el periodismo: ¿Por qué? Esto es muy complejo para los periodistas, pero el novelista puede ir más allá e intentar averiguarlo.

P. ¿Por eso escribe ficción?

R. Sí, y por la libertad a la hora de contar una historia. Lo asocio a mi tiempo libre, escribo muy temprano, como a las seis de la mañana, porque a esta edad ya no se duerme mucho. Y supone un estímulo al que no estoy atado, porque tengo una profesión fija, que es el periodismo. No hay presión por que los libros vayan bien. Aunque, claro, si este fuera mal, me jodería.

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