Rosa Vañó (Castillo de Canena): “Madonna es una de las personas más complicadas y con más ego con las que he trabajado”

Es la gran dama del aceite español. Rosa Vañó (Madrid, 63 años), economista de formación, abandonó una exitosa carrera como directiva de Coca-Cola, donde se dedicaba al desarrollo de nuevas líneas de negocio, lanzamientos y reposicionamiento de productos, para dedicarse, junto a su hermano Francisco, al sueño que inició su padre, Luis Vañó: impulsar Castillo de Canena, una explotación olivarera con almazara situada en Canena (Jaén), propiedad de su familia y reconocida con numerosos premios nacionales e internacionales. Anteriormente trabajó en las discográficas Warner Music y Universal, “donde aprendí a gestionar egos y a entender que hay que contar con los medios de comunicación como embajadores y transmisores de la creatividad y el valor añadido de los músicos”. Ejerce también como tesorera de la Real Academia de Gastronomía.

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 Economista de formación, dejó su exitosa carrera de directiva en Coca-Cola para desarrollar, junto a su hermano Luis, la explotación olivarera que había creado su padre en Jaén. Además, conoce muy bien el mundo de las discográficas ya que trabajó para Warner Music y Universal  

Es la gran dama del aceite español. Rosa Vañó (Madrid, 63 años), economista de formación, abandonó una exitosa carrera como directiva de Coca-Cola, donde se dedicaba al desarrollo de nuevas líneas de negocio, lanzamientos y reposicionamiento de productos, para dedicarse, junto a su hermano Francisco, al sueño que inició su padre, Luis Vañó: impulsar Castillo de Canena, una explotación olivarera con almazara situada en Canena (Jaén), propiedad de su familia y reconocida con numerosos premios nacionales e internacionales. Anteriormente trabajó en las discográficas Warner Music y Universal, “donde aprendí a gestionar egos y a entender que hay que contar con los medios de comunicación como embajadores y transmisores de la creatividad y el valor añadido de los músicos”. Ejerce también como tesorera de la Real Academia de Gastronomía.

Pregunta. Con este bagaje, decide desarrollar su propio negocio.

Respuesta. Sí, porque teníamos la enorme suerte de tener campo, almazara y también el castillo. Se puede empezar de cero, pero de distintas formas. Es un recorrido profesional que te va formando y quitando miedos. La ignorancia es muy valiente y te hace creer que puedes hacer las cosas mejor, de forma diferente y de manera especial. Todo esto cuesta mucho trabajo. Primero, porque no es fácil hacerlo y porque hay mucha gente que lo hace igual o mejor que tú. Al final, la fórmula no es otra que trabajo, pero bien entendido.

P. ¿Qué significa esto?

R. El trabajo no son horas, es calidad y flexibilidad. Los peores resultados los he tenido cuando he trabajado 14 horas al día. He sido menos resolutiva y creativa. Me parece importante la conectividad para mi conciliación como madre, como hija y como profesional. Son las tres prioridades de mi vida. El teléfono me permite tener mi sitio de trabajo en cualquier lugar.

P. Comentaba que sabe manejar los egos. ¿Se ha encontrado con muchos?

R. Madonna es una de las personas más complicadas y con más ego que he conocido y con la que he trabajado en mi vida. Me tocó trabajar con ella en promoción y en gira. Por el contrario, con Phil Collins o los hermanos Young [Malcolm y Angus], de AC/DC, me he divertido mucho. Son personas que han dejado el ego a un lado. Y no tiene nada que ver con que sean hombres o mujeres. Por ejemplo, Prince era un hombre que tenía inseguridades, pero con una gestión muy peculiar de su ego. Porque el ego no es solo el de tipo Madonna, en el que tienes que interpretar su gestión, sino también cómo se siente, cómo es su timidez y cómo tienes que relacionarte con él. Seal tampoco era una persona fácil. Fue mi primer artista y era complicado de manejar.

P. ¿Qué se hace en esos casos?

R. Callar, entender y destensar la situación, aunque no tengas la culpa. Hay que intentar destensar y tratar de ser empático y resolutivo. El ego es más complejo que creerse superior, por eso hay que entender cómo es la personalidad de cada uno. Ha sido una gran escuela de vida.

P. Salir a vender aceite por el mundo habrá sido mucho más fácil, ¿no?

R. La primera vez que salí a vender aceite fue en España. Entré en un restaurante, que no voy a decir cuál, por la puerta principal. Me preguntaron a qué iba y les dije que a vender aceite. Me dijeron que eso era por la puerta de proveedores, que estaba por detrás, donde estaban los cubos de basura y los cascos de botellas. Entré por ahí. Hoy, si no me dicen lo contrario, siempre entro por la puerta de proveedores. Entiendo que, si el cocinero me tiene que recibir en su cocina para probar el aceite, esa es la puerta. Hay que entender cada situación.

P. ¿Ha hecho mucha calle?

R. Al principio hay que hacer mucha calle. Ahora también, pero tenemos más gente que te ayuda. Estoy en un momento de mi vida en el que tengo que mirarlo todo con mucha positividad. Lo mejor es hoy y tengo que estar preparada para el día de mañana. Debe haber un relevo. Hay decisiones que ya no me toca tomar a mí, sino al equipo, a mi sobrino y a mi hijo [ambos se llaman Luis y llevan el apellido Vañó]. Me pueden pedir opinión, pero no puedo empecinarme en que la decisión es mía porque hay gente alrededor que tiene que liderar. Odiaría ser la típica persona que es la primera que llega a la oficina y la última que se va. O la que va todos los días, con 80 años, a ver qué pasa.

P. ¿A qué dedica el resto del tiempo cuando no trabaja?

R. Voy a ir por orden de frivolidad. Me gusta jugar al golf; hago pilates tres días a la semana, que me divierte mucho, y camino. Soy una gran aficionada a viajar, pero con causa. Mi afición siempre ha sido la antropología, la arqueología y el arte antiguo. Me ha interesado saber cuándo el hombre deja de ser animal y adquiere un toque divino o humano. Me gusta viajar con contenido, por ejemplo, para ver el románico del norte de España, el misterio de las catedrales, conocer culturas antiguas… Es algo que no he hecho en los últimos años todo lo que me habría gustado y me gustaría retomarlo. Coger un barco y recorrer las esclusas francesas, donde te vas parando en los vignerons y vas viendo el paisaje, me gusta. Me voy a dedicar a viajar más. También he descuidado mucho mi afición a las exposiciones. Antes iba prácticamente todos los meses a ver dos exposiciones en Madrid y, si tenía que irme fuera, también lo hacía. Pero ahora, por mi situación personal, he descuidado un poco esa faceta. Me encantaba ir con toda la familia a ver una exposición y luego irnos a comer. Me parece gratificante. Adoro leer.

P. ¿Cuál es su género preferido?

R. Leo mucha historia, pero como formo parte de varias tertulias literarias me hacen leer todo tipo de libros. Uno de los más recientes ha sido Historia de una escalera. También acabo de leer varias obras de Hermann Hesse para una tertulia. Me esfuerzo por leer cosas diferentes de las que suelo leer durante el insomnio.

P. ¿Qué lee en esas noches en vela?

R. Leo a Agatha Christie y a sir Arthur Conan Doyle. Quiero lecturas ligeras para quedarme dormida. La ópera me ha encantado toda la vida. He estado en distintos teatros, como el Bolshói o La Scala de Milán. Verdi y Puccini me encantan porque mi madre me los ponía de pequeña. Voy a cuatro o cinco óperas al año. También me encanta la música barroca. No me pierdo los ciclos de Händel en el Auditorio Nacional de Música de Madrid.

P. ¿Qué restaurantes frecuenta?

R. Tanto de producto y muy clásicos como sorprendentes y de vanguardia. Me gustan los dos extremos. Estuve hace poco en Desde 1911 y trabaja con un gran producto. También me gustan las verduras de Saddle o el ganso de Navidad, que tomo con mis hijos. Los atunes guisados de El Campero me encantan. No me gustan los crudos. Estuve hace poco en Tetsu y me pareció espectacular y divertido. De Jaén me gustan Juan Carlos García, de Vandelvira, y Pedro Sánchez, de Bagá; también Dani Carnero, del restaurante Kaleja en Málaga. Son maravillosos. Y José Álvarez, en la costa de Almería, con su proyecto de tomates.

P. ¿Su desayuno preferido?

R. Una tostada de pan bien caliente, restregada con ajo, aceite de oliva virgen extra y sal. El ajo es maravilloso de todas las maneras. No soy muy cafetera, tomo uno al día. Me gusta su olor, pero no tanto el sabor.

P. ¿Le gusta darse caprichos?

R. No, salvo gastronómicos. Comprarme ropa siempre tiene que ser algo organizado. Hace años, una compañera de trabajo me dijo que salía con la misma ropa en todas las fotografías. Nunca se lo agradeceré lo suficiente porque no había caído en ello. Soy muy estructurada con lo que me pongo, pero ir de compras me aburre. También me aburren las obras en casa y comprar cosas para decorarla.

P. ¿Tiene algún viaje pendiente?

R. Cuando era pequeña leí los libros de Jack London y sus viajes a los mares del Sur. Por eso me atrae la Polinesia, aunque luego quizá sea un coñazo y tenga que llevarme 200 libros, preguntándome qué hago yo en un palafito. Me gustaría conocerla. También me gustaría ver una aurora boreal. La Antártida me resulta muy atractiva. Y me apetecería hacer un viaje en barco entre Moscú y San Petersburgo.

P. ¿Algún remedio para el insomnio?

R. La edad no perdona. He probado todo lo que no es químico y, a veces, funciona y otras no. Ya convivo con él, incluso cuando estoy de vacaciones en Granada, frente al mar Mediterráneo, al que tanto quiero. Lo que no me gusta es pensar por la noche porque es muy mala compañera. También escucho pódcasts ligeros y de true crime; eso me evade y evita que me invadan los malos pensamientos, porque soy una persona muy positiva y estable.

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