‘Todos siguen aquí’: un disparo anónimo al delirante ‘statu quo’ contemporáneo

Todo en el enigmático debut de Liadan Ní Chuinn —ese nombre no existe, es solo un seudónimo, hablamos de nadie o, mejor, de un alguien aparentemente femenino, nacido en 1998, que ha decidido que su yo es lo de menos— es afilado. Es afilada y dolorosa cada acción descrita en sus trepidantes relatos, trepidantes en un sentido íntimo y casi físico —el narrador, en todos los casos, mantiene al lector pegado por completo a la historia, tan cerca que está recibiendo los golpes, y asistiendo a las revelaciones como si, de alguna forma, estuviese montado en el hombro de su protagonista, fuese un ente diminuto que viaja por cada uno de los apasionantes túneles que la autora construye—, y en los que lo extraordinario irrumpe en lo cotidiano, por una vez, no en tanto algo puramente extraordinario, sino en tanto algo percibido como extraordinario. Les hablaré de ‘Mary’, para que se hagan una idea más clara. ‘Mary’ es uno de los seis relatos incluidos en el volumen. Y les diré que transcurre en algún lugar del norte de Irlanda.

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 Todo en el enigmático debut de Liadan Ní Chuinn —ese nombre no existe, es solo un seudónimo, hablamos de nadie o, mejor, de un alguien aparentemente femenino, nacido en 1998, que ha decidido que su yo es lo de menos— es afilado. Es afilada y dolorosa cada acción descrita en sus trepidantes relatos, trepidantes en un sentido íntimo y casi físico —el narrador, en todos los casos, mantiene al lector pegado por completo a la historia, tan cerca que está recibiendo los golpes, y asistiendo a las revelaciones como si, de alguna forma, estuviese montado en el hombro de su protagonista, fuese un ente diminuto que viaja por cada uno de los apasionantes túneles que la autora construye—, y en los que lo extraordinario irrumpe en lo cotidiano, por una vez, no en tanto algo puramente extraordinario, sino en tanto algo percibido como extraordinario. Les hablaré de ‘Mary’, para que se hagan una idea más clara. ‘Mary’ es uno de los seis relatos incluidos en el volumen. Y les diré que transcurre en algún lugar del norte de Irlanda. Seguir leyendo  

Todo en el enigmático debut de Liadan Ní Chuinn —ese nombre no existe, es solo un seudónimo, hablamos de nadie o, mejor, de un alguien aparentemente femenino, nacido en 1998, que ha decidido que su yo es lo de menos— es afilado. Es afilada y dolorosa cada acción descrita en sus trepidantes relatos, trepidantes en un sentido íntimo y casi físico —el narrador, en todos los casos, mantiene al lector pegado por completo a la historia, tan cerca que está recibiendo los golpes, y asistiendo a las revelaciones como si, de alguna forma, estuviese montado en el hombro de su protagonista, fuese un ente diminuto que viaja por cada uno de los apasionantes túneles que la autora construye—, y en los que lo extraordinario irrumpe en lo cotidiano, por una vez, no en tanto algo puramente extraordinario, sino en tanto algo percibido como extraordinario. Les hablaré de ‘Mary’, para que se hagan una idea más clara. ‘Mary’ es uno de los seis relatos incluidos en el volumen. Y les diré que transcurre en algún lugar del norte de Irlanda.

De hecho, todos lo hacen. Porque, y esto es importante, a todos los recorre la idea de la opresión —­la opresión social y, de fondo, inevitable, la opresión política—, y lo hace de forma muy directa —por ejemplo, el segundo de ellos, ‘Amalur’, tiene un guiño más que evidente a aquello que comparten el País Vasco e Irlanda del Norte, y lo aterriza en personajes de origen en uno y otro sitio—, y la injusticia —ante el territorio arrebatado, ante la suplantación de identidad, ante la muerte indiscriminada—. Pero sobre todo los recorre la idea del vínculo, un vínculo inexplicable, y entregado, servil hasta el último extremo. Echen un vistazo a lo que dice en un momento determinado la narradora de ‘Amalur’: “Desde que yo era adolescente, mi madre me daba de sí los zapatos. Insistía en hacerlo. La había visto con los pies sangrando. Se ponía mis zapatos justo hasta que se ablandaban, para que nunca me hicieran daño a mí”. El otro no es en estos relatos el enemigo, sino una especie de armadura.

Recorre estos relatos la idea de un vínculo inexplicable donde el otro no es el enemigo, sino una especie de armadura

Pero, volviendo a ‘Mary’, y lo que tiene de cotidiano extraordinario. En ‘Mary’, la protagonista es una chica que pasa por un mal momento y se apunta a unas clases de escritura creativa. Suele coger cada día el mismo autobús y en ese autobús hay siempre una niña de unos 10 u 11 años, a la que todo el mundo conoce. La llaman Mary. Le piden consejo. La niña está siempre ahí. La protagonista fantasea con que nunca se baja del autobús, y piensa en escribir un relato sobre ello. Un relato para su clase. Pero cuando lo cuenta en clase, a todos les parece absurdo. ¿Por qué no baja del autobús? ¿Quién es? ¿Qué hace ahí? ¿Qué aspecto tiene?, le preguntan. La literalidad del momento —­los datos, ese mundo en el que estamos atrapados— impide a los compañeros de clase de la protagonista ver más allá. Ver la posibilidad de lo extraordinario, o lo meramente posible, lo, diríamos, simbólico, la verdad, aquello que busca la literatura —todo tipo de arte— es cada vez menos posible, te dice el relato.

El ambiente, en cada caso, tiene algo de misterioso. Como el del chico que trabaja en el museo y decide ir a una vidente —alguien llamado Ursa— para ver qué pasa con su vida. Todo en cada uno de ellos es aparentemente insustancial —puro azar, accidente, casi contemplación aparentemente inocente del mundo— y en realidad de una profundidad abismal. Piensen en Tara, una de las protagonistas de ‘La novena’. Cree tener una vida que no es otra cosa que —Instagram mediante— apariencia. Edición y producción. En un mundo en el que nos hemos acostumbrado a una velocidad pasmosa a editar nuestra vida —contarnos de una única manera— y hacerlo es parte de nuestras ocupaciones, ¿nos preguntamos en qué consiste esa vida de verdad? ¿En pasar el resto del tiempo tumbados en alguna parte observando las vidas que los demás han estado produciendo y editando? Cada afilada frase del debut milagroso de esta autora que no piensa existir —aunque ya ha concedido alguna entrevista— es un disparo al delirante statu quo contemporáneo.

Todos siguen aquí

Liadan Ní Chuinn
Traducción de Magdalena Palmer
Feltrinelli, 2026
160 páginas. 19,90 euros

Todos aínda aquí

Liadan Ní Chuinn
Traducción al gallego de Isaac Xubín
Rodolfo e Priscila, 2026
176 páginas. 19,50 euros

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