La colaboración con los ocupantes nazis durante la Segunda Guerra es todavía una herida dolorosamente abierta en Francia. No solo apareció en la campaña de las últimas elecciones presidenciales, con el negacionismo del candidato ultra Éric Zémmour, que sostuvo que el régimen filonazi de Vichy salvó a los judíos franceses (olvidándose que colaboró en las deportaciones más allá incluso de lo que exigían los alemanes). Es también un tema central del último libro de Emmanuel Carrère, Koljós (Anagrama), porque la madre del escritor, la académica Hélène Carrère d’Encausse, vivió gran parte de su vida con miedo a que se supiese el gran secreto familiar: que su padre había sido un colabo, asesinado por la Resistencia en 1945 (el escritor lo reveló en un libro anterior, lo que provocó un profundo cisma). Además, uno de los grandes éxitos de taquilla en Francia en 2026 ha provocado un intenso debate entre historiadores sobre la exactitud de la película Les Rayons et les ombres, que relata la vida del empresario Jean Luchaire, fusilado en 1946. Es como si el fango y la vergüenza de la colaboración siguiese pringando el presente de la vida cultural y política francesa.
La colaboración con los ocupantes nazis durante la Segunda Guerra es todavía una herida dolorosamente abierta en Francia. No solo apareció en la campaña de las últimas elecciones presidenciales, con el negacionismo del candidato ultra Éric Zémmour, que sostuvo que el régimen filonazi de Vichy salvó a los judíos franceses (olvidándose que colaboró en las deportaciones más allá incluso de lo que exigían los alemanes). Es también un tema central del último libro de Emmanuel Carrère, Koljós (Anagrama), porque la madre del escritor, la académica Hélène Carrère d’Encausse, vivió gran parte de su vida con miedo a que se supiese el gran secreto familiar: que su padre había sido un colabo, asesinado por la Resistencia en 1945 (el escritor lo reveló en un libro anterior, lo que provocó un profundo cisma). Además, uno de los grandes éxitos de taquilla en Francia en 2026 ha provocado un intenso debate entre historiadores sobre la exactitud de la película Les Rayons et les ombres, que relata la vida del empresario Jean Luchaire, fusilado en 1946. Es como si el fango y la vergüenza de la colaboración siguiese pringando el presente de la vida cultural y política francesa. Seguir leyendo
La colaboración con los ocupantes nazis durante la Segunda Guerra es todavía una herida dolorosamente abierta en Francia. No solo apareció en la campaña de las últimas elecciones presidenciales, con el negacionismo del candidato ultra Éric Zémmour, que sostuvo que el régimen filonazi de Vichy salvó a los judíos franceses (olvidándose que colaboró en las deportaciones más allá incluso de lo que exigían los alemanes). Es también un tema central del último libro de Emmanuel Carrère, Koljós (Anagrama), porque la madre del escritor, la académica Hélène Carrère d’Encausse, vivió gran parte de su vida con miedo a que se supiese el gran secreto familiar: que su padre había sido un colabo, asesinado por la Resistencia en 1945 (el escritor lo reveló en un libro anterior, lo que provocó un profundo cisma). Además, uno de los grandes éxitos de taquilla en Francia en 2026 ha provocado un intenso debate entre historiadores sobre la exactitud de la película Les Rayons et les ombres, que relata la vida del empresario Jean Luchaire, fusilado en 1946. Es como si el fango y la vergüenza de la colaboración siguiese pringando el presente de la vida cultural y política francesa.
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