En La nación de los sueños diurnos, de Juan Mattio (Buenos Aires, 1983), un archivo fotográfico analógico que alimenta una IA generativa genera una serie de imágenes explícitas que provocan una alteración en el tejido de la realidad.
En La nación de los sueños diurnos, de Juan Mattio (Buenos Aires, 1983), un archivo fotográfico analógico que alimenta una IA generativa genera una serie de imágenes explícitas que provocan una alteración en el tejido de la realidad. Seguir leyendo

En La nación de los sueños diurnos, de Juan Mattio (Buenos Aires, 1983), un archivo fotográfico analógico que alimenta una IA generativa genera una serie de imágenes explícitas que provocan una alteración en el tejido de la realidad.
La nación de los sueños diurnos forma un díptico con Materiales para una pesadilla. ¿Qué ideas le interesaba explorar? Más que ideas, me interesaba explorar una estructura narrativa no lineal, donde las distintas temporalidades que aparecen en la novela se superpusieran hasta romper la fantasía de la causa y el efecto.
En la novela introduce la idea de la “materia hipersticional”. ¿Vivimos en una profecía autocumplida? No lo creo, aunque sí me parece que vivimos en las ruinas de pasados políticos que fueron derrotados y que, por momentos, eso nos convierte en una época melancólica y desesperada.
¿Está la IA transformando nuestra relación con la verdad o simplemente amplificando mecanismos que ya existían? Tal vez la IA amplifica una sospecha que ya teníamos sobre lo que se nos dice que es real. Pero, en el fondo, creo que la crisis de los distintos regímenes de verdad (ciencia, política, esfera pública, etc.) es una herencia del siglo XX.
¿Qué libro le convirtió en lector? Hay muchos libros que me convirtieron en un lector distinto al que era: El amante, de Duras; Crítica y ficción, de Piglia; Neuromante, de Wiliam Gibson; Ulises, de Joyce.
¿Y en escritor? No fue un libro. Me convertí en escritor para escapar de mis propios pensamientos.
¿Cuál es la mejor crítica que ha recibido? La negación del final de mi primera novela de mi hija Lola.
¿Y la peor? Las que dejan claro que no leyeron el libro.
¿Qué libro tiene ahora mismo en su mesilla de noche? No leo antes de ir a dormir, pero en mi escritorio está 2666, de Bolaño.
¿Uno que no lograra terminar?Desde principio de año estoy intentando Chronic City, de Lethem y, por razones de trabajo, no puedo avanzar.
¿Cuál es la librería más bonita del mundo? Aristipo Libros, sin duda.
¿Qué canción usaría como autorretrato? Cada día una distinta. Hoy creo que sería Neighborhood #2 (Laika), de Arcade Fire.
¿Cuál suena en bucle en su cabeza? Hace meses que Viento helado, de Rosario Bléfari, está en mi cabeza.
¿La película que más veces ha visto? Blade Runner, posiblemente.
¿Un estreno reciente que le encantara? Ecos de Xinjiang, de Pablo Weber.
¿Cuál fue la última serie que vio del tirón? Creo que Sharp Objects.
¿En qué museo se quedaría a vivir? No sé si me gustan tanto los museos como para vivir en uno, pero por momento tengo la sensación de que vivimos en el Museo de la Revolución.
¿Tiene algún placer culpable en materia cultural? No creo en la culpa asociada al gusto. Leo, escucho y veo todo lo que me resulta atractivo tratando de preguntar qué me atrae en eso.
¿Qué trabajo no aceptaría jamás? Policía.
¿Cuál es su acontecimiento histórico favorito? La Revolución rusa, por supuesto.
¿Qué está socialmente sobrevalorado? La fiscalización de la vida ajena.
De no haberse dedicado a la escritura, le habría gustado ser… Feliz.
‘La nación de los sueños diurnos’. Juan Mattio. Caja Negra, 2026. 480 páginas. 28,40 euros.











