En el momento en que una se acerca a las páginas de cualquiera de las novelas de Amélie Nothomb sabe, me atrevería a decir sin temor a equivocarme, que entra en algo que podríamos etiquetar como “el universo Nothomb”. La mayoría anda rozando el límite entre la ficción y la autoficción, un género denostado, y con razón, por la saturación a la que hemos llegado, pero cuyo manejo, en el caso de Nothomb lo hace excepcional y lo mejora con cada uno de sus libros.
En el momento en que una se acerca a las páginas de cualquiera de las novelas de Amélie Nothomb sabe, me atrevería a decir sin temor a equivocarme, que entra en algo que podríamos etiquetar como “el universo Nothomb”. La mayoría anda rozando el límite entre la ficción y la autoficción, un género denostado, y con razón, por la saturación a la que hemos llegado, pero cuyo manejo, en el caso de Nothomb lo hace excepcional y lo mejora con cada uno de sus libros. Seguir leyendo
En el momento en que una se acerca a las páginas de cualquiera de las novelas de Amélie Nothomb sabe, me atrevería a decir sin temor a equivocarme, que entra en algo que podríamos etiquetar como “el universo Nothomb”. La mayoría anda rozando el límite entre la ficción y la autoficción, un género denostado, y con razón, por la saturación a la que hemos llegado, pero cuyo manejo, en el caso de Nothomb lo hace excepcional y lo mejora con cada uno de sus libros.











