Las artes saben de puesta en escena. Por si acaso, una pantalla colosal destacaba, en letras mayúsculas: “La fuerza de la cultura”. Pero el mensaje quedaba claro ya solo mirando alrededor. Pleno centro de Madrid, un amplio salón de techos altos, decenas de caras conocidas en las butacas. Incluido el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, cuyo discurso cerró, hoy viernes en el Instituto Cervantes, la presentación del Plan nacional de acción cultural en el exterior 2026-2028, la estrategia para impulsar los sectores creativos españoles en el mundo. También estuvieron los responsables de Cultura, Ernest Urtasun, y Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, dos de los hasta seis ministerios implicados en este proyecto, “ambicioso pero realizable”. En el escenario, se ofreció una cata: se vieron cine, videojuegos, monumentos, arte, danza, cómic, gastronomía, se oyó música. Pero el documento incluye cientos de actividades de todo tipo. Justo lo que trata de resumir su novedad estrella: la etiqueta España. Cultura viva, un “sello de excelencia” cuyo logo evoca un sol con muchísimos rayos.
Las artes saben de puesta en escena. Por si acaso, una pantalla colosal destacaba, en letras mayúsculas: “La fuerza de la cultura”. Pero el mensaje quedaba claro ya solo mirando alrededor. Pleno centro de Madrid, un amplio salón de techos altos, decenas de caras conocidas en las butacas. Incluido el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, cuyo discurso cerró, hoy viernes en el Instituto Cervantes, la presentación del Plan nacional de acción cultural en el exterior 2026-2028, la estrategia para impulsar los sectores creativos españoles en el mundo. También estuvieron los responsables de Cultura, Ernest Urtasun, y Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, dos de los hasta seis ministerios implicados en este proyecto, “ambicioso pero realizable”. En el escenario, se ofreció una cata: se vieron cine, videojuegos, monumentos, arte, danza, cómic, gastronomía, se oyó música. Pero el documento incluye cientos de actividades de todo tipo. Justo lo que trata de resumir su novedad estrella: la etiqueta España. Cultura viva, un “sello de excelencia” cuyo logo evoca un sol con muchísimos rayos. Seguir leyendo
Las artes saben de puesta en escena. Por si acaso, una pantalla colosal destacaba, en letras mayúsculas: “La fuerza de la cultura”. Pero el mensaje quedaba claro ya solo mirando alrededor. Pleno centro de Madrid, un amplio salón de techos altos, decenas de caras conocidas en las butacas. Incluido el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, cuyo discurso cerró, hoy viernes en el Instituto Cervantes, la presentación del Plan nacional de acción cultural en el exterior 2026-2028, la estrategia para impulsar los sectores creativos españoles en el mundo. También estuvieron los responsables de Cultura, Ernest Urtasun, y Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, dos de los hasta seis ministerios implicados en este proyecto, “ambicioso pero realizable”. En el escenario, se ofreció una cata: se vieron cine, videojuegos, monumentos, arte, danza, cómic, gastronomía, se oyó música. Pero el documento incluye cientos de actividades de todo tipo. Justo lo que trata de resumir su novedad estrella: la etiqueta España. Cultura viva, un “sello de excelencia” cuyo logo evoca un sol con muchísimos rayos.
A lo largo de 125 páginas el plan cita más acciones, como mejorar la coordinación pública o crear una certificación que convierta a creadores, instituciones u obras de un cierto valor en banderas del país. “Los grandes embajadores de España son aquellos que hacen la cultura, como Rosalía o los Javis [recientes ganadores ex aequo del premio a la mejor dirección en Cannes, por La bola negra]”, dijo Albares. El documento enumera más nombres, como Almodóvar, Mallo, Zambrano o Lorca; también ilumina eventos, como el año dual España-India o la XXX Cumbre Iberoamericana que Madrid acogerá en noviembre; despliega cifras récord, como los 770.000 empleados en 2024 o que a las artes se debe hasta una cuarta parte de la mayor afluencia de turistas de la historia; y repite palabras como multilateralismo, diplomacia, convivencia, desarrollo o cooperación. Aunque quizás todo se resuma en la expresión que el pensador Joseph Nye acuñó hace tres décadas y el plan rescata: “Poder blando”.
La mejor cultura suele estar llena de contradicciones. Y resultaba imposible no ver una en el propio acto: impulsar el esplendor de la marca España fuera, justo cuando pasa por uno de sus peores momentos internos, entre los múltiples escándalos judiciales que afectan al PSOE, principal partido de Gobierno. El director del Cervantes, Luis García Montero, dio su opinión: “Hay una élite millonaria que está utilizando sus títeres para manchar la imagen de España”. Pero de ello no se habló mucho más. Tampoco se pudo plantear esa ni otras cuestiones: la comparecencia no permitió preguntas.

En su intervención, Sánchez presumió así de representar al cuarto país por influencia artística, detrás de Italia, Francia y Japón, según el Global Soft Power Index 2026. El dato se refiere al apartado “Cultura y patrimonio” del informe: en la clasificación general, liderada por EE UU, España baja hasta el puesto 12. En todo caso, el presidente subrayó otra clave: “En un mundo en el que algunos apelan a la cultura de la fuerza, de la guerra, nosotros elegimos un camino alternativo, la fuerza de la cultura”. O, en palabras de Urtasun: “En este momento, España tiene algo que contarle al mundo”. Sánchez, además, señaló uno de los ámbitos donde el Gobierno ha detectado mayor margen de crecimiento: “Durante demasiado tiempo nos conformamos con exportar talento en lugar de construir una verdadera potencia cultural. Ese es el desafío que afronta este plan”. El propio informe reconoce: “La posición de liderazgo mundial […] no se traduce en la rentabilidad económica de sus exportaciones”.
Lo cierto es que la recaudación en el exterior ha ido creciendo en los últimos años, pero supone un 0,6% del total de exportaciones, en el séptimo puesto en la UE, muy por detrás del 1,8% de Francia o el 2,7% de Italia. Y eso que la cifra incluye la joyería, una de las partidas más relevantes por detrás de libros o audiovisual. El saldo neto coloca a España como país importador de cultura, y el plan para el próximo bienio pone entre sus prioridades que eso cambie.
“Tiene como objetivo diseñar una identidad o marca de la cultura española que sea asociada internacionalmente con la idea de calidad, excelencia, autenticidad, originalidad, diversidad y riqueza”, se lee en el informe, sobre España. Cultura viva. El proyecto promete “consolidar el crecimiento” de disciplinas como la literatura, el cómic, la música o el audiovisual, e “impulsar todas aquellas de proyección internacional, como la danza o el videojuego”. También “se promoverán acuerdos comerciales con las grandes empresas y compañías de la cultura de referencia para cada ámbito con el fin de incrementar la inversión en los bienes y servicios culturales españoles, y su difusión exterior”.
La diplomacia cultural o el desarrollo económico del ―a menudo muy precario― sector conforman otros ejes del plan. Sanchez repitió como en otras ocasiones que por cada euro invertido en la cultura el retorno para la economía es de 1,75 euros. Y defendió: “Uno de los mayores éxitos de nuestra política exterior es que no inspiramos temor, sino respeto. Que inspiramos, sin más. Hoy mucha gente fuera de nuestro país ve en nosotros una forma abierta de estar en el mundo”. El idioma español se habla cada vez más también en el sentido literal. “Es oficial en más de 20 países y se aprende en 111 países como lengua extranjera. […] En el mundo hay cerca de 520 millones de personas hablantes nativas (la tercera lengua por demografía nativa tras el mandarín y el indi)”, resume el documento. Y promete reforzarlo con el lanzamiento en RTVE de un nuevo canal cultural en septiembre y de La gran aventura de la lengua española, un recorrido divulgativo por la historia del idioma, presentado por Iñaki Gabilondo.
Entre los próximos hitos, además, se recogen la apertura de una nueva sede del Cervantes en Seúl, que estreche lazos con Corea del Sur, otro Estado con evidente empuje cultural; o la celebración por los 250 años de la creación de EE UU, que pone en el centro de la relación entre ambos países el patrimonio subacuático, entre otros aspectos. Tal vez la cultura hasta ponga de acuerdo por una vez a Donald Trump y Sánchez, que últimamente discrepan mucho más que coinciden. Más adelante, ya para 2027, el plan destaca la Exposición Internacional de Belgrado, el centenario de la Generación del 27 o el Año Goya, en 2028, dos siglos después del fallecimiento del pintor. “No retrató solo la España de su tiempo, sino conflictos que continúan. La tensión entre la razón y el extremismo, entre la libertad y el autoritarismo. Y encarnó una de las grandes paradojas de nuestra historia: un país capaz de producir genios universales, que demasiadas veces no hemos sabido proteger, incluso reconocer. Goya murió exiliado en Burdeos, lejos de la tierra que había pintado mejor que nadie”, afirmó Sánchez.
Mucho menos habrá que esperar para otro hito del plan, El Mapa mundial de la música en español, cuya presentación está prevista para el 21 de junio. El informe aparece citado dentro del apartado Música en Español, más universal que nunca, que recuerda el triunfo del sector cultural que más ha crecido desde la pandemia y la creación de herramientas comola Oficina de Exportación de la Música o la plataforma digital Sounds from Spain, que pretende juntar información “de los principales agentes involucrados en la internacionalización”.
Hubo, en definitiva, mucho. Aunque no todo. En el mapa de áreas de interés del plan, faltan Chile o Perú, y casi por completo África. Y de la Inteligencia Artificial salen citadas sobre todo las oportunidades, más que las amenazas. En el acto se defendió el poderío económico de la cultura, que supone hasta un 2,3% del valor añadido bruto y aporta más que la industria textil, farmacéutica o química. Sin embargo, no se explicó por qué, entonces, en los Presupuestos Generales del Estado nunca supera el 0,3% del gasto. Se destacó el nacimiento de miles de compañías, sin especificar que la gran mayoría de lo que las estadísticas llaman empresa es un trabador por cuenta propia, casi siempre intermitente. “La cultura no la crean las instituciones, sino las personas”, recordó García Montero.
El plan recoge además cifras inéditas de participación y asistencia, como el 47,6% que acudió en el último año a museos, galerías o exposiciones. Pero teatros y salas de cine han ido perdiendo público y funciones. Y, sobre todo, a menor juventud, nivel de estudios, tamaño del lugar de residencia o ingresos corresponde prácticamente siempre una menor implicación con las artes. Tanto que algunos hablan de “exclusión cultural”. Persisten, pues, unas cuantas sombras. Aunque el plan elige enfocarse en las muchas luces. Sánchez afirmó: “Cada sábado trato de aportar mi pequeño grano de arena de recomendaciones culturales en alguna red social. Podría pasarme años haciéndolo. Pero hoy mi recomendación es sencilla: España”. En las butacas, hubo aplausos. Ahora le toca al plan conseguirlos en el resto del mundo.











