“El año pasado una trabajadora agrícola me dijo algo que no he podido olvidar: aquí pasan muchas cosas que nadie cuenta”, ha contado este miércoles, en videoconferencia, David Silva Rojas (Ica, 45 años), el abogado, investigador y narrador peruano que ha resultado ganador, con su novela Donde el agua trabaja, del primer Premio Internacional de Novela Breve Almadía Ventosa-Arrufat anunciado en Ciudad de México. El escritor, que a falta de una visa para entrar a México no ha podido recibir en persona el reconocimiento, ha retratado desde sus investigaciones y artículos académicos los temas que más le preocupan de su país natal, Perú, como la migración, explotación laboral, trata de personas o sostenibilidad. “Durante muchos años escuché hablar del éxito de la agroexportación de mi país, de sus cifras, de su crecimiento; yo quise escribir sobre las personas que hacen posible ese éxito y que, sin embargo, nunca ocupan el centro de la historia“, dijo.
El autor de la obra, el investigador y abogado David Silva Rojas, ha ganado el Premio Internacional de Novela Breve Almadía Ventosa-Arrufat anunciado en Ciudad de México
“El año pasado una trabajadora agrícola me dijo algo que no he podido olvidar: aquí pasan muchas cosas que nadie cuenta”, ha contado este miércoles, en videoconferencia, David Silva Rojas (Ica, 45 años), el abogado, investigador y narrador peruano que ha resultado ganador, con su novela Donde el agua trabaja, del primer Premio Internacional de Novela Breve Almadía Ventosa-Arrufat anunciado en Ciudad de México. El escritor, que a falta de una visa para entrar a México no ha podido recibir en persona el reconocimiento, ha retratado desde sus investigaciones y artículos académicos los temas que más le preocupan de su país natal, Perú, como la migración, explotación laboral, trata de personas o sostenibilidad. “Durante muchos años escuché hablar del éxito de la agroexportación de mi país, de sus cifras, de su crecimiento; yo quise escribir sobre las personas que hacen posible ese éxito y que, sin embargo, nunca ocupan el centro de la historia“, dijo.
La novela Donde el agua trabaja ha sido la elegida por un jurado liderado por la escritora mexicana Cristina Rivera Garza y por las autoras argentina Selva Almada y ecuatoriana Mónica Ojeda, de entre 2.204 manuscritos que la editorial independiente oaxaqueña recibió de las manos de autores y autoras de 22 países. «Donde trabaja el agua construye la atmósfera opresiva de la explotación laboral, la vulnerabilidad y la relación desigual entre trabajadoras y capataces con un lenguaje sutil, oraciones breves como el goteo de los regadores en las viñas, sin caer nunca en la tentación del panfleto y la declaración», dijo Rivera Garza.
Su autor ha contado que, hace más de un año, tras escuchar a aquella mujer contarle los detalles sobre su vida en los campos agrícolas de Perú, la idea de conocer más sobre las personas y las condiciones en las que trabajaban la tierra se le quedó consigo, así que empezó a visitar paraderos en los que antes del amanecer cientos de personas esperaban el transporte que los llevaba a los diferentes fundos. “Escuché sus historias, intenté ganarme su confianza y entender mejor ese mundo, pero cuando terminé ese trabajo, me di cuenta de que no había conseguido contar lo que para mí empezaba a ser lo más importante. El artículo que redacté hablaba de cifras, procesos y resultados, pero no alcanzaba a mostrar el miedo de quien deja a sus hijos para ir a trabajar, el espacio que comparten después de jornadas interminables bajo el sol. Los pequeños gestos de solidaridad, entre quienes comparten un cuarto o el silencio con el que muchas personas siguen adelante para intentar sostener a sus familias», dijo.

Para el jurado, según ha relatado Rivera Garza, la decisión de premiar esta novela fue unánime y definitiva. Además, fue rápida, dado el consenso que se tuvo entre las escritoras. “Una mujer joven deja su pueblo para trabajar como cosechera temporaria en una región lejana de su país. Es magistral el uso de los silencios. Tal vez justamente el silencio sea lo más elocuente de la novela. El silencio como lazo entre la narradora y la única amiga que hace en el trabajo. El silencio ante las injusticias de los capataces, el silencio extendido como una mancha voraz, como si toda la novela estuviera dicha bajo el agua. Es también notable el modo en que, a medida que avanza el relato, algo ominoso, escalofriante, espesa su textura sin llegar nunca a nombrarse; estas son las razones”, explicó Rivera Garza.
David Silva Rojas nació en Ica, el sitio en el que tiene lugar su historia, un lugar ubicado en la región ubicada en la costa central de Perú, mundialmente conocida por albergar los grandes campos de cultivo de uvas que la hacen una región vitivinícola considerada como un ejemplo de éxito en la agroexportación de todo el mundo. La zona también es uno de los principales destinos de migración interna en el país, con cerca de 80 millones de personas originarias de otros puntos de Perú que se han establecido en ese sitio en los cinco años recientes, de acuerdo con cifras oficiales del gobierno.
La llegada masiva de personas que buscan desesperadamente una mejor vida ha planteado varias problemáticas en la región y ha expuesto que detrás de las cifras exitosas hay explotación, maltrato e impactos medioambientales irreversibles. Silva Rojas, asegura, quería contar esos matices: “Me pregunté por qué alguien soporta tanto dolor, tanto cansancio e incluso humillación sin abandonar ese trabajo. Al principio creía que estaba escribiendo una novela sobre la violencia del trabajo agrícola, pero al terminar entendí que la verdadera pregunta nunca había sido el trabajo, sino aquello que lleva a una persona a soportar día tras día. Madres que desean que sus hijos puedan estudiar, hijas y hermanos que migran para ayudar a sus familias, personas que sacrifican parte de sus propias vidas para ofrecer un futuro mejor a quienes aman”.
Donde trabaja el agua será publicada en septiembre en México, España, Argentina, Colombia y Perú, y hasta finales del 2026 su autor se presentará en la región para presentar su obra, que se impuso en una etapa finalista en la que también estaban los autores argentinos Ivo Marinich, con su libro El sulky, y Félix Bruzzone, con El cazador de caracoles, así como el libro Fiebre, de la autora boliviana Camila de Urioste.
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