El debut bilbaíno de la soprano madrileña y la brillante actuación del tenor estadounidense, con Guillermo García Calvo por vez primera en el foso del Euskalduna, cierran la 74ª temporada en el 130º aniversario de la ópera de Giordano
Es excepcional que un aria de ópera se convierta en el eje emocional y dramático de una película comercial. Lo logró Jonathan Demme en Philadelphia (1993), en la secuencia en que Tom Hanks, abogado enfermo de sida en fase terminal, parecía habitar —en el célebre movimiento envolvente de la cámara— la mítica grabación de Maria Callas de La mamma morta, de Andrea Chénier. Demme se apoyaba en el centro de gravedad de la ópera de Umberto Giordano para desactivar, ante una sociedad todavía homófoba, el estigma de la enfermedad y devolver dignidad a sus víctimas.
Ese mismo momento, en el que una víctima del Terror revolucionario francés invoca la humanidad y el amor, volvió a alcanzar el pasado sábado una temperatura incandescente en el Palacio Euskalduna. ABAO Bilbao Opera clausuraba su 74ª temporada con una producción que conmemora el 130º aniversario del estreno de la ópera de Giordano y suponía, además, el debut bilbaíno de Saioa Hernández. La soprano madrileña obtuvo la mayor ovación de la noche con su poderosa interpretación de ese grito de amor y muerte que es la célebre aria de Maddalena di Coigny.
Hernández reúne la experiencia y los medios vocales idóneos para convertirse en una de las referencias actuales de la heroína de Giordano. Debutó el papel en Parma en 2019 y lo ha cantado después en Londres y Viena, en sustitución de Sondra Radvanovsky y Sonya Yoncheva. Posee un verdadero instrumento lírico-spinto, de emisión homogénea, que en La mamma morta lució una solidez y un colorido admirables en el registro medio-grave, sin perder precisión ni intensidad en el agudo, como demostró en el poderoso si natural del culminante “Ah! Io son l’amore”.
Su actuación vocal fue imponente durante toda la representación, aunque con pocas concesiones a la dinámica y a las sfumature. También elevó los dos grandes duetos con Chénier: el del segundo cuadro y, sobre todo, el del cuarto, que fue otra de las cumbres de la noche. Faltó, sin embargo, una verdadera evolución dramática: de la joven aristócrata del primer acto a la figura trágica que conoce la miseria y encuentra redención en un amor absoluto.

Michael Fabiano tampoco brilló especialmente en el plano actoral, pero ofreció una prestación vocal de alto voltaje, coronada por una sonora ovación final. El tenor estadounidense de ascendencia italiana, en pleno tránsito hacia papeles más dramáticos, debutó el personaje la temporada pasada en Viena con algunas dudas sobre su resistencia. En Bilbao empezó algo frío y empujó los agudos en su célebre Improvviso del primer cuadro, Un dì, all’azzurro spazio, aunque ya entonces mostró su capacidad para no sacrificar la musicalidad en esos arrebatos. Fue claramente a más: lució proyección y metal en los monólogos siguientes, especialmente en el poderoso Sì, fui soldato, del tercer cuadro, y convirtió la romanza del cuarto, Come un bel dì di maggio, en una lección de bel canto heroico.
El triángulo amoroso ideado por Luigi Illica, en su libreto basado en la vida del poeta André Chénier (1762-1794), guillotinado durante el Terror, se completa con el complejo perfil de Carlo Gérard, un sirviente enamorado de Maddalena, reconvertido en dirigente revolucionario y acusador arrepentido de Chénier. El barítono Juan Jesús Rodríguez ofreció una caracterización convincente y bien calibrada de un personaje que ha frecuentado varias veces en la última década. Arrancó con una voz poderosa y de atractivo color en su primer monólogo, Son sessant’anni, y convirtió Nemico della patria?, en el tercer cuadro, en otro de los destellos de la velada. En el resto, sin embargo, el cantante onubense se mostró más frío y contenido.
El reparto secundario mantuvo un excelente nivel vocal y actoral. La mezzosoprano canaria Nancy Fabiola Herrera, además de encarnar a La Contessa di Coigny, emocionó como la vieja Madelon en el tercer cuadro, cuando entrega a su nieto a la revolución. Su colega rusa Veta Pilipenko resolvió con poderío las exigencias dramáticas de Bersi frente a una orquesta casi wagneriana al comienzo del segundo cuadro. En el apartado masculino destacó el tenor asturiano Jorge Rodríguez-Norton como L’abate, pero sobre todo por su caracterización siniestra y manipuladora de Un incredibile. El joven barítono gallego Gabriel Alonso compuso un atractivo Roucher, al igual que el veterano Fernando Latorre como Il sanculotto Mathieu. Y volvió a brillar el Coro de Ópera de Bilbao.

El otro gran vector de este éxito, que cierra la 74ª temporada de ABAO Bilbao Opera, fue el debut en el foso del director madrileño Guillermo García Calvo. Bajo sus manos, la Bilbao Orkestra Sinfonikoa encontró la sofisticación y la continuidad dramática que exige la partitura de Giordano. García Calvo supo impulsar el canto declamado sin ahogar las voces, manejó con inteligencia el contraste y añadió cierto perfume wagneriano, idóneo en un título que bascula entre el lirismo italiano y el sinfonismo germano.
La puesta en escena de Alfonso Romero Mora, estrenada en el Festival de Peralada en 2014 y repuesta después en Bilbao, Sevilla y Oviedo, regresaba al Euskalduna nueve años después. Es una producción respetuosa con el libreto de Luigi Illica, apenas salpicada de licencias. Pero también un planteamiento en el que el espacio escénico crea una atmósfera idónea para la música: la escenografía en plano inclinado de Ricardo Sánchez Cuerda sitúa la acción en un palacio cortesano que se degrada progresivamente bajo los rigores del Terror. A ello contribuyen la iluminación de tinte pictórico de Félix Garma y, sobre todo, el atractivo vestuario historicista de Gabriela Salaverri, de notable equilibrio cromático. La dirección de Romero Mora no brilla especialmente en el trabajo actoral del trío protagonista, pero sí en el perfil dramático de los secundarios y, de manera especial, en el manejo fluido de los conjuntos.

Difícil pedir mejor antesala para la temporada del 75º aniversario de ABAO Bilbao Opera. Tres funciones más, los días 26 y 29 de mayo y 1 de junio, completarán este Andrea Chénier en el Palacio Euskalduna.
‘Andrea Chénier’
Música de Umberto Giordano. Libreto de Luigi Illica, inspirado en diversas fuentes literarias e históricas sobre André Chénier, de Henri de Latouche, Arsène Houssaye, los hermanos Goncourt y Théophile Gautier.
Reparto: Michael Fabiano, tenor (Andrea Chénier); Saioa Hernández, soprano (Maddalena di Coigny), Juan Jesús Rodríguez, barítono (Carlo Gérard), Nancy Fabiola Herrera, mezzosoprano (La Contessa di Coigny / Madelon), Veta Pilipenko, mezzosoprano (La mulatta Bersi), Gabriel Alonso, barítono (Roucher), Jorge Rodríguez-Norton, tenor (Un incredibile / L’abate), Josu Cabrero, tenor (Poisson), Fernando Latorre, barítono (Il sanculotto Mathieu), José Manuel Díaz, barítono (Il Romanziero Pietro Fléville / Fouquier Tinville), Gexan Etxabe, bajo (Schmidt / Dumas / Il maestro di casa).
Coro de Ópera de Bilbao. Director del coro: Esteban Urzelai.
Bilbao Orkestra Sinfonikoa. Dirección musical: Guillermo García Calvo.
Dirección de escena: Alfonso Romero Mora.
ABAO Bilbao Opera. Palacio Euskalduna, 23 de mayo. Hasta el 1 de junio.
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Es excepcional que un aria de ópera se convierta en el eje emocional y dramático de una película comercial. Lo logró Jonathan Demme en Philadelphia (1993), en la secuencia en que Tom Hanks, abogado enfermo de sida en fase terminal, parecía habitar —en el célebre movimiento envolvente de la cámara— la mítica grabación de Maria Callas de La mamma morta, de Andrea Chénier. Demme se apoyaba en el centro de gravedad de la ópera de Umberto Giordano para desactivar, ante una sociedad todavía homófoba, el estigma de la enfermedad y devolver dignidad a sus víctimas.
‘Andrea Chénier’
Música de Umberto Giordano. Libreto de Luigi Illica, inspirado en diversas fuentes literarias e históricas sobre André Chénier, de Henri de Latouche, Arsène Houssaye, los hermanos Goncourt y Théophile Gautier.
Reparto: Michael Fabiano, tenor (Andrea Chénier); Saioa Hernández, soprano (Maddalena di Coigny), Juan Jesús Rodríguez, barítono (Carlo Gérard), Nancy Fabiola Herrera, mezzosoprano (La Contessa di Coigny / Madelon), Veta Pilipenko, mezzosoprano (La mulatta Bersi), Gabriel Alonso, barítono (Roucher), Jorge Rodríguez-Norton, tenor (Un incredibile / L’abate), Josu Cabrero, tenor (Poisson), Fernando Latorre, barítono (Il sanculotto Mathieu), José Manuel Díaz, barítono (Il Romanziero Pietro Fléville / Fouquier Tinville), Gexan Etxabe, bajo (Schmidt / Dumas / Il maestro di casa).
Coro de Ópera de Bilbao. Director del coro: Esteban Urzelai.
Bilbao Orkestra Sinfonikoa. Dirección musical: Guillermo García Calvo.
Dirección de escena: Alfonso Romero Mora.
ABAO Bilbao Opera. Palacio Euskalduna, 23 de mayo. Hasta el 1 de junio.










