Salamanca se queda sin su Feria del Libro Antiguo: “Llevan años intentando sacarnos de la Plaza Mayor; es una brutalidad”

El olor a libros viejos y, sobre todo, el dinero de las ventas van a desaparecer de la Plaza Mayor de Salamanca. La 32ª edición de la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión no se celebrará tras un choque entre el Ayuntamiento (PP) y el gremio, que denuncia que la corporación quería reducirles su instalación de 16 días en otoño, como siempre, a solo 10. El colectivo insiste en el bajón económico y en el valor cultural que pierde la ciudad, emblema universitario, pues además de las casetas de libreros locales y de toda España se organizaban conciertos o diversos eventos. El Consistorio esgrime que “se ha visto obligado a suspender” la cita “después de que los libreros no hayan aceptado las mejoras planteadas para garantizar la continuidad de esta cita cultural”. Estos hablan de “años de tensiones para sacarnos de la plaza Mayor”, denuncian un modelo de “llenarla simplemente de turistas y terrazas y vaciarla de ciudadanos” y evocan al literato Miguel de Unamuno: “Venceréis, pero no convenceréis”.

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 El olor a libros viejos y, sobre todo, el dinero de las ventas van a desaparecer de la Plaza Mayor de Salamanca. La 32ª edición de la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión no se celebrará tras un choque entre el Ayuntamiento (PP) y el gremio, que denuncia que la corporación quería reducirles su instalación de 16 días en otoño, como siempre, a solo 10. El colectivo insiste en el bajón económico y en el valor cultural que pierde la ciudad, emblema universitario, pues además de las casetas de libreros locales y de toda España se organizaban conciertos o diversos eventos. El Consistorio esgrime que “se ha visto obligado a suspender” la cita “después de que los libreros no hayan aceptado las mejoras planteadas para garantizar la continuidad de esta cita cultural”. Estos hablan de “años de tensiones para sacarnos de la plaza Mayor”, denuncian un modelo de “llenarla simplemente de turistas y terrazas y vaciarla de ciudadanos” y evocan al literato Miguel de Unamuno: “Venceréis, pero no convenceréis”. Seguir leyendo  

El olor a libros viejos y, sobre todo, el dinero de las ventas van a desaparecer de la Plaza Mayor de Salamanca. La 32ª edición de la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión no se celebrará tras un choque entre el Ayuntamiento (PP) y el gremio, que denuncia que la corporación quería reducirles su instalación de 16 días en otoño, como siempre, a solo 10. El colectivo insiste en el bajón económico y en el valor cultural que pierde la ciudad, emblema universitario, pues además de las casetas de libreros locales y de toda España se organizaban conciertos o diversos eventos. El Consistorio esgrime que “se ha visto obligado a suspender” la cita “después de que los libreros no hayan aceptado las mejoras planteadas para garantizar la continuidad de esta cita cultural”. Estos hablan de “años de tensiones para sacarnos de la plaza Mayor”, denuncian un modelo de “llenarla simplemente de turistas y terrazas y vaciarla de ciudadanos” y evocan al literato Miguel de Unamuno: “Venceréis, pero no convenceréis”.

La porfía lleva meses gestándose. Los libreros han ido alertando sobre movimientos municipales para menguar su presencia en el mítico centro charro y desplazar sus actividades entre octubre y noviembre; ellos han reivindicado el peso cultural y financiero de la prestigiosa Feria, muy querida por muchos habitantes y visitantes, y han declinado participar. Esto supone rechazar una subvención del 50% de la instalación del puesto, oferta que agradecen, pero ven inviable si supone solo 10 días de venta, sobre todo para quien viene de fuera y sufre más gastos. De fondo creen que el Ayuntamiento quiere sacarlos de la Plaza Mayor, donde cada poco hay eventos de todo pelaje y siempre hay terrazas de importantes hosteleros.

El grupo tira de etimología: quieren un espacio de ágora, de reunión y encuentro sobre la vida cultural charra, y no su burda utilización interesada. Así lo explica uno de sus comunicados: “Quienes la llaman Ágora y la quieren llenar de turistas y terrazas y vaciar de ciudadanos, como si fuese un photocall, defienden sin darse cuenta un turismo agorafóbico. Nuestra propuesta es un turismo agorafílico, que no destruya y encarezca la vida de quienes vivimos en ella”. El descuento ofrecido por el Consistorio lo achacan a que los políticos han visto cómo apenas hay libreros interesados en ese modelo criticado y han buscado alternativas fallidas. El colectivo ha ofrecido comprimir el espacio, pero aseguran no haber recibido respuesta. Además, reprueban que se les intente mover hacia la plaza de los Cubos, menos céntrica y donde antaño no funcionó. El Ayuntamiento ha indicado en una nota de prensa que “se ha visto obligado a suspender” la feria por el desencuentro con los participantes, ha reivindicado sus planteamientos y ha anunciado que los fondos irán para un Salón del Cómic.

Varios libreros citados en la librería La Nave, con volúmenes de toda época y contenido, apostillan el descontento. Sergio García, de 39 años y tres en el negocio, luce una camiseta con el lema “La rebelión comienza leyendo”. La suya, tras constatar una tendencia cocida “desde hace 10 años, sobre todo los siete últimos”. “Estamos tristes, se veía venir, es un ‘O haces lo que yo digo o no se hace”, aprecia, con muchos colegas inquietos por la pérdida de ganancias y por el gasto ya realizado en obras de caché, cotizadas por el público. Ana Fortes, de 60 años y 23 en el mundillo, explica por teléfono que “cada poco iban diciendo algo, pero no pensábamos que pasaría esto”. Por esto está “ofendidísima” y con “desazón” ante la pérdida de proyección de la ciudad, con muchos lectores “disgustados”. La gente responde “en masa” a la hoja de firmas como la que muestran en esta librería salmantina, con muchas voces, añade, reprobando que en la plaza Mayor se forman toda clase de espectáculos pero ahora los libros antiguos molestan. David de Dios, librero de 33 años en Maldonado, condena la orfandad del público que acude fiel cada año tanto a ellos como a colegas de toda España. “Muchos clientes nos preguntan por qué no hemos aceptado esas condiciones y lo entienden cuando se lo decimos, ven que no es razonable”, apostilla. Los comunicados enviados a los medios abundan en el alcance que acarrea la festividad, pues mucho comercio local se sostiene por el bullicio y los visitantes: “La Feria no es una calle en obras. No dura un mes, sino que ofrece una programación cultural rica y variada durante 16 días, con conferencias, conciertos, teatro, presentaciones… beneficiosas para los salmantinos y no un favor que se hace a las librerías. No todos los problemas del pequeño comercio se solucionan con subvenciones. A veces basta con dejarnos trabajar”.

Miguel Ángel Cortés, socio de La Nave y de 52 años, se erige portavoz de la “rabia, desconsuelo y cabreo” del ramo. “Hemos preguntado al Ayuntamiento qué intereses defienden y no nos responden”, comenta el charro, frustrado porque “sobreocupan” la plaza con actividades dispares, desde cortar jamones a pantallas para el fútbol, pero les limitan a ellos. Un concierto de hora y media en las fiestas patronales cuesta el triple que esta cita de 16 fechas, señala. “Llevamos cinco o seis meses preparando la Feria, no queremos tragar con ello, pero es un marrón, una brutalidad”, condena Cortés, recordando que 18 de las 20 participantes se han negado, ocho de las nueve asentadas en Salamanca. “¡Nos han intentado comprar con 10.000 euros!”, afea, importe total que se descontaría a los libreros con la última oferta consistorial, y expone que los tiempos de estancia en la plaza se reducirían con empresas solventes de montaje, pues últimamente el Ayuntamiento cambió de concesionaria y se prolongan los días. Las asociaciones de libro antiguo españolas e internacionales también han respaldado el plantón más allá de la amenaza, destaca García: “Estamos preocupados por qué nos va a pasar”. Tiendas como esta tienen en la Feria el 25% de sus ingresos anuales, un hachazo que compromete a muchos emprendedores en un ámbito de valor añadido como la cultura, asimismo muy castigado por el comercio virtual que nunca podrá igualar los consejos dados a unos universitarios que buscan unos antiquísimos manuales de Matemáticas de aspecto arcano.

 EL PAÍS

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