El arquitecto Pep Zazurca y la interiorista Mar Ruiz firman, conjuntamente, una casa a la medida de su primogénita y su familia
El arquitecto Pep Zazurca y la interiorista Mar Ruiz llevan décadas diseñando viviendas, oficinas y escuelas juntos. Su forma de trabajar revela cambios y aprendizajes. Además de ser socios profesionales, son pareja. Por eso, el trabajo que han hecho para su hija Andrea y su propia familia tiene tanto de legado como de reflexión. Para ellos han firmado una vivienda sostenible. Abierta y cerrada a la vez, es decir, cambiante como la vida. La casa no solo explica cómo multiplicar los metros cuadrados, algo habitual en su trabajo. También ilustra cómo construir de manera sostenible, cómo proteger una vivienda aislada. Y, sobre todo, cómo hacer un traje a medida a los habitantes de una vivienda sin que esta deje de ser un espacio flexible. Y reinventable. Veamos cómo lo han hecho.
La casa está envuelta entre dos porches. Es decir: tiene dos vidas; una matutina, orientada al norte, y la vespertina, hacia el sur, abierta en invierno y cerrada a cal y canto en verano. Por eso, porque se abre y se cierra completamente, no solo puertas y ventanas; las fachadas lo hacen, las caras son opacas, translúcidas. Paneles móviles de listones de madera construyen, en el sur, una doble fachada ventilada.

Sin sótano y con dos pisos, el interior es toda una lección de arquitectura. La primera planta es la zona de día. Todo está abierto, comunicado. Y por eso todos los espacios suman: la cocina, el comedor y el salón. Eso engrandece el espacio. Hay un aseo de cortesía, un office para lavado y la escalera de acceso al resto de la casa. La clave en esta primera planta está en esa suma: los espacios, al sumarse, se amplían. Es ahí donde entra un diseñador de interiores: sin dividir físicamente el espacio, consigue distinguir los usos con muebles, con colores o con libros que, además de encontrar su sitio, actúan de aislante acústico. La planta baja de la casa se abre, además, al porche. Es decir: se multiplica de nuevo. Ese espacio intermedio sirve para desayunar y cenar en verano. Pero también para calentar la vivienda en invierno.



La vida nocturna se recoge en el primer piso. Aquí el pasillo es un distribuidor no necesariamente cerrado: deja abierta una zona de juegos para los hijos. Y cada habitación es un retrato de su ocupante. Ha sido Mar Ruiz, la madre, suegra y abuela de quienes viven aquí, la que ha diseñado el orden de sus días. Así, aunque las tres habitaciones de los hijos son iguales de tamaño, el mobiliario, encargado a medida, retrata la personalidad de los chicos. Marta, estudiosa, cuidadosa, deportista y presumida, tiene un dormitorio empapelado de rayas azul marino. El resto es blanco, “limpio y luminoso como ella”. Fede, que es imaginativo y amante del Lego, tiene un mapamundi que ocupa toda la pared. Bárbara, la benjamina con personalidad arrolladora, tiene un dormitorio de princesa, “una bombonera en rosa de la que cuesta sacarla”, dice Mar Ruiz. Esta interiorista habla de arquitectura psicológica: espacios que fomentan actitudes.


El resto es arquitectura. La estructura está formada por paneles prefabricados de hormigón visto. Los forjados, entre las plantas, son placas alveolares que también quedan vistas. La intención principal del proyecto fue eliminar pilares y tener grandes espacios diáfanos. Los pavimentos son de hormigón pulido y piezas cerámicas.
Para la sostenibilidad, en las fachadas, las placas de hormigón están recubiertas de espuma de poliuretano por la parte interior. Y, entre las placas, hay un aislante clásico: lana de roca, que aísla tanto del frío como del calor. La cubierta también está aislada con planchas de poliuretano extrusionado. En la vivienda, un sistema de aerotermia se encarga de mantenerla a una temperatura razonablemente constante. El calor se crea mediante suelo radiante y el frío mediante conductos de aire. La aerotermia también sirve para producir agua caliente.

Hay más ecoeficiencia: las aguas pluviales se recogen en un depósito enterrado. Sirven para el mantenimiento de la casa y el riego del jardín. En la cubierta hay placas fotovoltaicas que minimizan el consumo eléctrico.
Más allá de la sustentabilidad, la organización, el confort y la relación con el lugar y sus habitantes, un tema clave en las viviendas aisladas es la seguridad. Esta casa tiene doble acristalamiento para cerrarse al exterior. También las aberturas, diseñadas para favorecer la ventilación cruzada, se protegen con listones de madera.
Así, estamos ante una casa eficiente y sostenible. Pero también cuidadosa, detallista, capaz de escuchar y proyectar la memoria y el conocimiento de los habitantes y de sus rutinas. Es un traje a medida con espacios libres, para dejar espacio al futuro.
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El arquitecto Pep Zazurca y la interiorista Mar Ruiz llevan décadas diseñando viviendas, oficinas y escuelas juntos. Su forma de trabajar revela cambios y aprendizajes. Además de ser socios profesionales, son pareja. Por eso, el trabajo que han hecho para su hija Andrea y su propia familia tiene tanto de legado como de reflexión. Para ellos han firmado una vivienda sostenible. Abierta y cerrada a la vez, es decir, cambiante como la vida. La casa no solo explica cómo multiplicar los metros cuadrados, algo habitual en su trabajo. También ilustra cómo construir de manera sostenible, cómo proteger una vivienda aislada. Y, sobre todo, cómo hacer un traje a medida a los habitantes de una vivienda sin que esta deje de ser un espacio flexible. Y reinventable. Veamos cómo lo han hecho.











