Eva Blanch (Barcelona, 1968) ha trabajado como directora de arte, diseñadora gráfica, fotógrafa y articulista hasta que en 2011 publicó Esto no está pasando en Ediciones B, pasando a Tusquets para publicar sus tres siguientes entregas novelescas: Corazón Amarillo Sangre Azul (2016), Ahora que te vas (2019) y ahora Urkinaona, terreno pantanoso del que sale más que bien parada, aunque en según qué aspectos, quizás con demasiados pocos arañazos pero incluso esto puede ser sometido a juicio y salir no culpable. ¿Recuerdan algunas lecturas de Patria que la tildaban de falsa equidistancia, de pasar de puntillas, de querer agradar a todos? Uno se teme reacciones parecidas, aunque es obvio que Aramburu es Aramburu, y el terrorismo vasco tiene poco que ver con el Procés, que de esto va Urkinaona.
Eva Blanch (Barcelona, 1968) ha trabajado como directora de arte, diseñadora gráfica, fotógrafa y articulista hasta que en 2011 publicó Esto no está pasando en Ediciones B, pasando a Tusquets para publicar sus tres siguientes entregas novelescas: Corazón Amarillo Sangre Azul (2016), Ahora que te vas (2019) y ahora Urkinaona, terreno pantanoso del que sale más que bien parada, aunque en según qué aspectos, quizás con demasiados pocos arañazos pero incluso esto puede ser sometido a juicio y salir no culpable. ¿Recuerdan algunas lecturas de Patria que la tildaban de falsa equidistancia, de pasar de puntillas, de querer agradar a todos? Uno se teme reacciones parecidas, aunque es obvio que Aramburu es Aramburu, y el terrorismo vasco tiene poco que ver con el Procés, que de esto va Urkinaona. Seguir leyendo
Eva Blanch (Barcelona, 1968) ha trabajado como directora de arte, diseñadora gráfica, fotógrafa y articulista hasta que en 2011 publicó Esto no está pasando en Ediciones B, pasando a Tusquets para publicar sus tres siguientes entregas novelescas: Corazón Amarillo Sangre Azul (2016), Ahora que te vas (2019) y ahora Urkinaona, terreno pantanoso del que sale más que bien parada, aunque en según qué aspectos, quizás con demasiados pocos arañazos pero incluso esto puede ser sometido a juicio y salir no culpable. ¿Recuerdan algunas lecturas de Patria que la tildaban de falsa equidistancia, de pasar de puntillas, de querer agradar a todos? Uno se teme reacciones parecidas, aunque es obvio que Aramburu es Aramburu, y el terrorismo vasco tiene poco que ver con el Procés, que de esto va Urkinaona.
Barcelona, octubre de 2019. Los días posteriores de la sentencia con la que el Tribunal Supremo henchido de estrógenos, hipérboles y cuitas pendientes, condenó a los líderes del Procés. En ese charco, se ha metido Eva Blanch. Que aún sigue siendo un charco, al menos en Catalunya. Así que lo primero, gracias por el arrojo, señora Blanch. Construir y hacer andar una novela coral, con protagonismo y verosimilitud son una de las muchas prestaciones que la autora ya había demostrado en otras novelas, pero aquí saca cum laude. A la decena larga de personajes los hace hablar y moverse, consigue que les dejemos espacio para explicarse y convencernos. A veces, Blanch nos hace sufrir por su novela porque los clichés están —el camarero gitano, la ejecutiva agresiva catalanofoba, la adolescente con skatter, el CDR romantizado…— pero la novela gana en enjundia y sensatez a medida que transcurre.
Estilo invisible, directo, limpio. El texto tiene ritmo, la batalla de Urquinaona está muy bien narrada, la mirada sobre los distintos prismas de la catalanidad consigue quitarse los hilos de marioneta. Hay una trama que enlaza a todos los personajes que importan en la novela a la manera de la ochentera Short Cuts de Altman. Urkinaona mejora mucho cuando los personajes adolescentes son abandonados a su particular novela juvenil y Blanch se mete a la novela social —la gente rica no es una parodia, tampoco la policía, algo menos el personal que no se dejó encantar por la fantasía indepe— y trata de mostrar el trencadís —perdón, no he podido evitarlo—de una sociedad estresada entre la propaganda, los sueños rotos y las hostias.
Si escribir es siempre decidir, hablemos de las decisiones de Blanch. Acertadísima que los personajes hablen catalán siempre. No se asusten aquellos que viajan a Roma porque el italiano es fácil de entender pero que les da un ictus cuando veranean en Tossa: Tusquets se ha dejado el jornal del corrector en notas a pie de página. Más decisiones: no hay políticos. No aparecen, no se mencionan. Ninguno. Tampoco los jueces ni los presos. Pero en la cirugía, Blanch ha amputado la política y eso es más discutible. Despliega el conflicto como un Barça-Madrid, como una pelea familiar o vecinal pero al quitarle la rabia, el odio, el sinsentido, la catalanofobia y el supremacismo moral, Urkinaona nos queda demasiado pulida y el lío, un Blocus a lo bestia.
Es probable que esa decisión de quitar el tuétano hooligan del Procés haya salvado la novela y nos permita acariciarla como el gato de casa, pero el Procés fue muchas cosas, entre ellas, un ejercicio de propaganda de unos políticos que mintieron a su pueblo y de los que aún esperamos que pidan disculpas. Un huracán que destruyó el catalanismo, un Estado que mandó a la policía con el “A por ellos”, la prioridad nacional aplicada al 50% del país. Eso está dicho en algún momento, pero no sentido por personajes a los que la autora como una Diosa buena, entiende, comprende y no juzga. Repito. Quizás eso salvó a la novela y la hizo una estupenda novela para ser leída por cualquiera. Quizás podamos seguir fingiendo que aquello fue una pelea de familia (herencias, distanciamientos, rencores, y niños dando vueltas alrededor de la mesa en Navidad), el material del que están hecho los sueños, las mentiras y las porras.












