El movimiento del océano trae consigo el murmullo vivo de las ideas en Ciudad de Panamá. La capital del país canalero se convierte desde este martes en un enorme escenario que acoge a decenas de escritores y periodistas y donde convergen caminos e historias en el Festival Centroamérica Cuenta. Lo que nació como un espacio de resistencia y diálogo cultural en Nicaragua se consolida hoy como la cita imprescindible para las letras de la región, un faro que no solo alumbra la ficción, sino que tiende puentes con el periodismo riguroso en tiempos de constante turbulencia. “La dictadura nos sacó de Nicaragua, pero lo que fue un acto de violencia contra la cultura, hemos sabido convertirlo en la oportunidad de crear escenarios paralelos en San José, Guatemala, Santo Domingo y Panamá y también en Madrid y Barcelona”, dijo el escritor Sergio Ramírez durante la inauguración del evento.
El encuentro de las letras centroamericanas se convierte en una cita clave para la literatura y el periodismo con más de 80 autores de Latinoamérica, Europa y Estados Unidos
El movimiento del océano trae consigo el murmullo vivo de las ideas en Ciudad de Panamá. La capital del país canalero se convierte desde este martes en un enorme escenario que acoge a decenas de escritores y periodistas y donde convergen caminos e historias en el Festival Centroamérica Cuenta. Lo que nació como un espacio de resistencia y diálogo cultural en Nicaragua se consolida hoy como la cita imprescindible para las letras de la región, un faro que no solo alumbra la ficción, sino que tiende puentes con el periodismo riguroso en tiempos de constante turbulencia.
La gran cita de las letras centroamericanas inició con un monólogo del peruano Santiago Roncagliolo, convertido en actor sobre el escenario del auditorio Herbert de Castro de la Ciudad de las Artes. Roncagliolo presentó su monólogo La pistola de mi padre, un relato íntimo y confesional en el que reflexiona sobre secretos familiares, el compromiso político de su padre, un activista de la izquierda radical, la ausencia paterna debido al exilio y los traumas hereditarios, que se empeñan en quedarse como cicatrices sobre la piel de la memoria familiar.
Con este diálogo personal cargado de humor, Centroamérica Cuenta marca el paso de una semana llena de actividades culturales, talleres, discusiones, conversatorios y música, porque no pueden faltar los ritmos tropicales en la tierra de Rubén Blades, invitado de honor de esta edición. El festival ha logrado transformar la capital panameña en el epicentro de una vibrante constelación intelectual, al reunir a más de 80 autores, creadores y pensadores provenientes de Latinoamérica, Europa y Estados Unidos, convocados a la orilla del Pacífico por el escritor nicaragüense y Premio Cervantes, Sergio Ramírez.
Las potentes olas del océano que lamen la tierra panameña borran las fronteras y hacen converger nacionalidades. Esta ecléctica delegación de autores convierte el encuentro en un crisol de voces, incluyendo las de las lenguas indígenas, que encuentran su hueco en una serie de conversatorios sobre su riqueza y la necesidad de protegerlas.
Las mesas de discusión y las lecturas programadas prometen abordar desde los desafíos de la libertad de prensa hasta las nuevas narrativas de la identidad y el exilio. La diversidad de los participantes garantiza que el diálogo no se quede en el ombliguismo regional, sino que converse de tú a tú con las corrientes literarias y los dilemas éticos que sacuden a Occidente.
El ambiente inicial de camaradería de esta ciudad de clima húmedo agobiante ha dado paso a una certeza compartida: contar la realidad, ya sea desde la trinchera del reportaje o desde la libertad de la novela, sigue siendo un acto de profunda valentía. Con más de 80 mentes dispuestas a confrontar ideas y compartir sus universos durante los próximos días, el festival arranca no solo como una celebración de la palabra, sino como un recordatorio de que, mientras haya historias que narrar, el pensamiento crítico mantendrá su vigencia.
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