El cuento ha sido, históricamente, una de las modalidades más recurridas y prestigiadas de la narrativa latinoamericana. Desde la primera mitad del siglo XIX, período de surgimiento de las literaturas de las nuevas naciones del continente, varios autores se entregaron al cultivo de esta forma artística que sirvió, en aquellos momentos, como vehículo de expresión del proceso de definición de las identidades nacionales. Particularmente incisivo fue el caso cubano cuando, en la década de 1830, siendo la isla todavía colonia española, se “programó” —es la palabra precisa— la escritura de relatos como vía de construcción de una imagen del país en formación.
El cuento ha sido, históricamente, una de las modalidades más recurridas y prestigiadas de la narrativa latinoamericana. Desde la primera mitad del siglo XIX, período de surgimiento de las literaturas de las nuevas naciones del continente, varios autores se entregaron al cultivo de esta forma artística que sirvió, en aquellos momentos, como vehículo de expresión del proceso de definición de las identidades nacionales. Particularmente incisivo fue el caso cubano cuando, en la década de 1830, siendo la isla todavía colonia española, se “programó” —es la palabra precisa— la escritura de relatos como vía de construcción de una imagen del país en formación. Seguir leyendo
El cuento ha sido, históricamente, una de las modalidades más recurridas y prestigiadas de la narrativa latinoamericana. Desde la primera mitad del siglo XIX, período de surgimiento de las literaturas de las nuevas naciones del continente, varios autores se entregaron al cultivo de esta forma artística que sirvió, en aquellos momentos, como vehículo de expresión del proceso de definición de las identidades nacionales. Particularmente incisivo fue el caso cubano cuando, en la década de 1830, siendo la isla todavía colonia española, se “programó” —es la palabra precisa— la escritura de relatos como vía de construcción de una imagen del país en formación.
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